El 'codo de tenista', reconocida como una enfermedad profesional en cajeras de supermercado por el TSXG
La dolencia, reconocida para mecánicos o albañiles, puede provocar incapacidad.
Aunque el nombre pueda confundir y lo asociemos a figuras como Rafa Nadal o Carlos Alcaraz, el 'codo de tenista' es una enfermedad que podría padecer casi cualquiera. Aquellos que en el ejercicio de sus funciones realicen movimiento mecánicos y repetitivos pueden sufrir esta dolencia, que la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) ha reconocido como una enfermedad profesional para un gremio que llevaba tiempo enfatizando que este trastorno era producto de su actividad: las cajeras de supermercado.
UN PRECEDENTE SIGNIFICATIVO
Esta lesión, dolorosa y fruto del sobreuso de los tendones en la parte externa del codo, ha sido reconocida como enfermedad profesional por el alto tribunal gallego por el recurso de una trabajadora de Vego Supermercados y su mutua Frateridad Muprespa, así como contra la Seguridad Social, revocando la sentencia de un juzgado de A Coruña.
Aunque ahora cabe interponer recurso de casación contra este fallo, el pronunciamiento del TSXG es significativo para miles de profesionales, ya que establece que "ha de concluirse" que el caso de incapacidad temporal de esta trabajadora "deriva de enfermedad profesional" debido a sus tareas desempeñadas como cajera.
Al tiempo, el auto también habla de una discriminación de género, pues aunque el codo de tenista está reconocido como enfermedad profesional en profesiones como mecánicos o albañiles, sectores profundamente masculizados, para el puesto de cajero de supermercado, donde hay una mayoría femenina, no se establecía esa relación.
Desde la CIG, sindicato al frente de la demanda, celebran el fallo, que remarca que esta patología "es muy habitual en el sector después de muchos años de movimientos repetitivos y forzados en las cajas sin que las empresas tomen las medidas preventivas necesarias", por lo que recalcan la "gran relevancia" de este pronunciamiento de la Justicia para el sector, donde hay muchas mujeres en una situación similar pero que por su empleo, hasta ahora, no habían sido "reconocidas como derivadas del trabajo por las mutuas".

"Se reconoce lo que llevamos denunciando desde hace años en la CIG: las trabajadoras somos discriminadas hasta en la enfermedad", atestigua la trabajadora que presentó la demanda, Noelia Gerpe Meirás.
¿QUÉ ES EL CODO DE TENISTA?
El codo de tenista, conocido médicamente como epicondilitis lateral, es una afección dolorosa provocada por la inflamación o microrroturas de los tendones que unen los músculos del antebrazo con la parte exterior del codo. Aunque su nombre sugiere una relación exclusiva con el deporte de raqueta, se trata de una de las lesiones por esfuerzo repetitivo más comunes en la población general. El síntoma principal es un dolor punzante que se localiza en la protuberancia ósea lateral del brazo y que puede irradiarse hacia la muñeca, dificultando acciones tan cotidianas como girar el pomo de una puerta o sostener una simple taza de café.
El origen de esta patología reside en la sobrecarga mecánica de los músculos extensores del antebrazo, encargados de estabilizar la muñeca. Los movimientos repetitivos y la tensión constante generan un desgaste en el tejido conectivo que, con el tiempo, supera la capacidad natural de regeneración del cuerpo. Por este motivo, la enfermedad es sumamente frecuente en entornos laborales que exigen tareas manuales intensivas; profesionales como pintores, carpinteros, mecánicos e incluso personas que pasan largas jornadas frente al teclado de un ordenador son perfiles habituales en las consultas de traumatología.
De no tratarse a tiempo, las consecuencias del codo de tenista pueden derivar en una pérdida progresiva de la fuerza de agarre y en un dolor crónico que interfiere directamente con la calidad de vida y el rendimiento laboral. En las fases más avanzadas, la inflamación inicial puede transformarse en un proceso degenerativo del tendón, lo que complica la recuperación y exige intervenciones más drásticas, que van desde fisioterapia intensiva hasta cirugía. La detección temprana y el reposo relativo son, por tanto, pilares fundamentales para evitar que una molestia puntual se convierta en una limitación funcional permanente.
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