Se me abren las carnes, como diría el gran Pedro Almodóvar, escuchando al señor Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, defender lo que las extremas derechas españolas denominan prioridad nacional. Se me abren las carnes cuando pienso en qué habría sido de los cientos de miles de gallegos y gallegas que tuvieron que emigrar (“eu vou polo mundo, pra ver de gañalo”) si en los países de destino (Latinoamérica, Europa) les hubiesen aplicado esa política de la prioridad nacional, que es propia de gobiernos y partidos políticos que defienden el racismo, la xenofobia y los apartheids.
Volviendo a las declaraciones de Alfonso Rueda, cabe señalar que detrás de las mismas hay una clara intencionalidad política. Algunas encuestas recientes apuntan a que en Galicia está creciendo el apoyo a Vox, de modo que en unas hipotéticas elecciones autonómicas entrarían en el Parlamento gallego, lo que iría en claro perjuicio del PPdeG, que perdería la mayoría absoluta. Una perspectiva que, seguramente, preocupa a estos últimos visto lo que le está pasando al PP en Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha. Se trataría, por tanto, de quitarle agua a la extrema derecha asumiendo parte de sus postulados, como este de la prioridad nacional.
Hay también un fundamento ideológico. Las derechas extremas europeas defienden la prioridad nacional basándose en una serie de premisas falsas, auténticos dogmas, tales como que los inmigrantes les roban los empleos a los autóctonos, deterioran el estado de bienestar, crean inseguridad y hacen crecer la delincuencia, entre otros. Mantras fáciles de desmentir en base a las evidencias, pero que alimentan el racismo y la xenofobia.
Los inmigrantes no les roban los empleos a los nativos, sino que vienen a cubrir aquellos que estos no quieren. Basta con echar un vistazo a la hostelería, a la construcción, a la ganadería y/o a la atención a los mayores para ratificar lo que apunto. Una dinámica laboral que, por ejemplo, permite que Galicia, como sucede prácticamente en toda España, esté en cifras récord de empleo. Una situación que colabora a que se incrementen los ingresos de la Seguridad Social y, con ellos, los fondos públicos para el pago de las pensiones. Asimismo, en Galicia, una comunidad muy envejecida, los inmigrantes ayudan a cubrir déficits en funciones públicas de bienestar, como sucede con la atención a los mayores. Los inmigrantes estarían así ayudando a fortalecer el estado de bienestar.
La presencia creciente de inmigrantes en Galicia no está suponiendo que crezca la inseguridad y la delincuencia, uno de los mantras más utilizados sobre la inmigración. A pesar de los bulos que políticos y medios de comunicación de derechas siembran sobre los inmigrantes como “delincuentes, violadores y drogadictos”, las evidencias demuestran lo contrario. Basta con analizar la relación en estos últimos años entre el aumento de la inmigración y los índices de delincuencia para comprobar cómo en Galicia esta relación no se da. Incluso diría que hay una relación inversa, con menores índices de criminalidad en las villas y barrios con inmigrantes.
Galicia no es xenófoba ni racista a pesar de las manifestaciones y conductas de políticos y medios de comunicación irresponsables. Bienvenidos sean los inmigrantes y las inmigrantes.
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