Transfuguismo y piratería política

Manoel Barbeitos
Economista

La nueva alcaldesa de Lugo, Elena Candia.
La nueva alcaldesa de Lugo, Elena Candia.

 

El transfuguismo es el fenómeno por el cual los concejales que fueron elegidos en una lista de una formación política traicionan a las susodichas siglas durante el mandato corporativo, apoyando al grupo político contrario o firmando mociones de censura contra la formación política con la que concurrieron a las elecciones.

 

Lo sucedido el pasado día 7 de mayo en el ayuntamiento de Lugo fue un claro acto de piratería política, pues supuso robarle a la ciudadanía lucense su derecho a decidir quién quiere que gobierne el ayuntamiento, como es menester en una democracia. Porque en las elecciones locales celebradas el 28 de mayo de 2023 el resultado fue el siguiente: el Partido Popular con el 43,6% de los votos consiguió 12 concejales, el PSdeG-PSOE con el 27,6% alcanzó 8 y el BNG con el 20,03% sacó 5, para un total de 25 concejales. Con este resultado ningún partido tenía la mayoría suficiente para gobernar en solitario, por lo que eran precisas alianzas. Unas alianzas que tuvieron su formalización en el acuerdo entre el PSdeG-PSOE y el BNG, que juntos sumaban 13 concejales, de tal manera que les daban la mayoría suficiente para gobernar, y que venía avalada por el 47,63% de los votos. Una alianza natural tanto por razones político-ideológicas como de tradición histórica.

 

Dada la aparente solidez del pacto político (PSdeG-BNG) parecería que el gobierno local tenía garantizada la legislatura. Un gobierno que, aunque experimentó cambios en su composición interna —abandono de la titular de la alcaldía para su incorporación al Parlamento gallego y muerte de 3 concejales: todos miembros del PSdeG—, estos no modificaron el escenario político, que seguía dominado por la mayoría que sumaban PSdeG y BNG —13 concejales—. Un escenario que solo un acontecimiento político excepcional podía cambiar. Un acontecimiento político excepcional como podría ser el “transfuguismo” y que resulta que en Galicia no lo es tanto. Así, una concejala recientemente incorporada al grupo municipal del PSOE se “transfuga” al PPdeG, avala una moción de censura y permite que este partido ascienda a la alcaldía aun cuando la votación popular no le hubiera otorgado esa posibilidad. De ahí que defina como piratería política jugadas como la que acaba de tener lugar en el ayuntamiento de Lugo porque, una vez más, se quiebra el sistema representativo democrático y se incumple la voluntad de los representados libremente expresada en las elecciones locales. Una vez más se repite una conducta que en las últimas décadas abrió la puerta a la corrupción política.

 

Un acto de piratería que saca a la luz ciertas prácticas políticas que desnúdan a no pocos partidos y que hacen mucho daño a la democracia. Porque pone en evidencia que para el PPdeG lo prioritario es la conquista del poder sin importarle las formas y los modos políticos. Sin importar, por ejemplo, no respetar los propios estatutos en los que, atendiendo a un pacto suscrito en el año 1998 entre las principales fuerzas políticas —https://mptmd.gob.es/content/dam/mpt/politica-territorial/local/sistema_de_informacion_local_-SIL-/comision_de_seguimiento_del_pacto_antitransfuguismo/Acuerdo98.pdf— se condena el transfuguismo y se le promete a los ciudadanos combatirlo. Sin importar tampoco ni la imagen que de la lucha política se refleja entre la ciudadanía ni el daño que se hace a la ya baja credibilidad de los partidos lo que, como estamos viendo, abre la puerta al auge de las fuerzas antidemocráticas y antisistema.

 

Tampoco el PSdeG-PSOE sale bien parado, no solo porque pierde la alcaldía, sino porque no es ajeno a las operaciones de transfuguismo, aunque en menor escala, y así podemos echar la vista atrás para ver lo sucedido en algunos ayuntamientos gallegos en los últimos meses cuando aquel partido consiguió la alcaldía gracias al apoyo de concejales tránsfugas de otros partidos. No sale bien parado el PSdeG porque estos casos también ponen en evidencia que se convirtió en un partido político sin principios ni ideología sólidos, de tal manera que no pocos de sus cuadros parecen incapaces tanto de distinguir entre la ideología socialdemócrata y la socioliberal como de repudiar la corrupción.

 

Pero no debería extrañarnos que sucedan hechos políticos de esta naturaleza. Así basta, por ejemplo, con echar una mirada a los programas municipales de prácticamente todos los partidos políticos gallegos para comprobar cómo ninguno de ellos presenta alternativas consistentes a los problemas que, hoy en día, esconden los ayuntamientos y que van desde la dimensión territorial a la hacienda municipal, pasando por el urbanismo, el medio ambiente, el bienestar social y la participación ciudadana. Unas evidencias que demuestran cómo los grandes partidos políticos circulan con las luces cortas, muy cortas, creando así un escenario político en el que prácticas despreciables como el transfuguismo y la corrupción dejan de ser excepcionales para ser demasiado frecuentes. Las evidencias están ahí.

 

 

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