Atado y bien atado

Manoel Barbeitos
Economista

Las elecciones generales del 10 N servirán, una vez mas, para confirmar como el sistema político español, la monarquía borbónica, tiene una de sus fortalezas en una serie de fundamentos institucionales, jurídicos y políticos orientados a mantener tanto un sistema político basado en un bipartidismo imperfecto cómo en una administración fuertemente centralizada.


Uno de esos fundamentos del bipartidismo subrayado, pero que apenas resulta visible, es la actual Ley electoral. Una normativa legal que ven de ser denunciada cómo desequilibradora nada mas y nada menos que por el Tribunal Supremo pues “origina un exceso de representación en las circunscripciones rurales y un déficit de representación de las urbanas”. Como muy bien explica el profesor Pérez Royo “la composición del Congreso de los Diputados y del Senado y la Ley Electoral son tributarias de la Restauración Monárquica como forma política del Estado español. (……). La composición del Congreso de los Diputados y del Senado y la Ley Electoral son preconstitucionales” (la Ley electoral fue aprobada durante lo gobierno predemocrático de Adolfo Suárez, en el año 1977).


Sí analizamos la distribución de los diputados al Congreso en unas elecciones generales tanto a nivel de Estado como, por ejemplo, en las tres comunidades históricas (Cataluña, Galicia, Padres Vasco) vemos ese desequilibrio de la Ley Electoral. Tomando como base los datos del censo electoral y el número de diputados provinciales nos encontramos con que en las tres comunidades históricas hay un gran sesgo a favor de las provincias más rurales (por ejemplo, Lugo, Ourense, Lleida, Girona y Alava) y una brutal diferencia provincial en el número de electores por escaño. En Cataluña este indicador va desde los 84.000 de la provincia de Girona a los 130.000 de Barcelona. En Galicia desde los 64.500 de la provincia de Ourense a los 116.OOO de A Coruña. En el Pais Vasco de los 62.710 de Alava a los 113.480 de Vizcaya. Y sí tomamos en conjunto las tres comunidades históricas el indicador va desde los 62.710 de Alava a los 130.000 de Barcelona. Por cierto, el promedio español está en los 100.000 electores por escaño.


En las tres comunidades históricas hay un gran sesgo a favor de las provincias mas rurales (por ejemplo, Lugo, Ourense, Lleida, Girona y Alava) y una brutal diferencia provincial en el número de electores por escaño.


No hay que ser un lince para darse cuenta de dos evidencias: 1. El sistema electoral español está claramente orientado a que la composición del Congreso de los Diputados se incline a favor de los partidos mayoritarios (PP, PSOE) que se corresponden con el bipartidismo sistémico. 2. Este sistema está también creado para favorecer a los opciones liberal-conservadoras (gran peso del rural y de las pequeñas poblaciones) frente las opciones de izquierdas (mayor presencia en los núcleos mas industriales y las grandes poblaciones).


Cataluña, Galicia y País Vasco son un claro ejemplo. Los votos, por ejemplo, de las provincias de Lugo, Ourense, Lleida, Girona y Alava son determinantes para formar mayorías en cada una de estas comunidades. Son determinantes debido a las claras diferencias en el reparto electoral, por jemplo a Lugo con el 15% del censo electoral le corresponden el 17,5% de los diputados gallegos, Ourense 12% y 18%, Lleida 6% del censo electoral y el 9% de los diputados catalanes, Girona 9% y 13% y Alava 14% del censo electoral y 23% de los diputados vascos. En todos estas provincias el número de diputados es claramente superior a los que les correspondería de seguirse un sistema proporcional. Cabe preguntarse que pasaría si hubiese en toda España una ley electoral estrictamente proporcional (escaños/votos). La composición del Congreso, tomando como base los resultados de las últimas elecciones generales, sería mas plural y con mayor presencia de las fuerzas antisistémicas, por caso federalistas y republicanas.


Volveremos a ver como los diputados elegidos en las provincias menos habitadas (“la España vacía”), al estar estas sobrerepresentadas, llegan a suponer un tercio del Parlamento español.


El 10 N volveremos a comprobar la exactitud del que señalamos. Volveremos a ver como los diputados elegidos en las provincias menos habitadas (“la España vacía”), al estar estas sobrerepresentadas (cómo, por caso, sucede con las provincias citadas anteriormente), llegan a suponer un tercio del Parlamento español. Diputados que, de manera prácticamente absoluta, se habían repartido entre los dos partidos mayoritarios (PSOE, PP). Un reparto que había servido así para seguir manteniendo un Congreso claramente escorado la derecha y al bipartidismo dinástico pues será, como ha sido hasta ahora, uno reparto que discrimine claramente a favor de unos territorios y unas clases sociales y a costa de otros territorios y otras clases sociales.


Tenemos como evidencia el hecho de que a pesar de que en prácticamente todas las elecciones generales celebradas hasta ahora la suma de votos de las izquierdas fue siempre claramente superior a los votos de las derechas estas alcanzaron muchas veces una mayor representación llegando a gobernar a pesar de ser mayoritario el voto de las izquierdas.


Puede que el 10 N vuelva a suceder por que, efectivamente, todo está atado y bien atado.


PNV 1

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