El rearranque en Alcoa San Cibrao se completó "de manera exitosa" en un momento de crisis del aluminio
Los bombardeos en el Golfo Pérsico obre grandes empresas productoras de aluminio dirigien la mirada a factorías como la lucense.
La fábrica de aluminio de Alcoa en San Cibrao, en el municipio lucense de Cervo, volvió a operar al cien por cien de su capacidad de electrólisis el pasado martes 7 de abril. Ese día quedó conectada la última de las 512 cubas del complejo, poniendo fin a un proceso de reactivación que arrancó en enero de 2024 tras más de dos años de hibernación controlada. La propia compañía lo calificó este miércoles de hito completado de forma segura y exitosa, y destacó el nivel de compromiso y profesionalidad mostrado por la plantilla a lo largo de todo el proceso.
La multinacional y su socio en la empresa conjunta, Trento EQT —anteriormente denominado Ignis EQT—, confirmaron en un comunicado que el rearranque cumple además una parte clave de los compromisos recogidos en el acuerdo de viabilidad firmado con los trabajadores. El presidente del comité de empresa, José Antonio Zan, ya había adelantado el martes que la reactivación se había completado en los plazos estimados para esta última fase, con lo que el complejo recupera la producción de aluminio primario en su totalidad, incluyendo las 35 cubas que ya estaban paradas antes incluso de la hibernación de 2022.
UN HITO CON SOMBRAS
Sin embargo, el júbilo tiene matices importantes. La reactivación llega con seis meses de retraso respecto al calendario pactado en el acuerdo de viabilidad, que establecía que el cien por cien de las cubas debía estar operativo en octubre de 2025. El principal responsable de ese aplazamiento fue el apagón eléctrico que dejó sin suministro a toda España el 28 de abril de 2025.
Aquella interrupción, que se prolongó durante horas, provocó que el aluminio solidificase en 27 cubas. Alcoa alegó entonces causas de fuerza mayor para detener el proceso, una decisión que el comité cuestionó jurídicamente por considerar que esa calificación corresponde a la autoridad laboral y no a la empresa. El rearranque no se retomó hasta mediados del verano pasado.
Pero más allá del retraso, el comité califica este rearranque de hito agridulce, porque mientras la electrólisis recupera su plena actividad, la planta de electrodos permanece paralizada, prácticamente desmantelada tras demolerse el antiguo horno para dejar espacio a uno nuevo que nunca llegó a instalarse.
La consecuencia es que los ánodos necesarios para producir aluminio tienen que importarse desde China, llegando por barco al puerto de Vigo para luego ser transportados en camión hasta San Cibrao, en lo que el comité calcula como unos 5.700 trayectos anuales.
EL HORNO DE ÁNODOS, LA GRAN ASIGNATURA PENDIENTE
La ausencia del horno de cocción de ánodos es, para los representantes de los trabajadores, la principal amenaza sobre el futuro de la planta. El presidente del comité ha querido diferenciar entre el rearranque y el porvenir del complejo, subrayando que son dos cuestiones distintas.
Zan ha urgido a la empresa a aprobar los fondos para construir el horno cuanto antes, advirtiendo de que si en 2026 no se inician los trabajos preparatorios, la situación podría volverse muy grave, dado que este tipo de obras requieren al menos tres años de planificación previa.
El comité también ha denunciado judicialmente varios incumplimientos del acuerdo de viabilidad, entre ellos precisamente la falta de esta inversión, considerada la más relevante de las contempladas en el pacto. Los representantes de los trabajadores han reclamado reiteradamente que los gobiernos central y autonómico obliguen a Alcoa a ejecutar tanto las obras del horno de ánodos como las relacionadas con la ampliación del depósito de barros rojos, infraestructura clave para prolongar la vida de la planta de alúmina.
EL PESO DEL COMPLEJO EN A MARIÑA
La planta de San Cibrao es una de las industrias más relevantes de la comarca de A Mariña lucense y uno de los complejos de producción de aluminio primario más grandes de Europa. Su hibernación en 2022, motivada por el disparado precio de la electricidad, generó una enorme inquietud social y laboral en la zona, que se tradujo en movilizaciones, protestas y encierros.
El acuerdo firmado entonces con los trabajadores preveía protección laboral e inversiones a cambio de paralizar temporalmente la producción, un pacto cuyo cumplimiento sigue siendo objeto de controversia entre la empresa y el comité.
La reactivación completa de la electrólisis representa, al menos, el regreso a la normalidad productiva que la comarca lleva años esperando. Si los compromisos pendientes —especialmente el horno de ánodos— terminan materializándose, será la diferencia entre un futuro industrial para A Mariña o la consolidación de una vulnerabilidad estructural que el comité lleva meses poniendo sobre la mesa.
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