Cuando el mundo vuelve a la ley del más fuerte

José Luis Calo
Coordinador UCIN Galicia

Coordinador Provincial UCIN Galicia (Unión de Ciudadanos Independientes)

Yo no soy experto en política internacional ni en estrategias militares. Soy un ciudadano del día a día, de los que encienden la televisión, leen las noticias y tratan de entender qué está pasando con el mundo en el que vivimos. Y lo que veo últimamente con Donald Trump al frente de Estados Unidos no me deja tranquilo. Da la sensación de que estamos regresando a una época en la que las reglas importan poco y lo único que cuenta es quién tiene más poder.


Trump no actúa como un presidente que busca acuerdos. Actúa como alguien que ordena. No dialoga, impone. Para él, los tratados internacionales, la ONU o cualquier norma común parecen ser un estorbo. Su mensaje es claro y directo: Estados Unidos decide y los demás se adaptan. Y si no lo hacen, habrá consecuencias.

 

Lo ocurrido en Venezuela es una señal que no debería pasar desapercibida. Un país intervenido militarmente, su presidente detenido y trasladado a otro Estado como si las fronteras no existieran. No se trata de simpatías políticas ni de defender a unos u otros.


Se trata de algo más básico: si esto se acepta como normal, mañana puede ocurrirle a cualquier otro país. Siempre habrá una excusa distinta, ya sea el narcotráfico, el terrorismo, la seguridad o la influencia de potencias extranjeras.


Trump dice que lucha contra las drogas, pero despliega portaaviones, bombarderos y miles de soldados. Cualquiera con un poco de sentido común sabe que ese despliegue no es para perseguir delincuentes. Es una demostración de fuerza. Es un mensaje al mundo: “mirad hasta dónde podemos llegar”. Cuando se llega a ese punto, el diálogo deja de ser importante y la amenaza pasa a ser la norma.


El filósofo Thomas Hobbes escribió hace siglos que, cuando no existen reglas que todos respeten, “el hombre es un lobo para el hombre”. Esa frase parece escrita para este momento. Cuando las leyes internacionales se ignoran y solo manda el más fuerte, todos quedamos expuestos, especialmente los más débiles.


Lo más preocupante es que esta forma de actuar no distingue entre enemigos y aliados. Países que durante décadas fueron socios ahora viven bajo presión constante. Ya no se les trata como iguales, sino como subordinados. O obedecen o pagan el precio. Así, la cooperación desaparece y el miedo ocupa su lugar.
 

Trump sabe que Estados Unidos tiene el mayor presupuesto militar del planeta y lo utiliza como una amenaza implícita. No hace falta declarar una guerra para imponer respeto. Basta con que todos sepan de lo que es capaz. El problema es que ese modo de actuar termina normalizándose y convirtiéndose en la manera habitual de hacer política internacional.

 

¿Quiere Trump dominar el mundo?Igual no quiere el mundo entero, pero desde luego quiere mandar como si fuese suyo. No parece interesado en conquistar países uno a uno, pero sí en que todos sepan quién lleva el bastón. Y claro, cuando uno tiene el ejército más grande del planeta, esa forma de hablar ya no es fanfarronería, es advertencia.

 

 

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