Divide y no vencerás

Gustavo Olmedo Portela

Nacido en Pontevedra en 1964. Trabajador sanitario en el SERGAS.  Portavoz del Colectivo de Celadores del Área Sanitaria Pontevedra/Salnes. Expresidente provincial de organizaciones juveniles de centroderecha, siendo el primer cargo orgánico como presidente local de Nuevas Generaciones de Pontevedra en los años 80. Ex candidato por el CDS.


Rufián
Rufián

Los distintos tertulianos, políticos y medios mediáticos afines que se reparten fundamentalmente entre los dos bloques ideológicos son los principales responsables de polarizar una sociedad que hasta hace unos años no tenía el actual grado de crispación. El defender una posición ideológica, así como a aquellas capas sociales más desfavorecidas, no debe servir para un enfrentamiento social que a lo único a lo que conlleva es a la aparición de los extremismos en ambos bloques. La consecuencia de todo ello es que aparezcan perfiles políticos de forma coyuntural, como en su día fueron Pablo Iglesias, Rosa Díez o Albert Rivera, como así recordó de forma muy atinada el secretario general del Partido Comunista (PCE) y dirigente de Izquierda Unida (IU), Enrique Santiago, hablando este de los egos.

 

Los tres líderes anteriormente mencionados son un claro ejemplo de la polarización y los personalismos, donde los candidatos se refugian en su facilidad para la retórica y el recurrente proyecto político en el que ni ellos mismos creen, con el único fin de afianzarse en el cargo. Los tertulianos de ambos espectros ideológicos (que no politólogos en muchos casos) deben exponer de forma clara y firme sus posiciones; pero la descalificación hacia el contrario, donde a veces se raya en el insulto, solo hace acrecentar los populismos que ellos mismos fomenten y a la vez critican.

En las cadenas de televisión generalistas, redes sociales y otros medios se exponen argumentos, opiniones y posiciones en relación con la actual coyuntura política, pero donde las formas agresivas no dejan de ser un reflejo de lo que día a día vemos en las sesiones plenarias de las Cortes y en otros parlamentos autonómicos. 

 

Líderes como Abascal, Isabel Díaz Ayuso o Gabriel Rufián practican una política frentista que es pan para hoy y hambre para mañana: líderes efímeros de un tiempo y de una etapa en donde los golpes de efecto con inteligencia, y una exhaustiva medición de los sondeos demoscópicos y los tiempos políticos, hacen modular el tono de aquellos líderes a su interés. Estos ven su feudo en aquel voto de castigo hacia el otro como un caladero de posibles electores para el ascenso de algún candidato, pero no para afianzar un proyecto político que, con la ayuda del entorno mediático y un discurso agresivo, solo genera división en la población. El interior de los EE. UU. fue un claro ejemplo de los ciudadanos estadounidenses de aquellos estados del país que vieron reflejadas en el lenguaje populista sus frustraciones y amenazas.

 

El papel de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no es nada gratificante, ya que su función como cargo público es limitarse a aquellas competencias propias de su comunidad, estando estas claramente delimitadas en su Estatuto de Autonomía y en la Constitución, y no asumir posiciones y declaraciones públicas que no son de su competencia, las cuales solo generan crispación y división. Algunos moderadores de programas de televisión ven en estos personajes públicos un caldo de cultivo para generar polémicas y utilizar un lenguaje agresivo en los platós que a la vez ellos mismos critican cuando el programa ya se les ha ido de las manos con desplantes de tertulianos en pleno directo.

 

Fenómenos como Vito Quiles, Alvise, Abascal o Gabriel Rufián (ahora este último cuestionado por su propio partido) hacen que se acreciente una desafección ciudadana (cada vez más polarizada) hacia la política, olvidándonos de aquellos líderes que en su día fueron referentes de una ideología y un proyecto político de futuro en el cual creían, y que no era ni circunstancial ni coyuntural. Los egos y personalismos solo favorecen al que se postula como candidato, pero frustran el proyecto político que aparentemente se dice defender.

 

Rufián es un candidato del momento, pero no de futuro, y así fueron otros que generaron división y crispación con el tiempo, lastrando a sus formaciones políticas con ellos a la cabeza. Ciudadanos, UPyD y Podemos son un claro ejemplo de la división interna que sus líderes generaron en sus propias formaciones y en el tejido social que estos propiciaron con sus egos y personalismos. Si Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) le retirara el apoyo a Gabriel Rufián, sería porque dicha formación cree en el ideario que le dio origen, mientras que este último solo cree en él, aunque aparentemente diga de forma grandilocuente que sin apoyo se va para su casa. Al final, la historia se repite. Divide y no vencerás.

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