La montaña parió un ratón

Manoel Barbeitos
Economista

El debate televisivo de este pasado lunes, 29 de junio, cuando apenas faltan dos semanas para la celebración de las elecciones autonómica (12 de julio) tuvo lugar en un escenario social marcado aún por el impacto de la pandemia en la producción y la comercialización. Impacto que, entre otros efectos, refleja tanto unos niveles de desempleo de los más elevados de la historia de la democracia en Galicia como una desconocida parálisis de la actividad privada (autónomos y autónomas, pequeñas y medianas empresas, comercio al por menor). Una situación que, hoy por hoy, no presenta una salida clara. Por caso, ¿cuantos/as de los/las afectados/as por esa parálisis volverán a recuperar la normalidad? He ahí que resulte lógico pensar que una parte de estos afectados seguramente siguieron con cierto interés y expectación el debate para conocer directamente que le proponen los distintos partidos presentes como alternativa a su difícil situación. Que esperanza le ofrecen.


Pero para poder evaluar ese impacto tanto entre los gallegos y los afectados por el coronavirus como en el resto de los ciudadanos sería necesario, por caso, conocer el nivel real de audiencia. Sí tenemos en cuenta que según datos de la propia CRTVG los niveles máximos de audiencia están en una cuota de pantalla del 10,5% concluiremos que el impacto social no será muy relevante por mucha  autopropaganda que haga la CRTVG. Por si esta debilidad de las audiencias no fuese suficiente para cuestionar su influencia en el voto final el escenario escogido para el debate no resultó, ni mucho menos, el más idóneo para que los distintos actores políticos pudiesen lucir mejor sus capacidades políticas. Seguro que hay coincidencia entre los que venimos el debate que tanto el citado escenario como el formato escogido no facilitaron, ni mucho menos, un debate fluido y  esclarecedor. Una ausencia a la que colaboraron, con empeño digno de mejor causa, los/las periodistas escogidos/as para moderar/dirigir el debate que nos dieron todo un curso de mal y pobre periodismo.


Por si estas limitaciones no fuese suficientes las distintas intervenciones de los diferentes representantes partidarios dejaron de nuevo en evidencia un dato que puede ser definitivo: las izquierdas pierden una oportunidad tras otra de cuando menos poner en cuarentena la anunciada victoria de las derechas. Frente a un Alberto Núñez Feijóo que puso claramente en evidencia sus limitaciones como líder político democrático, su auténtica incapacidad para debatir en un marco plural y fuera de la cobertura que, por caso, le regalan tanto su mayoría parlamentaria como su control absolutista de la CRTVG, las izquierdas no fueron quienes de aprovechar a fondo esta coyuntura favorable para aparecer como una clara y consistente alternativa de gobierno plural.


En primer lugar porque frente el anodinismo de Feijñoo no se hizo visible un liderazgo indiscutible en las izquierdas con capacidad para convencer a los ciudadanos gallegos de ser quien de conducir con firmeza y personalidad al bloque de las izquierdas. La batalla, muy visible, por ganarse este papel entre Caballero y Pontón, aunque se inclinó claramente a favor de la brillante candidata del BNG, no ayudó a resolver la incógnita. No lo resolvió por una razón muy simple: El BNG no está, hoy por hoy, y por razones que darían para otro artículo, en condiciones de ganar esta particular partida. Digamos que el BNG no convence suficientemente como líder de una mayoría social de las izquierdas gallegas.


Además, aunque los partidos de las izquierdas manifestaron repetidamente su clara voluntad de llegar entre ellos la un acuerdo de gobierno no fueron quienes, el marco tampoco lo favorecía, de concretar mínimamente cuáles serían esas bases  mínimas de acuerdo tanto programáticas cómo políticas. Concreción necesaria dado que las diferencias sí están claras como ellos mismos se encargan de remarcar con insistencia. Concreción imprescindible dada, por caso, a la dificilísima situación que están atravesando centenares de miles de familias gallegas quienes, con justicia, precisan de los partidos políticos gallegos que aspiran a gobernar soluciones para sus gravísimos problemas.


Por estas razones uno piensa que el “tan esperado” (?) debate televisivo entre los líderes de los principales partidos que se presentan a las elecciones autonómicas de 12 de julio no va a influir decisivamente en los resultados electorales. Puede que ayude a mover un poco los marcos pero sin cambios relevantes. Algo que no deja de ser un mal presagio para las izquierdas si tenemos en cuenta los resultados que anuncian la práctica totalidad de las encuestas.

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