El manto de Penélope

Manoel Barbeitos
Economista

En un artículo anterior señalaba como el resultado de las elecciones del 10N había puesto en evidencia que aquellas no eran necesarias. Debo ahora, sin embargo, hacer algunas matizaciones oportunas después de analizar al por menor los resultados.


Finalmente las elecciones del 10N sí fueron necesarias para que Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (UP) por fin atiendan a lo que era un mandato mayoritario de sus votantes: trabajar a destajo por la construcción de un gobierno de izquierdas nucleado en torno a alianza PSOE-UP y que cuente con apoyo parlamentario suficiente.


Mandato que ahora, luego de las elecciones del 10N, será mucho más difícil de cumplir. El nuevo escenario parlamentario viene a dificultar más la consecución de tal objetivo. Dificultades a las que hay que añadir la confirmación de un hecho preocupante, que ya había señalado en el artículo anteriormente citado, como es la confirmación del bajo perfil político de los actuales dirigentes de la izquierda española (PSOE, UP). ¿Cómo sino explicar que en menos de 24 horas, y luego de los continuos entresijos, descalificaciones mutuas, declaraciones contradictorias, estos dirigentes, sin consultar ni siquiera a sus compañeros de dirección, acuerden formar un gobierno de coalición sin especificar ni programa ni apoyos parlamentarios? Por caso, ¿ahora Pedro Sánchez “ya puede dormir tranquilo” teniendo de socio a  UP? Y Pablo Iglesias, ¿“ya se fía de Pedro Sánchez”?


Estas evidencias hacen temblar por el futuro del gobierno de coalición. Un gobierno que, de consumarse, precisaría de políticos con altura de miras y capacidad política demostrada lo que, desgraciadamente, no es el caso. Mucho mas sí tenemos en cuenta que los problemas que tiene España y sus pueblos –vivimos la mayor crisis social de la democracia- exigen de grandes y profundas reformas que reviertan las políticas neoliberales y empoderen las clases populares. Reformas más necesarias y urgentes porque, como ya señalamos en algunos medios, estamos a las puertas de una nueva crisis, una crisis que puede ser terminal para el neoliberalismo capitalista. Coyuntura que, por tanto, precisaría de dirigentes políticos de nivel, no de políticos que, como Penélope hacía con su manto, lo que construyen por el día  lo deshacen por la noche.


Por sí esto no fuese suficiente las nuevas elecciones generales trajeron cambios, de los que apenas se habla, pero que serán decisivos. Por caso a nueva composición del Senado una cámara cuyas decisiones serán imprescindibles (Arts. 90, 149, 167 y 168 de la Constitución Española) para los cambios y reformas que precisa España algunos de los cuales afectan la propia Constitución Española. Cambios que sí antes de las elecciones del 10N, con mayoría socialdemócrata en el Senado, eran posible, ahora con la nueva composición del mismo serán  mucho, pero mucho más difíciles de llevar adelante por mor de las alianzas obligadas.


Finalmente está el conseguir esa mayoría parlamentaria necesaria (Art. 99.3 de la Constitución Española: mayoría absoluta en la 1ª votación,  mayoría simple en la 2ª votación) que ahora está más difícil. No solamente por la mayor pluralidad parlamentaria –¿cuál va ser el argumento político que aglutine una mayoría tan plural?- sino por los hechos ocurridos entre ambos en dos convocatorias electorales. El juicio a los dirigentes políticos independentistas, que tuvo lugar entre las dos convocatorias electorales –otra torpeza de Pedro Sánchez- y la durísima sentencia del Tribunal Supremo hacen más difícil la incorporación a mayoría parlamentario de los partidos nacionalistas PNV y ERC, especialmente de este último. Será necesaria mucha altura de miras, mucha “finezza” política y también, por caso, que el PSOE recupere su alma histórica, aquella que defendía la estructura federal de España. No menos necesario será que ERC entienda que el actual escenario político es mucho más favorable para sus aspiraciones que lo que, con toda seguridad, se daría luego de unas nuevas elecciones generales. Los partidos nacionalistas periféricos deberían entender que, posiblemente, estemos ante la crisis terminal del bipartidismo dinástico español, lo que exige de ellos un paso adelante en el Gobierno de España. Y esto significa entenderse con el PSOE y UP.


¿Seguirá  Penélope cosiendo y descosiendo su manto para desesperación no solo de la mayoría de lo que votan a PSOE y UP sino para todos los votantes de izquierdas? Que  Penélope no siga esperando a Odiseo porque de esta vez no vendrá.

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