Francisco, mándanos otros curas

Manuel Fernando González Iglesias

Conferencia episcopal tarraconense


Don Jesús era un santo, al menos para mí. Me bautizó en la parroquia de Santiago de las Caldas, de la que fue su alma y espíritu durante toda su vida. Tan solo nos falló un par de años, en los que se le ocurrió hacer de Misionero en la América de la miseria y el hambre. Volvió, y ya no nos dejó hasta el final de sus días.


Con la dictadura, llevaba a los obreros a la casa parroquial para que pudieran defenderse, mientras él visitaba a las beatas y las convencía para que, además de rezar, hiciesen obras de caridad en la parroquia sin que nadie las señalara como benefactoras.


Yo nunca le fallé, a las 9 de la mañana de cada domingo salía de casa disparado desde que cumplí los siete años para poder cantarle "a capella", desde del coro, la misa del párroco, que así se llamaba, hasta que me fuí a Madrid con doce años y tuve que dejarlo.


De aquel niño no queda ya nada, salvo el amor por la música y el sentido de la decencia que heredé de aquel santo varón que, como yo mismo, tenía un genio endiablado cuando se enteraba de alguna injusticia. En el aspecto físico, Don Jesús Pousa se parecía bastante al Cardenal que ahora se asienta en el Arzobispado de Barcelona.


Hoy me he leído la nota pastoral de los prelados de la Iglesia Catalana, como antes me enteré del manifiesto de los 300 curas pidiendo la independencia, o depués vi pedir por "los pobres presos" a un monje de Montserrat, haciendo una interpretación torticera de los santos Evangelios. Nada nuevo bajo el cielo y más de lo mismo en la tierra prometida. O sea, que Dios es catalán, y los católicos catalanes y no los judíos, son el pueblo escogido por Yahveh en su largo peregrinar hacia Ítaca.


Todo muy civilizado y sobre todo... pacífico. No tengo nada que reprochar, tan solo suplicarle al Papa Francisco que, sin dejar sin trabajo a todos estos hermanos en la fe, nos envie aquí a esta tierra de promisión unos cuantos Jesuitas, dominicos o religiosos de bien para que se ocupen de la fe de los altres catalans que nos enseñaron, con no pocas dificultades, nuestros padres y esos "otros curas", que nos decían que todos somos hermanos; y sobre todo para que también así podamos rezar por aquel hijo pródigo, como es mi caso, a los que un Juez independentista metió en la cárcel durante casi cinco años por una reyerta de bar, en la que no hubo ni muertos ni heridos, pelea por la que otro Juez de instrucción falló libertad con multa.


Lo digo para que cuando me pongan a parir, no me digan que escribo "sin fundamento de causa", que diría el cocinero Arguiñano.


Francisco, Santidad, majo, mándanos algo diferente a Catalunya, que yo con estos monseñores no vuelvo a pisar una iglesia ni aunque me concedan indulgencia plenaria. 

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