Los menús en las residencias, un "trámite mecánico" que deja de lado la calidad y nutrición, denuncia ASGADeD
La Asociación Galega en Defensa da Dependencia e da Discapacidade relanza una campaña para exigir que la nutrición de las personas institucionalizadas deje de tratarse como un gasto menor y se reconozca como un derecho fundamental, en una comunidad con una de las poblaciones más envejecidas de Europa.
La alimentación de las personas mayores que viven en residencias, acuden a centros de día o reciben comida a domicilio a través de programas como el Xantar na Casa vuelve a estar en el centro del debate en Galicia. La Asociación Galega en Defensa da Dependencia e da Discapacidade (ASGADeD) ha relanzado una campaña pública de concienciación para denunciar lo que considera carencias nutricionales persistentes en estos servicios, y para reclamar a las administraciones, a los profesionales del sector y a las familias una mayor implicación en la mejora de lo que se pone en el plato.
La iniciativa, que comenzó discretamente antes de las pasadas Navidades con el objetivo de incidir en el tema durante las fiestas, entra ahora en su fase principal. La asociación considera este un ámbito prioritario que requiere medidas urgentes para garantizar una vida digna a las personas en situación de dependencia o discapacidad.
Según ASGADeD, la realidad en muchos centros dista mucho de lo deseable. La entidad denuncia que los menús se gestionan con criterios puramente funcionales: escasa variedad, bajo valor nutricional y poca adaptación a las necesidades individuales de cada persona. Hablan de repetición constante de platos, presencia insuficiente de productos frescos y un peso excesivo de alimentos precocinados o recalentados que, en algunos casos, copan la totalidad de la dieta diaria.
TRITURAR NO ES ADAPTAR
Uno de los puntos más críticos señalados por la asociación es la concepción habitual de la llamada alimentación adaptada. En demasiadas ocasiones, indican, adaptar la comida se entiende únicamente como triturar los alimentos, sin prestar atención a la presentación, al sabor ni a la variedad de texturas. Esta reducción de la experiencia de comer a un acto puramente mecánico, subrayan desde ASGADeD, afecta directamente a la dignidad y al bienestar emocional de quienes lo padecen.
El argumento de fondo es que el envejecimiento exige más atención nutricional, no menos. Una dieta insuficiente o desequilibrada tiene consecuencias directas sobre la salud: desnutrición, pérdida de masa muscular, mayor riesgo de caídas y fracturas, déficits vitamínicos y pérdida de autonomía funcional. A eso se suma el impacto cognitivo: una alimentación inadecuada puede agravar la pérdida de memoria, dificultar la concentración y favorecer episodios de confusión o desorientación, especialmente preocupantes en personas con deterioro cognitivo.
Para ASGADeD, la conclusión es clara: la comida no puede seguir entendiéndose como un servicio básico de segunda categoría o un coste a recortar. La asociación defiende que garantizar una nutrición adecuada es tan importante como cualquier otro tratamiento médico, y que debe reconocerse como un derecho fundamental de las personas mayores y dependientes, no como una prestación accesoria.
UN PROBLEMA GENERALIZADO
El problema no es exclusivo de Galicia, aunque la comunidad tiene razones especiales para tomárselo en serio. En una comunidad con una de las poblaciones más envejecidas de Europa, la nutrición adecuada es clave para mantener la salud, la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores.
El debate ha cobrado visibilidad en los últimos meses también a nivel estatal: el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, y la ministra de Sanidad, Mónica García, anunciaron el inicio de la tramitación de un real decreto para regular que las comidas servidas en hospitales y residencias de mayores sean saludables y nutritivas.
Uno de los episodios que más repercusión tuvo ocurrió en una residencia de Ortigueira, en Galicia, donde algunos residentes denunciaron públicamente el tipo de comida que recibían, describiendo los platos como "comidas amasadas", con una textura poco apetecible y que, según sus testimonios, poco tenían que ver con una alimentación saludable. Aquel caso visibilizó una queja que se repite en distintos centros y que ha sido señalada por familias y profesionales del sector en múltiples ocasiones.
Por su parte, la Xunta de Galicia ha apostado en los últimos meses por la digitalización de la gestión de sus centros. El Consello aprobó la contratación de servicios para actualizar y mejorar los sistemas tecnológicos de gestión de los centros de política social, incluyendo un sistema de cocina y comedor que permitirá gestionar los menús y dietas, y un portal de familias con acceso a información sobre la alimentación de las personas residentes. Sin embargo, ASGADeD considera que las mejoras tecnológicas no son suficientes si no van acompañadas de un cambio de enfoque en la calidad nutricional real de los menús.
La campaña de ASGADeD se extenderá a lo largo de los próximos meses e incluirá acciones informativas, divulgación de contenidos especializados y colaboraciones con profesionales de la nutrición. También se abrirán espacios de reflexión sobre el papel de la alimentación en la prevención de la dependencia y en la promoción de la salud durante el envejecimiento.
La asociación llama a implicarse no solo a las administraciones públicas, sino también a las familias y a los propios trabajadores del sector. Su apuesta es por un modelo de atención centrado en la persona, en el que la comida sea reconocida como una herramienta terapéutica y no como un trámite al que se le dedica el presupuesto mínimo posible.
Desde ASGADeD recuerdan que el objetivo no es solo que los mayores coman, sino que coman bien, que disfruten de la mesa y que ese momento cotidiano refuerce, en lugar de deteriorar, su salud física y emocional. En una Galicia que envejece a un ritmo acelerado, esa exigencia resulta cada vez más urgente e ineludible.
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