Galicia cierra su última unidad de covid persistente y deja a miles de enfermos sin atención especializada
No son pocos y de hecho, con cada ola de coronavirus, hay más casos, pues se estima que al menos uno de cada diez personas infectadas acaban desarrollando este síndrome. El SERGAS ha cerrado la última unidad especializada, la de Ourense. La asociación de pacientes pide que se recupere y que se convierta en centro de referencia para toda Galicia.
La comunidad ya no cuenta con ninguna unidad operativa de covid persistente, después de que el Servizo Galego de Saúde (Sergas) clausurase la última que permanecía activa: la Unidad Multidisciplinar del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO). Un cierre que las asociaciones de pacientes como ASGACOP califican de "negligencia absoluta" y que, recuredan deja en situación de desamparo a las decenas de miles de personas que en Galicia padecen este síndrome-
La covid persistente —también conocida como long COVID— es la condición que afecta a quienes, una vez superada la fase aguda del SARS-CoV-2, siguen experimentando síntomas durante semanas, meses o incluso años. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como el estado que se presenta al menos tres meses después del inicio de la infección, con síntomas que se prolongan como mínimo durante dos meses adicionales y que no tienen otra explicación diagnóstica posible.
No es una rareza: los estudios internacionales estiman que entre el 10 y el 20 % de quienes se contagiaron de covid acaban desarrollando esta condición. En Galicia, donde se registraron más de 762.000 casos confirmados a lo largo de la pandemia, la cifra de afectados podría superar las 70.000 personas, según los propios cálculos de ASGACOP. El PSdeG, que también ha criticado recientemente el cierre de la unidad ourensana, eleva esa estimación hasta los 120.000.
El perfil habitual del paciente con covid persistente es una mujer de mediana edad —en torno a los 40 años— sin patologías previas graves, que tuvo una infección inicial leve o paucisintomática, es decir con síntomas escasos, leves o poco expresivos. Esta característica resulta especialmente frustrante para quienes la padecen: muchos de ellos nunca fueron hospitalizados, pero arrastran secuelas que les impiden llevar una vida laboral y social normal.
Los hombres también se ven afectados, aunque en menor proporción, y la enfermedad no respeta edades: también hay niños y adolescentes entre los pacientes, un colectivo que ASGACOP considera especialmente desatendido desde el comienzo de la pandemia.
Los síntomas son tan numerosos —se han catalogado más de 200— como heterogéneos. Los más frecuentes son la fatiga extrema, la llamada niebla mental (dificultad para concentrarse, pensar con claridad o encontrar palabras), la disnea o dificultad respiratoria, los dolores musculares y articulares, las palpitaciones, los problemas para dormir, los dolores de cabeza y el malestar postesfuerzo: cualquier actividad física o mental, por pequeña que sea, puede dejar al paciente postrado durante horas o días. La pérdida del gusto y el olfato, los sudores nocturnos, la taquicardia y las alteraciones gastrointestinales también aparecen con frecuencia.
La enfermedad es multiorgánica —afecta simultáneamente a varios sistemas del organismo— e incapacitante en una parte significativa de los casos, hasta el punto de que tres de cada cuatro trabajadores afectados han necesitado solicitar una baja médica.
El SERGAS alega que hay menos pacientes
La respuesta oficial de la Xunta de Galicia para justificar el cierre de las unidades post-covid ha sido la reducción progresiva de la demanda asistencial. Natalia Lobato, secretaria xeral técnica de la Consellería de Sanidade, explicó en la Comisión de Sanidade del Parlamento gallego que las unidades registraron su máxima actividad en 2022, con más de 12.000 atenciones, frente a las algo más de 7.600 de 2021. Desde entonces, el número de consultas fue cayendo.
Con ese descenso como argumento, la Xunta reorganizó los recursos en la mayoría de las áreas sanitarias y derivó la atención especializada a los servicios hospitalarios de referencia —medicina interna, neumología— sin un protocolo específico ni una coordinación multidisciplinar para esta patología. Lobato subrayó que esa reorganización se realizó "con el consenso de los equipos profesionales".
Las asociaciones de pacientes rechazan de plano esa lectura. ASGACOP sostiene que la caída de la demanda no refleja una mejora de la situación, sino el resultado de un infradiagnóstico masivo: muchos pacientes no están correctamente diagnosticados, circulan de especialista en especialista sin que nadie coordine su atención y, en algunos casos, sus síntomas son atribuidos erróneamente a causas psicológicas. La organización denuncia además que, en cada nueva ola de contagios, se producen nuevos casos de covid persistente que tampoco están siendo atendidos.
Protestas en Ourense y presión parlamentaria
La situación en Ourense, epicentro del conflicto, se fue deteriorando a lo largo de 2024. En septiembre, la unidad del CHUO perdió a sus tres médicas especialistas, quedando únicamente con atención psicológica y de enfermería. Los pacientes llevan meses con citas canceladas y sin alternativa clara. Para frenar el cierre definitivo, más de 40 personas afectadas se concentraron frente al hospital y entregaron 1.780 firmas exigiendo el mantenimiento de la unidad y la dotación del personal médico necesario. En su manifiesto, los manifestantes utilizaron una frase que resume el sentimiento de este colectivo.
La presión no se ha limitado a la calle. En junio de 2025, portavoces de ASGACOP se reunieron con representantes de los tres principales grupos parlamentarios gallegos —PP, BNG y PSdeG-PSOE— para trasladar su denuncia. La asociación valoró la predisposición al diálogo de los grupos, aunque insiste en la necesidad de constituir una mesa de trabajo estable con la Consellería de Sanidade y el Sergas. Por su parte, la portavoz socialista de Sanidade, Elena Espinosa, ha presentado iniciativas parlamentarias para exigir la creación de consultas de enfermería especializadas en covid persistente en todas las áreas sanitarias, acusando a la Xunta de condenar a los pacientes a un "largo peregrinaje" por distintos especialistas.
ASGACOP reclama como paso inmediato la reapertura y el refuerzo de la unidad de Ourense —aprovechando la experiencia del personal ya formado— y su conversión en un centro de referencia para toda Galicia. A largo plazo, piden que se restituyan unidades post-covid en las siete áreas sanitarias de la comunidad y que se establezca un protocolo de diagnóstico en atención primaria con derivación específica a estas unidades. La Consellería de Sanidade, de momento, no ha anunciado ningún cambio en su postura.
"La salud no se negocia", advierten desde ASGACOP. Con más de 65 millones de personas afectadas en todo el mundo por el long COVID, Galicia se convierte así en una de las pocas comunidades autónomas del Estado que han desmantelado por completo su red asistencial para esta enfermedad.
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