¡Qué poco dura la alegría en casa del “pobre”!

Carmen P. Flores

Hay un refrán popular que dice: “Qué poco dura la alegría en casa del pobre”. Esto se podría aplicar a la situación que se está viviendo en el episodio del choque de trenes, con el resultado de 45 personas fallecidas y un buen número de heridos, algunos de ellos graves, que continúan hospitalizados.

 

Los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP —el primero gobernando en España; el segundo, haciendo lo mismo en la comunidad andaluza— habían tenido un comportamiento ejemplar (como debe ser), al coordinarse y trabajar conjuntamente con el único objetivo de ayudar a las personas afectadas: heridas y fallecidas, así como atender a las familias. Un trabajo que parecía que iba a seguir así, al menos, hasta que los enfermos salieran del hospital y los fallecidos recibieran sepultura. Pero ya se sabe que siempre hay alguien que lo estropea en ese afán de protagonismo personal.

 

Cuando ya había decidido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de Andalucía, Juanma Moreno, llevar a cabo un funeral de Estado en Huelva, provincia de procedencia de la mayoría de los afectados —acto que creo que es bueno—, aparece la “artistiña” de la política “nacional” y aspirante a ocupar el palacio de la Moncloa, Isabel Díaz Ayuso (la que siempre se carga a sus jefes), pasando de su compañero de partido, incluido el presidente andaluz, y adelantaba en una entrevista radiofónica que había enviado una carta al arzobispo de Madrid para que se oficie un funeral en la catedral de La Almudena en memoria de las víctimas del accidente ferroviario.

 

Al elegir la catedral, según la presidenta madrileña, “representaría un testimonio de condolencias y solidaridad en nombre del conjunto de todos los españoles, no solo los madrileños”. Lo ha dicho, se ha quedado mirando a La Almudena y al funeral de Estado, pisoteando a Sánchez, Moreno y hasta al propio Feijóo.

 

Ayuso es Ayuso, perdón, con permiso de Miguel Ángel Rodríguez, su mentor y mente diabólica que le inyecta esa mala leche que hace tiempo le acompaña. Pasa de su partido y de sus dirigentes, y hasta de su propia comunidad. Ella tiene una idea: ser presidenta del Gobierno de España y, paralelamente, presidenta del PP, quitándose de en medio al presidente de su partido, al que en más de una ocasión ha intentado dejar en ridículo. De los problemas de Madrid habla poco; ella lo hace de España, critica constantemente a Pedro Sánchez y, desde hace un tiempo, ha intensificado sus relaciones “internacionales” con viajes oficiales, algunos de ellos participando en mítines de candidatos afines a sus ideas. Desde 2021 hasta 2025, Ayuso ha viajado cinco veces a los Estados Unidos.

 

Es que la internacional y solidaria presidenta de la Comunidad de Madrid ha trazado (perdón, Rodríguez) una agenda internacional que no tiene nada de casual: Argentina, Israel y México (donde gobierna la derecha liberal). Estos tres países, cuyas relaciones con el Gobierno de España no es que sean muy buenas, más bien mantienen un enfrentamiento (con México se están suavizando). La solidaridad de Ayuso con el Gobierno de su país es máxima, como se puede ver. Claro, teniendo en cuenta lo que hace con su presidente Feijóo, no se puede esperar otra cosa de la patriota madrileña. No sé quién dijo que “el idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla”. No hace falta decir lo que es Ayuso: por sus acciones la conoceréis.

 

No sé lo que puede opinar el presidente Moreno de la intromisión de su compañera, que es una persona prudente, pero mucha gracia no le habrá hecho. Un funeral de Estado, como su nombre indica, representa a todos. Es allí donde pueden estar todos/as, incluida Ayuso. Lo que está haciendo es romper el clima de consenso en una situación donde la unidad es importantísima. Ella lo que quiere es tener protagonismo, aunque sea en una situación como esta. Lamentable, lo mismo que Abascal y sus muchachos, que siempre que pueden han de dar la nota tratando de sacar rédito político del choque de trenes. Ya lo decía Immanuel Kant: “El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”.

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