Austeridad y extrema derecha

Manoel Barbeitos
Economista

El resultado obtenido por VOX en las últimas elecciones andaluzas levantó todas las alarmas en los escenarios andaluz y español. Sin embargo y a pesar de la abundancia de opiniones vertidas hechamso en falta que unicamente en muy contadas excepciones se había analizado con uno poco de rigor las causas reales tanto del ascenso del apoyo popular a extrema derecha (en este caso representado por VOX: 11% de los votos) cómo de la relevante caída del voto en los partidos de izquierda (el PSOE perdió un 7,5% de los votos -14 escaños- y ADELANTE ANDALUCIA un 6% -3 escaños-) y el no menos espectacular ascenso de la abstención (41,5%).


Estas elecciones pueden posibilitar que, por primera vez, el PSOE no llegue a gobernar después de hacerlo de manera continuada durante mas de cuarenta años. Un larguísimo período de gobierno de la socialdemocracia (PSOE) que, sin embargo, no fue quien de sacar a Andalucía del furgón de cola regional en cuanto a su nivel de desenrollo: sí en el año 1980 el nivel de riqueza de Andalucía equivalía al 79,9% del promedio español, en el año 2017 el nivel era del 73,9%: 6 puntos menos que la mantienen en el furgón de cola. Un menor desenrollo que se refleja, por caso, en una elevada tasa de desempleo: 23%, que asciende a un 27,1% en las mujeres y un 46% en los/las chicos/as. En cuarenta años de gobierno, prácticamente absoluto, el PSOE no fue quien de conseguir que Andalucía había dejado de ser una región subdesarrolada  con elevadas tasas de desempleo y también elevados niveles de desigualdad (el nivel de riesgo y pobreza está en un 42,5%: lo mas elevado de España).



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A pesar del disfrutar de un gobierno prácticamente monocolor el PSOE en todo este largo período nunca optó por políticas auténticamente expansivas muy especialmente durante la gran recesión, donde aplicó las mismas políticas de austeridad que a nivel de estado. Políticas que provocaron los efectos anteriormente citados que facilitaron el auge de las fuerzas de extrema derecha -algún significado debe tener que VOX había sido la fuerza mas votada en varios de los distritos mas pobres de Andalucía como por caso el distrito sur de Sevilla- como así sucedió, y está sucediendo, en muchos lugares de Europa.


Por que al día de hoy resulta indiscutible que en Europa hay un malestar profundo, focalizado en los/las ciudadanos de rentas medias y bajas. Un malestar social que al no encontrar respuestas satisfactorias en las fuerzas de izquierdas –aplican, allá donde gobiernan las mismas políticas austericidas que la derecha neoliberal- está siendo habilmente capitalizado por las fuerzas de extrema derecha. Una capitalización también favorecida por que la derecha clásica está asumiendo cómo propios los postulados de la extrema derecha de tal forma que cada vez hay menos diferencias entre ambas: veamos en España los casos del PP, Cs y Vox.


Una estrategia que está dando sus frutos. La extrema derecha está presente en 17 de los 18 parlamentos de la Unión Europea y cogobierna en 7 países (Austria, Bélgica, Finlandia, Dinamarca, Letonia, Hungría y Polonia) de los cuales en 2 en solitario (Hungría y Polonia). Una extrema derecha que también tiene un apoyo relevante en Francia (21,1% de la intención de voto), Eslovaquia (16,6%), Bulgaria (15%), Holanda (14,9%), Suecia (12,9%), Alamana (12,6%), Grecia (10,7%), Chequia (10,6%). España parece querer ahora incorporarse al grupo: según encuestas recientes en unas elecciones generales Vox conseguiría el 8% de los sufragios suficientes para tener presencia en el Parlamento español.


Este ascenso general de la extrema derecha tiene mucho que ver con el creciente descontento y malestar que entre las clases populares europeas provocan las políticas públicas de austeridad y rebaja salarial que bajo el liderazgo alemán y controladas ferreamente por la cuadriga (Consejo Europeo, Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) se están aplicando prácticamente en toda Europa. Unas élites europeas (neoliberales y socialdemócratas) que, sin embargo, no parecen querer aprender de las experiencias históricas.


Así tales élites europeas, justifican las duras políticas de austeridad (Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza – TECG-) a causa de evitar que se dispare la inflación. En la actual eurozona a adopción de este dogma fue un imperativo innegociable de Alemania–realmente del Bundesbank- para aceptar tanto el euro como la creación del Banco Central Europeo. Imperativo ordoliberal, plasmado en el Tratado de Maastrich y en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea (Título VII), que se sustenta en un argumento histórico falso: en Alemania está muy extendida la idea de que fue la inflación galopante en el período de la república de Weismar quien favoreció el posterior ascenso de los nazis al poder con las consecuencias de todos conocidas.


Tesis que, sin embargo, las evidencias históricas desmienten categóricamente: 1. El período hiperinflacionario de la república de Weimar tuvo lugar entre los años 1918 y 1923. Una hiperinflación que no fue el fruto de políticas monetarias expansivas sino consecuencia de los terribles costes que para Alamana supusieron los durísimos deberes de reparación impuestas por las estados que habían ganado la guerra (Tratado de Versalles). Reparaciones que tenían que hacerse en marcos de oro –pagados en metálico-, con entregas en especie que incluyeron además de la devolución de importantes activos la ocupación militar de zonas industrias alamanas claves (por caso a cuenca del Ruhr). Medidas que provocaron se había producido, en términos macroeconómicos, una drástica merma de la capacidad de oferta de la economía alemana, muy por debajo de su capacidad de gasto –presionado este por el deber de hacer frente al pagado de sus compromisos-, desequilibrio que disparó los precios y convirtió la inflación en una hiperinflación.


2. El ascenso del partido nazi al poder tuvo lugar muy posteriormente -los nazis ascendieron realmente al poder entre los años 1932 y 1933, o sea diez años mas tarde- y en un contexto económico y social diferente pero marcado por una gran depresión económica. Depresión provocada por las durísimas políticas de ajuste fiscal y las reformas laborales neoliberales que el gobierno del canciller Heinrich Brünning había puesto en marcha en el año 1931 y que dispararon el desempleo hasta cuotas desconocidas e insoportables -30% de desempleados en el 1932, cifra que en algunos estados alemanes como Renania- Westfalia llegó al 50%- y fundieron los salarios –hasta un 35% de su valor nominal-. Políticas austericidas que, de este modo, crearon un caldo de cultivo muy favorable para el ascenso de los nazis al poder en los años siguientes.


Pero a pesar de estas evidencias científicas las élites europeas no parece que habían aprendido de la historia para así no repetir aquellas terribles experiencias.

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