​Una campaña donde no se habla de programas

Carmen P. Flores

Urna diputados


Las elecciones catalanas se han convertido en un cruce de acusaciones entre los partidos políticos. Que si unos son unos franquistas, que si el bloque independentista, aunque se pelean entre ellos, el 22D pueden negociar un nuevo pacto si los resultados les acompañan. En el otro lago, el bloque constitucionalista, tampoco se entienden entre ellos, y en medio de los dos bandos, el partido de Colau& Domenech dice tener la llave para la formación del nuevo gobierno. Lo temerario del tema, es vender la piel del oso antes de cazarlo.


Las acusaciones cruzadas de todos contra todos para arañar votos de sus rivales más próximos, está llevando a la ciudadanía la impresión de que se habla de todo, menos de los que realmente interesa a los ciudadanos: resolver los graves problemas que se vienen acumulando desde hace ya unos cuantos años con el tema de la independencia camuflada bajo el nombre del derecho a decidir o "procés".


Los argumentos esgrimidos por unos y otros se puede resumir en "si no me votas a mí, vendrán los otros" entendido como los otros, la certeza de que traerán las sietes plagas de Egipto.


Estas elecciones son diferentes, porque están en juego muchas cosas, pero la más importante la imposición de la ruptura con España por los independentistas, en parte, por la dejación- no ir a votar- de la defensa de los intereses de la otra parte de los catalanes que piensan que el tema no va con ellos. Se equivocan quienes piensan así: el modelo sanitario, la educación, la atención a la gente mayor, a los discapacitados, el trabajo, la cultura, las infraestructuras, los modelos territoriales, todos ellos afectan a la ciudadanía y de qué manera. De estos temas poco se habla, cuando deberían ser las prioridades de los partidos políticos que concurren a estos comicios y que diferencia a un partido de otro. ¿O es que la ideología ha muerto?.


Por eso, una alta participación va a hacer posible, o no, que gobierne un partido u otro, o mejor dicho, una coalición, porque también en Catalunya, las mayorías absolutas se han ido al Caribe de vacaciones, por suerte. Al final quien consigue gobernar solo, se cree el dueño de todo y al final se convierten en verdaderos caciques, que nada tienen que ver con una auténtica democracia.


Si los resultados van a ser tan ajustados, si no hay acuerdos, el fantasma de una nuevas elecciones está ya ahí. Sería un fracaso político, un gasto innecesario que no puede permitírselo Catalunya y significaría más incertidumbre. En estos últimos días de campaña, que los candidatos deben hablar más de sus programas y dejar de un lado las acusaciones mutuas.


Artículo publicado originalmente en Catalunyapress.


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