La partida está en el aire

Manoel Barbeitos
Economista

Todo parece indicar que en Galicia vamos a una partida política (elecciones autonómicas) de un resultado muy incierto, de una victoria a los puntos. De celebrarse ahora uno tiende a pensar que la victoria electoral sería para las izquierdas. Pero de retrasarse puede ya que no esté tan clara esa victoria y sean las derechas quienes tengan más posibilidades.


Las principales razones de esta aparente paradoja hay que buscarlas en los efectos derivados del bajísimo perfil que el debate político tiene en Galicia (no hay más que asistir a un pleno parlamentario para constatarlo y observar, por caso, al propio Presidente de la Xunta de Galicia comportarse como un hooligan). Un bajo perfil que hace que el desenlace político pueda depender más de factores externos que de la dinámica política interna por estar ésta más centrada en la bronca que en el debate político sobre el padres gallego y sus problemas.


Factores como, por caso, las elecciones catalanas que, todo indica, se celebrarán antes de las elecciones gallegas. Parece indiscutible que, dada la situación política española, el resultado de las elecciones catalanas va a condicionar el futuro inmediato del gobierno español. Por caso, no sería el mismo si las elecciones catalanas dan una abrumadora mayoría a las opciones políticas independentistas que si no es así. Tampoco según qué fuerza política sea la mayoritaria. Y desde el punto de vista de Galicia, tampoco será el mismo escenario para las elecciones gallegas que, por caso, el actual gobierno español de coalición siga adelante o que tengamos que ir a nuevas elecciones generales. Sin desmerecer la importancia de las elecciones vascas, también a celebrar este año, el resultado de las mismas no parece que vaya a influir mucho, más bien poco o nada, en la dinámica electoral gallega.


Otros factores a la incluir en la partida política gallega pueden ser tanto el conflicto con el Ministerio de Hacienda, por mor de los pagados retrasados del IVA las comunidades autónomas, como la situación de las industrias  electrointensivas. Conflictos cuya solución va a depender básicamente de las decisiones que adopte el gobierno español y que, seguramente, tendrán consecuencias electorales pero, como nos enseña la experiencia, menores de lo que algunos piensan. Aunque la Xunta de Galicia (PP), y muy especialmente su presidente A.  Núñez Feijóo, ha focalizado en estos conflictos una parte muy relevante de su discurso reivindicativo, las izquierdas no deberían caer en esa dinámica, pues el resultado final de las elecciones autonómicas  no va a depender de cómo se resuelvan estos conflictos.


Debería ser la sociedad civil gallega quien con su protagonismo reivindicativo termine por inclinar la balanza a un lado o al otro. Pero no está nada claro que esto vaya a suceder, básicamente por dos razones. La primera porque aunque las izquierdas se sumaron a la mayoría de las reivindicaciones ciudadanas, más que liderarlas parecen ir a rebufo de las mismas, buscando la foto o la portada en los medios. También juega en contra de la obtención de réditos electorales su crónica división, que les resta fuerza protagonista y dispersa los posibles beneficios electorales.


En este escenario seguramente cobren relevancia otras circunstancias políticas tales como la presencia electoral, en el campo de las derechas, tanto de Ciudadanos como, muy especialmente, de Vox. Sí hacemos caso a las últimas contiendas electorales no parece descartable que Vox entre en el Parlamento gallego, algo que, con toda seguridad, irá en perjuicio del Partido Popular que vería peligrar su mayoría absoluta. Un escenario que haría tambalear toda la política gallega. También cobra importancia, más de la que se piensa, cómo se presente al electorado el galleguismo de izquierdas ahora muy dividido. Si el BNG sigue en su manía de ir en solitario no cabe la menor duda de que este espacio volvería a ocupar un lugar muy secundario en la escena política gallega, debilitando con ello la opción de cambio. Galicia estaría así, políticamente, más cerca de Extremadura que del País Vasco o Cataluña, ya que la opción de cambio dependería mayormente de los resultados electorales del PSdeG-PSOE y UP que, como señalaba en artículos anteriores, parecen querer centrar su agenda política para Galicia en aprovechar los réditos que puedan venir del gobierno español de coalición (PSOE/ UP).


Como se puede ver son aún muchas las incógnitas a despejar. La partida está en el aire.

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