Encuestas madrugadoras contra a izquierdas dispersas

Manoel Barbeitos
Economista

Cuando falta prácticamente mes y medio para que se celebren, y mientras la ciudadanía aún vive bajo un estado de alarma y, por tanto, de indiscutible presión psicológica, ya aparecen las primeras encuestas sobre las elecciones autonómicas gallegas a celebrar el 12 de julio. Muy madrugadoras ellas.


Cuando no sabemos en qué condiciones se celebrarán las elecciones, incluso si llegarán a celebrarse, lo que sin dudas condicionará el nivel de participación, algo que según nos muestra la historia de la autonomía resulta decisivo en cuanto al resultado final. Cuando tampoco se tiene la certeza de cómo se encontrarán muchos de los/las votantes, por caso, cuantos/as trabajadores/as estarán bien en un  ERTE, ¿bien se habrán reintegrado a su trabajo o bien seguirán despedidos? ¿Cuantos/as autónomos/as habrán recuperado su actividad? ¿Cuantas pymes y comercios al por menor conseguirán abrir o permanecerán cerrados?


Cuando se dan todos estos interrogantes cuya solución, sin ningún género de dudas, condicionará la votación resulta muy arriesgado sacar encuestas electorales que adelanten resultados. A menos, claro está, que tales encuestas tengan un objetivo distinto que el de dar a conocer la opinión y sentir de los ciudadanos gallegos cara las inmediatas elecciones autonómicas. Cuando, por caso, busquen condicionar y/u orientar el voto en una dirección determinada.


Repasemos el escenario político previo a la explosión de la pandemia. Como ya había señalado en un artículo anterior en este mismo medio por esas fechas la sociedad civil gallega mostraba una cierta ebullición por mor del malestar tanto con la situación de colectivos relevantes (trabajadores de la industria y los servicios, mujeres, mayores) como por la deficiente atención pública (sanidad, mayores, pensionistas...). Un creciente malestar que colocó a la Xunta de Galicia en una situación claramente defensiva tal que hacía concebir esperanzas a la oposición de que en las elecciones autonómicas (5 de abril) el largo dominio conservador iba a tener un final.


Pero llegó el coronavirus y el escenario político mudó radicalmente de tal forma que ahora lo que parece más probable es que se repita la victoria conservadora. Un cálculo que se basa en evidencias empíricas. La primera es que, según las experiencias anteriores, un bajo nivel de participación electoral favorece la victoria de las derechas. Bajo nivel de participación que se da por hecho dado que las elecciones se celebrarán después de que pase un espacio de tiempo muy corto con relación a los estados de alarma, lo que retraerá a muchos/as votantes.


Otro dato objetivo que se maneja es que la pandemia y los estados de alarma prácticamente borraron del escenario político a los partidos de la oposición mientras que el Partido Popular, y muy especialmente su líder Alberto Núñez Feijóo, fueron noticia diaria en la mayoría de los medios de comunicación y opinión. En este marco los líderes de la oposición no fueron quien de hacerse ver como una alternativa convincente. En esta desigual confrontación, las izquierdas gallegas habían debido reconocer que, por razones diversas y diferentes, están faltas de líderes capaces de presentarse delante de la opinión pública gallega como políticos/as quienes de aglutinar y liderar una alternativa plural a las derechas.


Una alternativa plural que, por otra parte, no existe por carecer de contenido. Por caso, dejando a un lado el objetivo común de las izquierdas de votar las derechas del gobierno de la Xunta, ¿cuál sería el programa común de gobierno si ganan las elecciones? Independientemente de lo que nos vayan diciendo las encuestas, en su mayoría estarán dirigidas a orientar el voto a favor de las derechas gallegas, las izquierdas deberían hacer, lo que ya deberían tener hecho, que es dar a conocer a los/las electores/as gallegos/as cuáles serían las prioridades de ese gobierno común de las izquierdas.


Sobran coincidencias. Háganlas públicas. No se trata solo de echar al Partido Popular de la Xunta de Galicia sino que luego hay que ser quien de gobernar y hacerlo como un equipo: las debilidades del bipartito (2005-2009) deberían ser tenidas en cuenta para no repetir los errores. No se trata de juntar leiriñas, sino de tener una sola huerta: los problemas a resolver serán muchos, de mucha gravedad y de urgente resolución.

1 Comentarios

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Ya tardaba Manolito en salir a defender a los rojos y morados....muy parcial el Manolito....Manolito,que se te ve el plumero....

escrito por Eldemoniodetasmania 06/jun/20    15:13

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