Iago Aspas reconquista un partido perdido

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El de Moaña, con un doblete, da la vuelta a un partido que el Celta perdía 0-2 al descanso. Maxi Gómez hizo el otro tanto celeste.


Aspas llora

Aspas celebra el 1-2 / Foto: RC Celta


Sangre, sudor y lágrimas. Muchas lágrimas se derramaron hoy sobre le verde de Balaidos en una de esas victorias que sientan precedente, que se cuentan con un “yo estaba ahí” y que sirven de salvavidas para todos aquellos que habían perdido la fe en este Celta de Vigo. La victoria por 3-2 al Villarreal insufla nuevos ánimos a los vigueses, que se quedan a solo un punto de la salvación, que vuelven a ver puerta cuatro partidos después y que tienen por fin al padre, al hijo y al espíritu santo de nuevo vestido de corto para obrar el milagro de la permanencia: Iago Aspas.


El encuentro tuvo dos partes claramente diferenciadas. La primera, donde la zaga celeste no dio pie con bola. Desastrosa, como lleva siendo toda la temporada, la defensa del Celta concedió dos goles que pusieron al Villarreal con una ventaja de dos tantos al descanso: primero con el gol de Ekambi a los diez minutos, tras un córner mal defendido y una segunda jugada en la que el Celta permitió a Mario Gaspar llegar hasta línea de fondo para servir en boca de gol el cuero al camerunés; luego con un contragolpe en el que Pedraza vapuleó a la toda la línea defensiva. Solo iban quince minutos de partido y Rubén se encargó de mantener a flote a los suyos hasta el descanso.


La reacción del Celta llegó tras el paso por vestuarios, cuando el equipo se encontraba ya a siete puntos de la salvación. Y llegó en forma de libre directo, botado por Iago Aspas, el auténtico héroe de la jornada. La zurda del de Moaña puso en el ángulo el esférico para hacer el 1-2 en el minuto 50.


A partir de ahí, el Celta empezó a creer en la remontada, al igual que la grada que comenzó a empujar y a alentar. Los gallegos dispuesieron de varias oportunidades, pero el acierto de Asenjo y los desaciertos de Boufal privaron a los locales del empate. Tuvo que ser Olaza, la feliz sorpresa de este partido porque el uruguayo, además de debutar, cuajó un sensacional partido el tiempo que le duró la gasolina, puso un gran centro al corazón del área que cabeceó Maxi Gómez al interior de la red, rompiendo su sequía goleadora que le duraba desde el choque ante el Rayo Vallecano en el mes de enero. El charrúa renació con Aspas a su vera.


Tras esto, el cuadro olívico fue a por todas y Brais rozó el gol con un tiro que solo un superlativo Asenjo supo atajar. Pero era tarde de milagros y el premio del Celta llegó en el minuto 86, cuando Víctor Ruíz cometió un penalti catedralicio que tuvo todo el suspense del mundo porque en un primer momento el VAR lo revisó por si Aspas estaba en fuera de juego. Una vez comprobada la pena máxima, ‘El Cid de Moaña’ asumió la responsabilidad y enfiló el punto de penalti. No fue su mejor ejecución, pero fue certera y puso el 3-2 en el marcador.


Un festejo inolvidable y a partir de ahí nervios, emociones y las lágrimas de Aspas en el banco, hasta que el pitido final desató toda la euforia contenida de un Iago que, como dijo ante los micros, solo él y su familia saben lo que han pasado. Pero afortunadamente eso ya es historia. Como este partido, digno de contar a los nietos. 

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