“Solo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente”
El ataque conjunto de los Estados Unidos e Israel a Irán es un nuevo crimen de guerra —no cuenta con el aval de las Naciones Unidas y no se puede justificar como legítima defensa—, como lo fue la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el genocidio de Gaza por Israel o la intervención militar y el secuestro de Maduro en Venezuela por parte de los Estados Unidos, entre otros.
Un ataque que se produce cuando tanto Donald Trump como Benjamin Netanyahu —ambos pueden ser calificados como criminales de guerra— atraviesan serias dificultades en su "patio interior". Con unos niveles de aceptación entre sus respectivas ciudadanías muy bajos, parece evidente que con esta ofensiva militar criminal intentan acallar la contestación interna.
Veremos si lo consiguen, pero no olvidemos que, en el caso de los Estados Unidos, este año se celebrarán elecciones al Congreso —para su renovación total— y al Senado —que renovará un tercio—. Hay serios indicios que apuntan a una muy probable derrota del Partido Republicano, lo que significaría que Donald Trump tendría que gobernar el resto de la legislatura con una mayoría demócrata en ambas cámaras. Israel celebrará igualmente elecciones parlamentarias este año que pueden también cambiar el escenario político israelí; no olvidemos que Netanyahu tiene pendiente un juicio que lo puede llevar a la cárcel, de la que se viene salvando gracias a su condición de aforado.
Por parte de Donald Trump y la oligarquía que lo apoya, hay también otra razón poderosa que seguramente está detrás del ataque a Irán: China. Es sabido que Irán forma parte de los BRICS, la alianza internacional que está cuestionando seriamente el viejo orden internacional que durante décadas lideró Estados Unidos. Con este ataque militar se trataría así, como ocurrió con Venezuela, de restarle aliados a China en su particular duelo por el liderazgo mundial, arrebatándole a los BRICS un socio muy relevante en el mercado energético (petróleo, gas...).
Tampoco debemos ignorar la rivalidad entre Israel e Irán en su competencia por liderar Oriente Medio. Debilitando mediante la fuerza al régimen iraní, los planes imperialistas de Israel en la región encontrarán mayor acomodo y facilidades. Israel, además de este objetivo, tendría otros añadidos, como que el ataque a Irán consiga que la mirada internacional ya no esté puesta en las barbaridades que está cometiendo en Gaza y Cisjordania, lo que le permitiría avanzar con mayor libertad en su operación de limpieza étnica en Palestina. Tampoco deberíamos ignorar que este ataque a Irán se produce en un momento en que la ya crónica inestabilidad en la región se ha visto ampliada por la guerra entre Pakistán y Afganistán, lo que le da un carácter más imprevisible al futuro inmediato de Oriente Medio.
Seguramente, con este ataque militar el régimen iraní quedará muy debilitado. Lo que ya no está tan claro es que consigan derribarlo, pero lo que sí va a provocar es que el sentimiento antioccidental crezca aún más en esa zona, lo que no vaticina nada bueno en la lucha contra el terrorismo.
Donald Trump, ahora con el apoyo de Israel, sigue en su campaña por derribar el viejo orden internacional al tiempo que impide que germine el nuevo que se estaba vislumbrando. Es posible que consiga el primer objetivo y el viejo orden pase a mejor vida; lo que ya es más dudoso es que consiga el segundo. Pero de lo que no hay duda es de que con esta acción militar en Oriente Medio —el enésimo ataque que recibe esta región por parte del imperio estadounidense: Afganistán (2001), Irak (2003), Libia (2011), Siria (2016), Somalia (2020), Yemen (2025), Gaza (2025), Irán (2026)— va a conseguir que Oriente Medio se convierta en una auténtica polvorosa, si no lo es ya.
Dejo para el final dos lecciones terribles que se derivan de este ataque militar. La primera, que el derecho internacional está herido de muerte, por lo que, a partir de ahora, cualquier país se lo puede saltar: ¿qué dirían Estados Unidos y Europa si, a continuación, China invadiese Taiwán? ¿Qué pueden decir ahora de Rusia y su invasión de Ucrania? La segunda, que, en contra de lo que se declara, esta guerra va a alimentar la carrera armamentística y, sobre todo, la proliferación de armas nucleares: se ataca a Irán a pesar de no tener armamento nuclear, algo que sí tienen, por ejemplo, Israel, Pakistán, Arabia Saudí, Turquía y Corea del Norte, a quienes no se les cuestiona esa opción. Ergo, tener armamento nuclear garantiza no ser atacado por las grandes potencias militares. Se les está marcando un camino a los países pequeños y medianos que, con razón, teman un ataque de las grandes potencias: pueden evitarlo si se dotan de armamento nuclear.
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