Simplemente indiferencia hacia los celadores

Gustavo Olmedo Portela

Nacido en Pontevedra en 1964. Trabajador sanitario en el SERGAS.  Portavoz del Colectivo de Celadores del Área Sanitaria Pontevedra/Salnes. Expresidente provincial de organizaciones juveniles de centroderecha, siendo el primer cargo orgánico como presidente local de Nuevas Generaciones de Pontevedra en los años 80. Ex candidato por el CDS.


En diciembre del año 2019 se declaró oficialmente la COVID. En aquel momento los celadores, al igual que el resto de profesionales sanitarios, estuvimos expuestos a un riesgo y a un gran desconocimiento de la enfermedad. En nuestra ingenuidad, que no incredulidad, pensábamos que, una vez superada aquella etapa, se daban las circunstancias para que se reconociera a estos profesionales como categoría sanitaria.

 

Se mantuvieron reuniones con la anterior Comisión de Sanidad del Parlamento de Galicia, presidida por aquel entonces por la señora Corina Porro, así como con la actual comisión. Su presidenta nos comunicó, hace algún tiempo, que el reconocimiento de los celadores como categoría sanitaria era un tema que estaba en la consellería correspondiente; hasta hoy no hemos obtenido respuesta, tras varios intentos de este portavoz del colectivo de celadores del Área Sanitaria Pontevedra-Salnés de obtener alguna contestación por parte de la misma.

 

Se presentaron Proposiciones no de Ley (PNL) en distintos parlamentos autonómicos como Baleares, Asturias o Castilla y León, entre otros, aprobándose dichas iniciativas parlamentarias en algunos de ellos. En Galicia, simplemente por falta de voluntad política, ni con la anterior comisión de sanidad ni con la actual se llegó siquiera a tramitar la citada PNL. Esto deja muy clara la falta de empatía de dicha comisión hacia un colectivo que estuvo expuesto durante la COVID y que sigue expuesto a todo tipo de enfermedades y situaciones duras, así como al riesgo en el desarrollo de nuestro trabajo diario al tener un contacto directo con todo tipo de pacientes.

 

A los compañeros que estuvieron en su día de baja por la citada enfermedad y con el aislamiento correspondiente, solo nos dan las gracias cuando estos cargos públicos ingresan en una planta hospitalaria. Es entonces cuando ellos entienden que la vida es una etapa y nada más, pero seguimos sin tener un reconocimiento a nivel social. Los celadores se exponen a todo tipo de enfermedades contagiosas y realizan un trabajo invisible porque la propia sociedad lo hace así, salvo cuando vienen mal dadas y esta sale a aplaudir a los balcones sin saber, muchas veces, a qué aplauden. Ahí posiblemente esté el problema de los males que aquejan a esta sociedad hasta que ingresamos en un hospital, el único lugar en el que no nos hacemos selfis porque nos sentimos más vulnerables (aunque ya todo vale).

 

Las funciones de los celadores aparecen reguladas mediante una Orden Ministerial del 5 de julio de 1971: casposa, machista y franquista. Esta para nada refleja la gran profesionalidad que desarrollan estos trabajadores sanitarios en servicios tan específicos como quirófano, UCI, reanimación, traumatología o urgencias. Se intentó tramitar en su día una PNL en la Comisión de Sanidad del Parlamento de Galicia que recogiera la categoría sanitaria e instara a la Xunta de Galicia, y esta al Gobierno central, a la creación de una Formación Profesional para los celadores. Así se hizo en otros parlamentos autonómicos, pero los parlamentarios gallegos ignoraron que ellos podrían algún día pasar por un hospital, como así ya ocurrió.

 

Por eso digo que una ausencia en la toma de posición del Parlamento en relación con la no tramitación de una PNL que reconozca la categoría sanitaria para los celadores se entendería como una falta de voluntad política, pero también como una falta de empatía hacia este colectivo y hacia cualquier otro en situación similar. Esta reclamación se dirige a la presidenta de la Comisión de Sanidad del Parlamento de Galicia, de quien esperamos respuesta desde hace meses.

 

La mayoría de las reivindicaciones de este colectivo están sin resolver y, francamente, cuando algún alto cargo sanitario declara públicamente que busca la felicidad de los trabajadores, me gustaría saber a qué se refiere; desde luego, a los celadores no. Por lo tanto, no estaría de más recordar que sin la actuación de los profesionales sanitarios españoles, la OMS, los Cuerpos de Seguridad del Estado y la logística, entre otros, en relación con los pasajeros del crucero MV Hondius (donde hubo un brote de hantavirus), posiblemente hoy estaríamos hablando de una situación muy distinta. Aquello terminó en una cuarentena donde, entre otros muchos profesionales públicos y dentro de la cadena logística preventiva, hubo un celador presente, al igual que lo habrá en los países afectados por el hantavirus, pese a que la sociedad desconozca a ese trabajador que, como siempre, acaba en el anonimato.

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