Padres hiperalertas: el desafío de crecer sin etiquetas en la era digital

La creciente preocupación de las familias por identificar patologías en el comportamiento cotidiano de los más pequeños abre un debate sobre la medicalización de la infancia y la pérdida de resiliencia frente a los procesos naturales del desarrollo.


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Archivo - Tres niñas entran en el colegio.
Archivo - Tres niñas entran en el colegio.

 

Las consultas de psicología y los departamentos de orientación escolar han detectado un cambio significativo en la actitud de los progenitores hacia el desarrollo de sus hijos. Lo que antaño se consideraba una fase "complicada" o un rasgo de personalidad, hoy llega a menudo a los especialistas bajo la demanda de una etiqueta clínica específica. Profesionales del sector advierten que la sociedad ha comenzado a perder de vista que el crecimiento infantil es, por definición, un proceso "desordenado y desigual".

 

 

Begoña Castro, psicóloga y presidenta de la Sección de Educación en el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, señala que existe una exposición creciente a todo tipo de trastornos a través de la red. Según la experta, se evidencia una obsesión por buscar síntomas en Google o redes sociales antes de acudir a una valoración profesional, lo que deriva en una "medicina de consumo" donde se medicalizan aspectos que no son propiamente enfermedades. Esta visión coincide con la de figuras internacionales como Jeremy Hunt, exsecretario de Sanidad del Reino Unido, quien sostiene que el deseo de garantizar la felicidad de los jóvenes se manifiesta a veces en impulsos excesivos de diagnosticar lo rutinario, mermando la capacidad de perseverancia de los menores.

 

 

 

 

El peso de la etiqueta: Del TDAH a las altas capacidades

En la actualidad, muchos padres acuden a los especialistas con un diagnóstico ya preestablecido en su mente. Fenómenos como el TDAH, la hiperactividad o el Asperger son términos frecuentes en las demandas iniciales. Sin embargo, los profesionales advierten que no se puede partir de una etiqueta para realizar una valoración. La sospecha de que un niño es "diferente" se ha extendido incluso al ámbito de las altas capacidades. Begoña Castro explica que, en ocasiones, la inquietud y curiosidad natural de los niños pequeños se confunde con hiperactividad, cuando en realidad puede ser una precocidad que aún debe cristalizar.

 

 

 

 

Esta tendencia se ve alimentada por un "positivismo exacerbado" donde parece obligatorio que todos los niños sean "mega felices y mega listos". Las familias, que ahora suelen tener menos hijos, focalizan toda su preocupación y estímulos en un solo descendiente, lo que genera una presión inédita en el desarrollo infantil. Las consecuencias de este sobrediagnóstico son graves: no solo se etiqueta erróneamente al menor, condicionando su autopercepción, sino que puede derivar en un "sobretratamiento". El resultado es una sociedad infantil "hipermedicada", con menores que crecen sintiéndose diferentes y con una bajísima tolerancia a la frustración al no reconocer sus propias limitaciones.

 
Archivo - Estudiantes, Aulas, Ordenadores
Archivo - Estudiantes, Aulas, Ordenadores

La paradoja de las pantallas: Alerta por diagnósticos, silencio por el consumo digital

Frente a la urgencia por diagnosticar trastornos, los profesionales de la salud mental en Galicia observan una preocupante contradicción: no existe la misma obsesión por limitar el uso de pantallas, a pesar del daño demostrado que causan en el cerebro en formación. Begoña Castro es tajante al respecto: el consumo excesivo de tecnología está generando efectos secundarios en las funciones ejecutivas y la socialización que a menudo se confunden con patologías como el TDAH.

 

 

 

 

La sobreestimulación digital produce inquietud, nerviosismo y agresividad en los niños, ya que el cerebro se acostumbra a una inmediatez que la realidad no ofrece. Mientras que un diagnóstico de TDAH real implica alteraciones profundas en el procesamiento de la información, muchos casos de "inquietud" son simplemente el resultado de una exposición tecnológica excesiva.

 

 

 

La recomendación del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia es clara: "Cero pantallas" hasta los seis años. Los expertos instan a las familias a recuperar la calma y permitir que los niños crezcan en ambientes naturales y sanos. En lugar de buscar patologías en Internet, la clave reside en establecer rutinas, normas y límites, y acudir únicamente a profesionales colegiados cuando existan señales de alerta reales. La prioridad, según los especialistas, debe ser "ocuparse en lugar de preocuparse", protegiendo el derecho de los niños a desarrollarse sin la carga de etiquetas innecesarias.

 

 

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