​Lo mejor y lo peor de la II Edición de ‘O Son do Camiño’

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El festival compostelano se despide por segundo año con un gran salto de calidad con respecto al pasado año pero con algunos aspectos a mejorar de cara  la próxima edición.


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O Son do Camiño reunió a miles de festivaleros en el Monte do Gozo


Música, bailes y sonrisas. Todo eso dejó esta II Edición de O Son do Camiño. El festival compostelano se ha erigido como uno de los principales atractivos de la ciudad y en uno de las principales citas musicales del verano. Pero, como siempre, hay aspectos que pulir y otros insuperables. Este año la edición estuvo marcada por cuatro gotas que calaron hasta los huesos en Rosalía, pero también por unas medidas de seguridad mucho mejores, un transporte más eficiente…y por una vergonzosa falta de respeto por el medio ambiente por parte de muchos asistentes.


LO BUENO

Nivelazo:

Ningún asistente al festival se marchó de Santiago con la cara larga. Los artistas dejaron imágenes para el recuerdo, como el tema ‘Where is the love?” de Black Eyed Peas que logró que todo el recinto se iluminase en una estampa inigualable. Lo mismo para Iggy Pop, David Guetta, Rosalía o Die Antwoord, también cabezas de cartel y capaces de conseguir que todos los asistentes vibrasen con sus temas, aunque hubiesen comprado la entrada para ver a otro.



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Todos los asistentes difrutaro con el nivel y calidad de los artistas


Pero lo mejor de todo es que el festival no se midió solo por sus principales nombres. Vetusta Morla, The Hives, Bastille o Ayax y Prok hicieron las delicias de los asistentes con actuaciones soberbias que no decepcionaron a nadie. Otros, como Familia Caamagno, Kitai, Cariño o Molina Molina fueron un gran descubrimiento para todos aquellos que se animaron a acercarse al festival en sus primeras horas. Por otro lado, apuestas seguras como Iván Ferreiro, Beret, Dimitri Vegas & Like Mike o Bad Gyal consiguieron reunir a un gran número de asistentes con actuaciones sobresalientes, cada una dentro de su estilo.


Transporte:

Quizá la nota más negativa del año pasado se vio compensada en esta edición. Apenas hubo embotellamientos a la entrada y salida del recinto. Todo fue mucho más ordenado y fluido. La seguridad imperó sobre la salida y entrada de los asistentes y las medidas de protección y seguridad evitaron muchos problemas.


Los agentes de tráfico, el despliegue de seguridad dentro del propio recinto y la colaboración de todos los espectadores lograron que los tres días se viviesen sin especiales sobresaltos. Aunque alguno acabó molido con tanto ir y venir desde San Lázaro hasta los escenarios, sin duda vale la pena la caminata siempre que el resultado sea este.


Del mismo modo, los autobuses siempre estuvieron al servicio del festival y el transporte de asistentes fue fluido en la medida de lo posible. Algunas colas para entrar y salir de los buses, pero nada que no se pudiese superar con un poco de paciencia. Además, tampoco se vivieron restricciones de tráfico importantes ni las principales vías de la ciudad sufrieron atascos salvo en momentos puntuales, por lo que en ese aspecto el festival fue todo un éxito.


Un futuro brillante:

Mención aparte merece la repercusión del festival. Con solo dos años de vida, ya se ha convertido en una cita ineludible para muchos amantes de la música, que marcan en rojo el mes de junio a la espera de la siguiente edición. Esto ha conseguido cambiar en cierta medida el modelo de turismo de la ciudad, que ve en esta clase de ofertas culturales un buen reclamo para que la gente descubra la capital gallega fuera del Camiño de Santiago.


Los hoteles y demás lugares para alojarse rozaron el lleno y los establecimientos hicieron caja con todos los asistentes que aprovecharon la visita para hacer sus compras y un poco de turismo mientras no empezaban los grandes conciertos. Sin duda este modelo reporta muchas alegrías al comercio y al sector servicios en una ciudad que necesita desestacionar su turismo. Lo bueno es que ya queda menos para el año que viene.


LO MALO

Artistas solapados:

Tanto viernes como sábado los asistentes tuvieron que estar por momentos más atentos a las redes sociales y a las pantallas del escenario principal que a los artistas. Los cambios de horario pusieron por momentos patas arriba la programación inicial, creando un poco de caos y desconcierto entre los festivaleros, que a veces no sabían quién iba a ser el siguiente en salir al escenario.


Ocurrió el viernes con Hard GZ, que terminó cerrando la jornada junto a ELYELLA, mientras Varry Brava pasó al horario destinado para Hard GZ. Lo mismo el sábado, aunque más caótico, porque Ayax y Prok sufrieron hasta dos cambios de hora. Primero pasaban de las 00:15 a las 02:40, y finalmente acabaron actuando de 00:50 a 01:50, prácticamente a la misma hora que David Guetta, uno de los platos fuertes del festival.


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La actuación de David Guetta coincidió con la de Ayax y Prok


En los dos días el festival aludió a “necesidades logísticas” para justificar los cambios de horarios y, al coincidir las actuaciones, los asistentes tuvieron que elegir entre ver a un artista u otro. Por otro lado, cabe destacar que al margen de los retrasos, las actuaciones se desarrollaron sin mayores problemas.  


La basura:

Seguramente sea un punto en el que la organización del festival no pueda hacer mucho más, pero es una lástima ver las cantidades ingentes de basura que se encontraban en las inmediaciones del recinto. Botellas de cristal, latas, bolsas de basura, cartones… kilos y kilos de residuos que quedaban tirados en medio de la carretera, en las cunetas o directamente entre la maleza.



Un espacio privilegiado como es el Monte do Gozo quedó ensuciado por culpa de la dejadez de los asistentes, que ni se molestaron en acercarse a los cubos de basura y contenedores repartidos por toda la zona. Dentro del recinto, desgraciadamente, el panorama no era mucho mejor, especialmente en la zona de los puestos de comida. Los contenedores habilitados estaban siempre desbordados y los envoltorios y cartones acaban siempre en el suelo. Lo mismo se podría decir del confeti que lanzaron algunos artistas como David Guetta, que si bien dan colorido al espectáculo, luego resultan bastante perjudiciales para el ecosistema.


No puedo hacer referencia a la zona de acampada, pero confío en que los campistas fuesen los suficientemente cívicos como para dejar todo recogido y evitar que sus residuos terminen en la naturaleza. Ya no solo en los festivales, también en todos los aspectos de la vida, la gente tendría que ser un poco más consecuente con sus desperdicios.


Por otro lado, hay que poner en valor la campaña ‘Ven #DarALata’ del festival, que promovía el reciclaje y a la vez animaba a los asistentes a votar a su artista favorito.  


Los aparcamientos:

Si bien el transporte público fue una gran noticia, como ya hemos mencionado, muchos asistentes iban y venían en su coche particular. La gran cantidad de personas dejó pequeño el Estadio de San Lázaro, que recordó por momentos a sus grandes citas en la élite del fútbol nacional allá por los 90.


A muchos, especialmente aquellos que no tienen mapeada la ciudad, les costó mucho encontrar un sitio donde dejar su coche sin tener que comerse una hora andando. Si el año pasado los “leira parking” fueron el oasis para muchos conductores, este año fue mucho más complicado conseguir una buena plaza. Sin duda será complicado encontrar sitio para todos estos automóviles, pero si el festival sigue creciendo a este ritmo, es posible que haya que buscar alternativas para albergar a tanta gente. 

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