Entrevista a José Manuel del Río: "El chaval gallego de calle admiraba a Sito Miñanco y no a Baltasar Garzón"

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A Nacho Carretero le hubiese gustado La Marea Roja. Lo reconoce el autor de Fariña en el prólogo de esta obra que se acaba de presentar en Galicia. Una novela que tamén ha cosechado los elogios del juez Garzón. Entrevistamos a su autor, José Manuel Del Río -abogado gallego emigrado a Barcelona- sobre la Galicia de los 90. Hablamos de, entre otros temas, The Wire, del valor de las madres contra la droga y de lo que en realidad alimenta el narcotráfico.



Jose manuel del rio marea roja


La Marea Roja está siendo presentada la pasada semana por varias ciudades de Galicia. ¿Cómo está siendo la reacción del público?

Le sonará a tópico si digo que muy buena... Pues muy buena. Quizá hemos tardado más de lo que debiéramos en venir a Galicia a presentar la novela, pero lo importante es que ya estamos en nuestra tierra. No era lógico que el libro tuviese tanto eco mediático en Barcelona y Madrid, y aquí, en su escenario principal, el buen ritmo de ventas solo era por el boca a boca o por la recomendación del librero de turno. Ahora ha llegado la repercusión en la prensa gallega, tras algo más de un mes desde el lanzamiento y justo coincidiendo con la segunda edición. Así que no puedo estar más contento.


El autor de Fariña, Nacho Carretero, escribe el prólogo y ha elogiado la novela. ¿Cúal es su relación con Carretero? 

Nacho y yo nos conocíamos en aquellos finales de los noventa tan particulares de Coruña, estudiábamos BUP en el mismo centro. Siempre tuvimos buena relación, pero sin ser grandes amigos, su pandilla era bastante más tranquila que la mía. De hecho, le había perdido la pista. Entre las vueltas que he dado yo y las suyas, verlo en la solapa de Fariña fue una grata sorpresa. Por lo menos hacía quince años que no sabía nada de él. Le agradecí la sinceridad cuando lo contacté para contarle que mientras él publicaba Fariña yo estaba finalizando una novela sobre la misma temática: solo prologaría mi libro si le parecía muy bueno. Y se lo pareció y cumplió, además en la misma semana en la que le secuestraron su obra, con todo el ruido que se generó alrededor de su persona. Doble agradecimiento por ello.


¿Cómo le sientan los elogios recibidos de él y del juez Baltasar Garzón? 

En cuanto a Garzón, es una de esas situaciones extrañas en las que asumes lo poco que te pertenece el libro cuando sale al mercado. Llegó a sus manos a través de un trabajador de la editorial, y a las dos semanas se puso en contacto con ellos diciendo que le había encantado. Nunca pensé que a Garzón le gustaría el hardboiled... ahí tienes un titular. Por encima de su figura controvertida, su opinión la valoro porque es un personaje clave en la historia del narcotráfico gallego.


En el prólogo Carretro habla de un curioso concepto la "narcoatmósfera", ¿cómo percibía un chaval gallego el narcotráfico en aquella época, cuando mientras la Justicia empezaba a perseguir en serio a los antiguos contrabandistas, muchos los justificaban y algunos incluso los elogiaban, por ejemplo con el estribillo Sito Miñanco, preso político?

El chaval gallego de calle admiraba a Sito Miñanco y no a Baltasar Garzón. Era así, y el que te diga lo contrario te está mintiendo. En muchos casos esa opinión cambiaría con los años, pero por entonces tal era la narcoatmósfera. Todo el mundo se hinchaba como un pavo real cuando contaba que si conocía al uno o al otro, o al hijastro de tal, o que si este producto viene de aquel apellido... El relato oficial ha obviado esa realidad.


Carretero tiene problemas legales debido a lo que cuenta en el libro. Un juzgado llegó a ordenar su secuestro. ¿Recurrir a la ficción para retratar lo que sucedió en este país permite contar la realidad sin exponerse tanto a represarias de los que protagonizaron aquel tiempo?

En absoluto. Lo del temor no va conmigo; además, soy abogado penalista en Barcelona, como se imaginarás las veo de todos los colores para temer ahora represalias por un libro como el mío, que jamás juzga al narco o te dice lo que tienes que pensar respecto a él. Con el poco tiempo que tenía, para mí funcionaba mejor hacer una novela que meterme en el periodismo narrativo.


Al hilo de esto, David Simon, creador de la famosa serie de televisión sobre el tráfico de droga en Baltimore, The Wire, siempre explica que el era periodista, y escribió libros de no-ficción sobre el crimen, pero se dio cuenta más tarde que la ficción -en su caso los guiones- le permitieron hacer un retrato más realista de todo lo relacionado con este oscuro mundo y sus repercusiones, por ejemplo, en el campo de la política. ¿Qué reflexión suscita en usted esta argumentación?

Con esta pregunta me has ganado porque en mis presentaciones siempre cito a The Wire. Fui de aquellos afortunados que la vi en 2010 gracias a las emisiones de la BBC, que incluso subtitulaban a los propios afroamericanos (ojo, en Inglaterra). La primera parte de la novela desarrolla una historia parecida a la de Cutty, el hombre que sale de la cárcel de Baltimore tras catorce años preso y solo anhela una vida normal que deje atrás a su propio mito. Faulkner decía que la mejor ficción es más verdadera que el mejor periodismo. Puedes estar de acuerdo o no, pero yo no me atrevo a contrariar a Faulkner. Ni a David Simon. Dos genios. Creo que la novela es más atractiva para la gente que no quiere una enciclopedia de nombres y datos sobre una temática particular. Te llevas al lector a la Galicia de finales de los noventa, lo sueltas allí, y que observé lo que pasaba. Él mismo sacará sus propias conclusiones.


Ante el éxito de Fariña, Carmen Avendaño, presidenta de Érguete, fundación de madres contra la droga, ha llamado la atención del riesgo de convertir aquella época en Galicia en algo idealizado, en que los jóvenes vean a los narcos como héroes y no como delincuentes. ¿Cúal es su punto de vista sobre este argumento de un supuesto efecto llamada? ¿Cómo aborda el dolor que creó el tráfico de drogas en Galicia su novela?

Este es un tema complejo sobre el que tengo posiciones encontradas. El relato ha encumbrado, con lógica, la labor de estas madres; pero también hay que ver el componente irracional del propio relato. En los ochenta los jóvenes morían por la heroína que no era la mercancía de los grandes capos gallegos. Esa droga venía por tierra, estaba en otras manos, y por ejemplo en el País Vasco tienen sus propias teorías e investigaciones sobre quién colaboraba en su introducción en aquella época. Cantar "tabaco sí, droga non" da una idea de que lo que hacía falta era información. Se jugaron la vida delante de los narcos e inventaron los escraches por sus hijos. Se me ocurren pocas cosas más admirables. Sin embargo, no ha funcionado en cuanto a la narcocultura. En realidad, no lo ha hecho ninguna política prohibicionista.


En la presentación del libro, su editorial señala que "En 'La marea roja' el dinero lo mueve todo". También en The Wire se observa como el motor último del narcotráfico es la ambición, no sólo de los narcos. ¿Desde su experiencia como abogado, tiene el problema de las drogas una solución judicial/policial?

No, las soluciones judiciales y policiales han fracasado. Ni siquiera aspiran a cortar el problema, solo a parchearlo, también moralmente. "La prohibición de las drogas es un holocausto a cámara lenta". Lo ha dicho David Simon, por incidir en The Wire. El debate es gigantesco para abordarlo aquí, así que te puedo dejar una reflexión que no se suele hacer: hay mucha gente viviendo de la prohibición al uno y otro lado de la ley. La presión policial significa una demanda inelástica y un encarecimiento del producto. Ya no vendes la sustancia, vendes el riesgo que genera tener esa sustancia. Mañana, los narcos se dedicarían a traficar con cualquier otra cosa prohibida que fuese más lucrativa. Lo que sucede es que, de momento, no la hay. Dicho esto, que nadie interprete mis palabras como una apología de las drogas; nada me interesaría menos a estas alturas.


Esta es  su segunda novela. ¿En que se encuentra trabajando ahora literariamente?

Es mi segunda novela, Crónicas de un antisistema fue la primera. Una historia sobre una célula anarquista en la Barcelona actual. Ahora mismo no estoy trabajando en nada, mi mes para escribir es agosto. Solo estoy reconociendo un par de buenas ideas mientras me encuentro en esta vorágine de La Marea Roja y mi despacho de penalistas. Porque las buenas ideas no vienen de la inspiración, solo las reconoces. Y eso también es un talento. 

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