Venezuela y la pobreza en Galicia

Manoel Barbeitos
Economista


Venezolanosvenezuelamani


Aprovechando que Venezuela volvió a ser argumento político en el Parlamento de Galicia quiero hacer llegar a nuestros lectores algunas consideraciones sobre la situación actual en este país latinoamericano que en su día había sido refugio de tantos/as y tantos/as gallegos/as.


Empecemos señalando que Venezuela forma parte de una región (Latinoamérica) donde la democracia política no termina de consolidarse definitivamente (ahí tenemos la sangrante lista de terribles dictaduras militares que se repiten desde hace ya muchas décadas) y las desigualdades sociales son enormes. En este continente donde la democracia es un bien muy escaso, Venezuela puede presentar un balance de las últimas décadas que NINGUN OTRO estado latinoamericano puede hoy presentar (ni siquiera Costa Rica). Por caso Venezuela desde el ascenso del chavismo al poder (1999) lleva celebradas diecisiete (17) votaciones democráticas: Presidenciales (6), Legislativas (4), Regionales (3), además de Referéndums (4). Votaciones todas ellas sujetas al más amplio, intenso e implacable escrutinio sin que nunca hayan sido cuestionadas por ningún organismo internacional (ONU, UE, Centro Carter …). Elecciones todas ellas ganadas –con la excepción de las elecciones del 2015 para la Asamblea Nacional- por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV): ¿cuántos estados en el mundo pueden decirlo mismo?


La mayoría de los medios de comunicación y opinión pertenecientes a ningún lugar informan de que en esta Venezuela bolivariana hay unas libertades de opinión e información que bien ya hubieran querido para sí muchos estados occidentales, por no hablar de los latinoamericanos. En Venezuela el 90% de las emisoras de radio pertenecen al sector privado y apenas un 10% son públicas, el 88% de los canales de televisión son privados o comunitarios y solo el 12% son públicos. Al mismo tiempo los principales diarios son privados y muy hostiles con el gobierno. Por estas razones acusar a los sucesivos gobiernos del PSUV de dictaduras es mentir, faltar la verdad.


Latinoamerica y, hoy por hoy, una de las regiones del mundo con mayores niveles de desigualdad y pobreza. Pues bien, en este entorno, y como se puede comprobar a través de los informes anuales del PNUD, que están al alcance de quien los quiera consultar, Venezuela, a pesar de tener una economía muy dependiente del petróleo –más del 90% de los recursos en divisas del país proceden de la venta del petróleo-, está entre los estados del mundo que mas progresaron en su lucha contra la pobreza, el hambre y la desigualdad social. El número de familias pobres bajó del 60% (1999) al 23% (2016) y el de familias en indigencia cayó del 25% al 5%: resultados que colocan a Venezuela entre los estados lideres en progresos en esta materia. Resultados logrados gracias a que, entre otras medidas, estos gobiernos quintuplicaron el gasto social (42,5% del presupuesto público) lo que les permitió, por caso, ser uno de los pocos estados del Sur que consiguió casi todas las metas del Milenio fijadas por la ONU (2015) gracias a haber reducido a la mitad la mortalidad infantil, haber erradicado el analfabetismo, mejorado espectacularmente los índices de escolarización (5º país del mundo en escolarización superior), universalizado las pensiones públicas, así como una atención sanitaria y una enseñanza gratuitas, creado un sistema ( MERCAL) que les permite a las familias más pobres adquirir alimentos básicos a precios reducidos, etc. Desgraciadamente, son pocos los medios de comunicación españoles y gallegos que dan cuenta de estas realidades y otras cómo que el desempleo llegó a bajar al 6%.


Realidades que se extienden a campos sociales muy diferentes. Así por caso a “Misión Vivienda”, un ambicioso programa de viviendas sociales –se llevan construidas cientos de miles de viviendas sociales- que está consiguiendo dotar de un techo a miles de familias pobres venezolanas, lo que le otorga un gran apoyo popular. La nueva Ley Orgánica del Trabajo que supuso enormes avances en materia laboral –reducción de la jornada laboral, prohibición de la subcontratación, ampliación de los permisos de maternidad, mejoras en las indemnizaciones... – Venezuela también procedió a la nacionalización de sectores estratégicos como bancos, electricidad, telecomunicaciones y acero que, en muchos casos, sirvieron para romper el control monopolístico, favoreciendo así a los consumidores de rentas medias y bajas. Y, otro dato espectacular y muy subrayable, este enorme esfuerzo en el gasto público no le impidió disminuir muy notablemente la deuda externa, a pesar de las trabas encontradas para los pagos: entre los años 2014 y 2017 Venezuela hizo un desembolso de 71.700 millones de dólares.


Sin embargo, y desde el año 2014 Venezuela, está atravesando una profunda crisis fruto tanto de factores externos cómo internos. Entre los primeros destacan tanto la brutal caída del precio internacional del barril de petróleo (70%) como las sanciones internacionales impuestas por iniciativa del Imperio, que dificultaron el acceso a la compra de capitales, y que dispararon los déficits comercial y fiscal. A nivel interno está en primer lugar, para una economía tan dependiente del petróleo, la caída de la producción petrolera (50%) pero también una política monetaria suicida que mantuvo artificialmente y durante demasiado tiempo a paridad dólar/bolívar y que no fue quien de controlar una inflación galopante (2000%), pero que sí disparó la compra de dólares (el cambio animó a los venezolanos a cambiar bolívares por dólares), facilitó la aparición de un comprado negro y la extensión de la fuga de capitales y también provocó una fuerte caída de los salarios reales. A estos graves problemas económicos que derivaron en una severa recesión económica hay que añadirle los problemas políticos internos facilitados por la derrota oficial en las elecciones legislativas del 2015 (las primeras que perdieron). Con una oposición que se niega al diálogo y se alía con el Imperio en la búsqueda del derribo, por cualquiera medio, del actual gobierno y un presidente bastante incompetente y agresivo la crisis institucional está servida.


Crisis política y crisis económica que sitúan a Venezuela en una muy difícil encrucijada cuya solución no parece fácil si las partes no llegan a un acuerdo, para lo cual sería preciso que desaparezca la injerencia exterior.

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