​El fútbol también es una mariconada

Rodrigo Brión Insua

La homofobia en el fútbol es una realidad;  la homosexualidad en el fútbol es una realidad. Dos realidades paralelas por mucho que un sector de la población se niegue a admitir que alguno de sus ídolos comparte su vida privada con otro hombre y por mucho que otro sector pida, casi exija, a los futbolistas que son homosexuales (que los hay) que salgan del armario. Curiosamente, encontrar un futbolista de elite que se declare abiertamente gay se ha convertido en una cuestión de estado. Casi una obligación para la FIFA, un tema equiparable en prioridad a la organización de la próxima Copa de Mundo.


Las altas esferas del panorama balompédico, en las que se encuentran las federaciones continentales y los clubes, quieren demostrar, a base de pequeños y grandes gestos, que el mundo del fútbol no da la espalda la comunidad LGTBI y que en un estadio hay sitio para todos. Sin embargo, ninguna campaña será tan potente como el momento en el que surja el primer gran futbolista gay, el que derribe las barreras del odio. Con todo… ¿Es obligatorio que los futbolistas, a diferencia de cualquier otra profesión, estén obligados a publicar y prácticamente verificar su orientación sexual?


Hay pocas profesiones -lo cierto es que es posible que ninguna, ya que no se me viene a la mente una sola- en la que sea obligatorio que alguien sea de una orientación sexual determinada. Y en el mundo del deporte cada vez es más corriente (por fortuna) que un deportista o una deportista admita abiertamente su homosexualidad. El problema es que nadie tendría que revelar su orientación sexual. Todo el mundo debería vivir sus relaciones afectivas en privado, del mismo modo que a nadie tendría porque interesarle con quien está o deja de estar una persona. Eso nunca podrá considerarse noticia.


Sin embargo, en un mundo tan masculinizado como el del fútbol, muchos apelan a que no hay futbolistas gais por miedo. “Los futbolistas no salen del armario porque tienen miedo” declaró en su día Girezmann. Naingolann, en cambio, recurría a la vergüenza como el motivo por el que no salen del armario muchos futbolistas. Y lo cierto es que algunos no ayudan a que los profesionales se animen a dar el paso. Estrellas como Rakitic declararon públicamente que no le gustaría que hubiera “homosexuales en su vestuario”. Incluso figuras de los banquillos, como Unai Emery, quien afirmó tener un “gayradar. “Creo que controlo cuando un futbolista es gay”. Unos comentarios que no ayudan nada a normalizar una situación ya de por sí enrevesada por culpa del público y la prensa.


Afortunadamente, esta no es la tónica imperante entre los que saltan al rectángulo de juego. Koke intentó quitar hierro a un asunto que ya se ha vuelto recurrente en las entrevistas, afirmando que él no tendría problemas en admitir su homosexualidad en caso de que esa fuera su orientación sexual, del mismo modo que subrayó que eso no influye a la hora de desempeñarse en el verde. Pero incluso el hecho de defender la existencia de la homosexualidad en el fútbol te puede poner bajo la lupa de la homofobia. Lo que le ocurrió a Manuel Neuer, que después de unas declaraciones en las que animaba a normalizar el tema de la homosexualidad en el fútbol y animar a sus colegas a dar el paso, fue tachado de gay, un bulo que lo ha perseguido desde entonces. Con todo, Neuer volvió a dar una lección de clase cuando le preguntaron si le molestaba cuando le llamaban gay. “No, porque ser gay no tiene nada de malo, por lo que no es ningún insulto”. Gol para Manu.


A pesar de todo, no es cierto que no haya jugadores que reconozcan abiertamente su condición sexual. Justin Fashanu, un delantero brillante de los 70 y 80 que saltó a la fama por ser el primer jugador negro por el que se pagó un millón de libras, también fue el primer jugador de élite que reconoció su homosexualidad, un gesto valiente y adelantado a su tiempo, ya que la sociedad no supo adaptar su mentalidad al mundo que les abrió Justin. El poderoso nueve vio cómo su carrera y su vida se iban haciendo pedazos, acosado por los escándalos y las deudas, hasta que él mismo decidió terminar con todo.


Pero no es el único caso y afortunadamente no todos comparten la suerte de Fashanu. Thomas Hitzelperger, uno de los mejores centrocampistas alemanes de este siglo y un jugador con un poderosísimo disparo desde larga distancia; Robbie Rogers, un talentosos centrocampista que desempeñó una exitosa carrera en Los Ángeles GalaxyRyan Atkin, uno de los colegiados más prometedores de la liga inglesa o nuestra Mapi León, emblema del fútbol femenino nacional…deportistas que salieron del armario para vivir su profesión sin ataduras. El último, hace un mes, Andy Brennan, primer futbolista australiano que decide mostrarse al mundo como realmente es: un futbolista gay. Aunque la verdad, sobre el tapete lo único que importa es que sean buenos deportistas. El que sea gay o no…eso es una mariconada. 

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