Abanca y el Concello reformarán Riazor pero A Coruña no tendrá Mundial, abriendo la puerta a Vigo
El magnate Juan Carlos Escotet y la alcaldesa Inés Rey deján atrás años de conflictos con un pacto que promete modernizar no solo el estadio, también el pabellón y los accesos. Ahora bien, nadie pone el dinero sobre la mesa necesario para convertir a Riazor en un estadio de 40.000 plazas -ahora tiene unos 33.000- por lo que no futbol en A Coruña en el Mundial de 2030. Una oportunidad que Vigo sin duda intentará aprovechar.
La alcaldesa Inés Rey y el presidente del Deportivo, Juan Carlos Escotet, cerraron este lunes en el Palacio de María Pita un capítulo que muchos coruñeses no querían ver llegar: la ciudad herculina no será sede del torneo más importante del fútbol mundial. En un intento de paliar el impacto de la noticia, presentaron un convenio por el que club, Deputación y Concello firman una alianza para transformar el entorno deportivo de Riazor, no solo el estadio.
El Salón de Plenos del Palacio Municipal acogió esta mañana una comparecencia histórica para A Coruña. La alcaldesa, Inés Rey, acompañada por el presidente del RC Deportivo, Juan Carlos Escotet, y por el presidente de la Diputación provincial, Valentín González Formoso, confirmó oficialmente lo que los medios llevaban días anticipando: la ciudad retira su candidatura como sede del Mundial de fútbol de 2030, que se disputará en España, Portugal y Marruecos. La decisión se tomó, en palabras de Rey, "ponderando el interés general de A Coruña" y la regidora la calificó como "sensata y responsable".
La candidatura coruñesa había superado el corte inicial de la FIFA en diciembre de 2024, cuando fue incluida entre las sedes preseleccionadas del certamen. Sin embargo, desde ese momento el proyecto no pudo avanzar. La ampliación de Riazor desde las 32.500 localidades actuales hasta las 48.000 que exigía el organismo internacional requería una inversión estimada en más de cien millones de euros, un coste que ni el Ayuntamiento ni el club lograron financiar.
A las dificultades económicas se sumaron obstáculos en materia de movilidad, seguridad y planificación urbanística que acabaron por hacer inviable la candidatura en los plazos marcados.
Un convenio para tratar de cerrar heridas
La renuncia al Mundial llega endulzada con un convenio que puede poner fin a años de peleas más o menos explícitas entre el magnate dueño de Abanca y del club, Juan Carlos Escotet, y el gobierno socialista de la ciudad.
Hoy Inés Rey y Juan Carlos Escotet presentaron un acuerdo de colaboración entre el Concello y el RC Deportivo que contempla la modernización del complejo deportivo de Riazor, incluyendo el propio estadio, el Pabellón de los Deportes y la piscina municipal.
Por ahora no se conocen detalles sobre quién pagará qué, algo clave teniendo en cuenta que el motivo de las peleas constantes entre el club y el Ayuntamiento nacen de que el recinto es municipal.
La alcaldesa describió la intervención como "una reforma ambiciosa" orientada a la modernización del recinto, aunque sin la magnitud que habría implicado la candidatura mundialista. Los detalles económicos y el calendario de ejecución quedan pendientes de las reuniones que arrancarán próximamente entre las dos instituciones: "Ahora mismo no estamos para dar fechas y cantidades", reconoció la propia Rey.
El convenio pone, al menos de puertas hacia fuera, fin a años de distanciamiento institucional entre el Concello y el club. Desde la primavera de 2024, ambas partes mantenían un conflicto abierto en torno al uso del estadio municipal, que el Deportivo ocupa desde hace décadas por un canon de un euro al año. La tensión llegó a tal punto que se canceló la recepción oficial al equipo en el Palacio de María Pita tras el ascenso a Segunda División. Fue una reunión discreta celebrada la semana pasada entre la alcaldesa y Escotet la que desatascó la situación y abrió el camino al acuerdo presentado este lunes.
Escotet: "el crecimiento de la ciudad y del Dépor tienen que ir de la mano"
Juan Carlos Escotet, presidente del club y de Abanca, defendió con entusiasmo el acuerdo alcanzado y subrayó el valor de la colaboración público-privada como elemento central del nuevo convenio. El directivo destacó que el proyecto no busca únicamente cumplir con requisitos técnicos o reglamentarios, sino generar un espacio de valor para la ciudadanía los 365 días del año. "El objetivo es que el estadio proyecte el nombre de A Coruña en todo el mundo", afirmó Escotet, quien aseguró que el acuerdo supone "la base de una nueva etapa" en la relación entre el club y el ayuntamiento.
Según las palabras del dirigente deportivo, la visión de futuro para Riazor va más allá del fútbol: el estadio deberá convertirse en un equipamiento polivalente al servicio de toda la ciudad. "El crecimiento de la ciudad y del Dépor tienen que ir de la mano", sentenció Escotet ante los medios congregados en María Pita. Está por ver cómo se plasma esto, pues hasta ahora el Ayuntamiento había sido muy receloso de los planes de negocio del Escotet para hacer negocio privado con una instalación pública.
Las consecuencias para el mapa mundialista
La retirada de A Coruña convierte a la ciudad herculina en la segunda sede española en abandonar la candidatura, después de que Málaga tomara la misma decisión semanas atrás. El presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, ya había advertido en los días previos que A Coruña "tenía unos deberes que no se habían hecho", anticipando en declaraciones a la Cadena SER lo que acabó confirmándose.
Con la salida coruñesa, el mapa de sedes españolas queda debilitado precisamente cuando la FIFA tendía a preferir una concentración de estadios. La visita técnica que los representantes del organismo internacional tenían prevista para este miércoles 18 de marzo en A Coruña pierde ya su razón de ser.
Vigo y Valencia, en el horizonte
En el plano gallego, la pregunta ahora es si Vigo podría tomar el relevo. El alcalde Abel Caballero no ha ocultado su ambición de incluir Balaídos en el mapa mundialista, aunque el estadio olívico se encuentra en obras desde 2015 y alcanzará próximamente una capacidad de 30.000 espectadores, aún por debajo de los 43.000 exigidos por la FIFA. El propio Louzán ha reconocido que para que Balaídos cumpla los requisitos habría que añadir más de 13.000 plazas. A nivel nacional, Valencia emerge como la principal candidata para cubrir el hueco dejado por A Coruña y Málaga, con su nuevo estadio en construcción y capacidad para más de 70.000 espectadores.
Mientras tanto, en A Coruña se abre paso una reflexión inevitable. La alcaldesa fue clara al justificar la decisión: "No es fácil, pero gobernar es tomar decisiones". El convenio firmado con el Deportivo pretende transformar ese cierre de una puerta en la apertura de otra. "Hoy no cerramos una puerta, hoy abrimos otra de la mano del RC Deportivo de A Coruña", afirmó Inés Rey. Riazor no verá un Mundial, pero sí verá obras. Al menos, eso es lo que promete el nuevo acuerdo entre el Concello y el club más querido de la ciudad herculina.
De la cancelación del ascenso en María Pita al abrazo en el Palacio: tres años de guerra fría entre el Concello y Abanca
La imagen de Inés Rey y Juan Carlos Escotet firmando un convenio en el Salón de Plenos del Palacio Municipal es, en sí misma, un símbolo. Porque esa misma sede fue durante años el centro de la disputa más visible entre las dos instituciones que hoy se presentan como aliadas. En mayo de 2024, el entonces recién ascendido Deportivo de A Coruña no celebró su subida a Segunda División en la Plaza de María Pita, como había sido tradición histórica del club. La directiva, con Escotet al frente, rechazó la invitación del Concello. La alcaldesa respondió calificando el gesto como "una falta grave de respeto a la historia de la ciudad" y denunció que se estaba utilizando al Dépor y a su afición "para chantajear y sacar rédito particular".
El origen del conflicto era el convenio de cesión del estadio de Riazor. El acuerdo vigente desde el año 2000, firmado por el expresidente Lendoiro y el entonces alcalde Francisco Vázquez, permitía al Deportivo usar el recinto municipal prácticamente de forma gratuita. Pero Abanca quería más: la entidad exigía al Ayuntamiento la entrega total y gratuita del estadio para su explotación económica y comercial en exclusiva, más allá del ámbito deportivo. El Concello, que consideraba Riazor un bien público al servicio de todos los coruñeses, se negó en redondo a ceder los espacios comerciales del recinto a la entidad bancaria.
Derechos del nombre, conciertos y el escudo de ABANCA
Las fricciones venían de antes. Ya en 2017, el Ayuntamiento había aceptado rebautizar el estadio como Abanca-Riazor para ayudar económicamente al club. Pero la tensión creció cuando Abanca reclamó reservarse todos los derechos sobre el uso comercial del nombre del estadio, incluida la capacidad de cambiarlo cuando y como quisiera. También existían fricciones con las cláusulas de rescisión del acuerdo anterior, que advertía de que podía romperse si se modificaba la estructura accionarial del club algo que había ocurrido en 2020, cuando Abanca se hizo con cerca del 77% del accionariado del Deportivo tras capitalizar 35 millones de euros de deuda del club, buena parte de ella con la propia entidad.
En febrero de 2026, la inauguración del Dépor Museo & Tour se celebró sin la presencia de la alcaldesa, que se encontraba en un compromiso institucional en Jerez. La ausencia de Rey no pasó desapercibida: se producía en plena discusión sobre la reforma de Riazor y el Mundial 2030, en la que Concello y club acumulaban desencuentros por la falta de información sobre el reparto de la financiación, En ese acto, Escotet compartió protagonismo con el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, del PP, lo que fue interpretado como otro gesto de distancia política hacia la alcaldesa socialista, que no acudió al evento.
Una reunión secreta que lo cambió todo
Fue una reunión a puerta cerrada entre Inés Rey y Juan Carlos Escotet la que intentó reactivar un diálogo que llevaba meses encallado. Esa cita discreta, celebrada la semana previa al anuncio oficial, fue el verdadero punto de inflexión. Aunque en un primer momento no hubo foto ni comunicado conjunto, hoy las dos partes han dado la cara juntas ante la prensa.
La renuncia de A Coruña insufla oxígeno a Vigo: Caballero lleva meses reclamando el sitio que ahora queda libre
El alcalde de Vigo, Abel Caballero, lleva meses repitiendo lo mismo en cada micrófono que se le pone delante: Balaídos debe ser sede del Mundial 2030. Y la renuncia de A Coruña este lunes le da, por primera vez en mucho tiempo, un argumento de peso. Con la retirada de Riazor, Vigo se queda como la única ciudad gallega aspirante a albergar partidos de la cita que se celebrará en España, Portugal y Marruecos dentro de cuatro años. El problema es que el camino para llegar hasta allí sigue lleno de obstáculos.
España tiene derecho a once sedes, pero solo envió diez a la FIFA
España tiene derecho a disponer de once sedes, pero la Federación Española solo remitió diez a la FIFA. Y Vigo no está entre ellas, a pesar de que Málaga, que ocupaba una posición por delante de Vigo en la lista, también renunció voluntariamente a la candidatura. Desde ese momento, Caballero intensificó su campaña. El alcalde remitió una carta al presidente de la RFEF, Rafael Louzán, solicitando que se mantenga el número de once sedes para España y que Balaídos sea propuesto oficialmente a la FIFA como la undécima candidatura . Y dejó caer una advertencia: si la Federación no actúa, el Ayuntamiento se pondrá en contacto directamente con la FIFA.
El choque con Louzán y la sombra del PP
El obstáculo político es evidente. Según Caballero, el presidente de la RFEF, Rafael Louzán, "está absolutamente en contra de que Vigo sea sede del Mundial". La relación entre ambos es pésima. Louzán, que fue presidente de la Diputación de Pontevedra por el PP, ha argumentado que la exclusión de Vigo responde a un "problema de tamaño" del estadio. Caballero lo niega con rotundidad y le acusa de mentir. El proyecto en marcha contempla un aforo final de 43.000 espectadores, cifra que ya fue incluida en la candidatura presentada ante la federación. Además, el alcalde olívico ha implicado en la presunta conjura al presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y al propio PP vigués, a los que acusa de no defender con suficiente energía la candidatura de la ciudad.
Balaídos: obras en marcha, pero el calendario aprieta
El estadio vigués lleva once años en obras. La reforma arrancó en 2015 y se espera que esté finalizada en 2027 con la conclusión de la nueva grada de Gol, que permitirá alcanzar las 30.000 butacas . Para llegar a los 43.000 que exige la FIFA haría falta acometer además la remodelación de la Tribuna, la más antigua del recinto. El propio Caballero ha reconocido que quiere financiar esa obra a tres bandas, con la participación del Concello, la Diputación y la Xunta. La Xunta de Rueda, de momento, no ha dado señales de entusiasmo.
Desde el Gobierno central, sin embargo, el apoyo es explícito. El presidente del Consejo Superior de Deportes, José Manuel Rodríguez Uribes, defendió la candidatura de Balaídos durante una visita a Vigo, subrayando que la ciudad "como muy pocas" representa la comunión entre España y Portugal, y apostó porque el Mundial 2030 tenga trece sedes en España para incluir a Vigo y Valencia.
La renuncia herculina llega en un momento clave. La FIFA ha reconocido a través de su director de relaciones internacionales que el proceso de elección de sedes "está abierto" aunque de momento no permite añadir nuevas candidaturas al listado oficial. Eso no impide que la presión política pueda forzar un cambio. La suma de la renuncia de A Coruña a la ya anterior de Málaga deja a España con nueve sedes confirmadas sobre las once a las que tiene derecho. Ese hueco es el que Caballero lleva meses señalando con el dedo. Si la RFEF y la FIFA dan su brazo a torcer, Vigo podría convertirse en la única ciudad gallega que agite una bandera en el Mundial 2030. Pero para eso, primero tendrá que vencer a Louzán.
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