Sánchez no se fía de Iglesias, y…¿quién se fía de Sánchez?

Manoel Barbeitos
Economista

Tiene razón la entrañable y valiente alcaldesa de Barcelona Ada Colau cuando se queja amargamente del trato despectivo que los dirigentes del PSOE mantienen en relación a los respectivos de  UP. Tiene razón y la prueba la tenemos en las formas y en los fondos de los argumentos utilizados por Pedro Sánchez y sus compañeros de dirección (PSOE) para intentar convencer la ciudadanía de que una alianza formal PSOE-UP ni es posible ni deseable.


Uno de los últimos argumentos utilizados por Sánchez y sus compañeros del PSOE (llevan tantos y tan dispares que ya perdí la cuenta) para justificar la negativa a un gobierno de coalición con UNIDAS  PODEMOS es lo de que no se fían de UP. Que ni Iglesias ni UNIDAS PODEMOS son socios fiables. La verdad es que desde que se celebró la moción de censura no pasó un día sin que Sánchez y su partido (PSOE) no nos hayan sorprendido con el algún argumento nuevo que, casi siempre, desmiente argumentos anteriores. Argumentos diferentes pero siempre con el mismo objetivo: poner palos en la rueda a cualquier tipo de alianza PSOE-UP. Por todas estas razones cada vez hay menos dudas de que en ningún momento entró en la estrategia del PSOE formar un gobierno de coalición con UP. Desechada la posibilidad de un gobierno coalición tampoco quieren llegar a ningún tipo de alianza o acuerdo por lo que su táctica se dirige la  culpabilizar a UP de tal imposibilidad.


Las razones políticas de fondo para este tipo de maniobras, auténticamente  tramperas y poco edificantes, hay que buscarlas en las evidencias históricas. El PSOE siempre se caracterizó por ser un partido que frente a un discurso socialdemócrata tiene luego, cuando gobierna, una práctica  socioliberal. Lo mismo sucederá ahora y por tal razón en ningún momento se la plantea ya no formar coalición con partidos su izquierda como, por caso, UNIDAS PODEMOS, sino tampoco firmar cualquier tipo de alianza.


Varias son las razones que explican esta estrategia. El PSOE, especialmente desde la época de Felipe González, es el partido de los grandes bancos y  oligopolios  españoles (he ahí sus prácticas de puertas giratorias) quienes, de  ninguna forma, quieren ver a UNIDAS PODEMOS en el gobierno. El PSOE, a pesar de las declaraciones de sus dirigentes y portavoces está, hoy por hoy, alineado en la senda neoliberal que con mano férrea impone  Alemania en Europa y que tiene la Comisión Europea y el Banco Central como ejecutores. El comportamiento y el  alineamiento de Pedro Sánchez en las recientes reuniones de las cumbres europeas así lo evidencian. Una evidencia que ya la tuvimos luego de la moción de censura cuando su gobierno (PSOE) dejó sin aplicar la mayoría de las promesas hechas relativas las políticas públicas progresistas.


Pero para poder llevar adelante, sin sobresaltos, esta estrategia, el PSOE precisa construir un escenario político semejante al que tuvo Felipe González durante los años ochenta. Un escenario en el que las posibles opciones de izquierda, en este caso UNIDAS PODEMOS, estén muy debilitadas y lo mismo suceda su derecha, mayormente en el centro que en este caso ocupa(ba) CIUDADANOS. Un escenario que le permita ocupar en exclusiva la centralizad del espacio político y que no tenga una oposición fuerte en la izquierda. Escenario que pasa por debilitar la UNIDAS PODEMOS y, también, a CIUDADANOS, aunque en este caso ya  Rivera parece quererles hacer el trabajo.


Y en este objetivo, que cuenta con el apoyo de la mayoría de medios altavoces, andan ocupados los dirigentes del PSOE. Sin preocuparles utilizar los argumentos más sucios y mentirosos. Pero estos políticos parecen olvidar que no estamos en los años ochenta. Que los tiempos cambiaron mucho y que lo que fue posible en ese período puede resultar imposible en la actualidad. Más aún, que tal tipo de maniobras pueden dar lugar a resultados inesperados como, por caso, que las derechas (PP, Cs, Vox) recuperen el poder antes del previsto. Y que en cuyo caso es más que probable que la ciudadanía nunca se lo perdone.


No obstante es bien cierto que la última palabra la tienen siempre los ciudadanos con sus votos.  Unos ciudadanos que, segundo señalan los estudios más fiables, tienen una percepción de los representantes públicos cada vez más negativa consiguiendo en la actualidad niveles de  record.

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