¿Cómo detectar a tiempo una adicción en un familiar?

Entender la frontera entre un hábito social y una patología se vuelve fundamental para las familias que sospechan de un problema en casa. No se trata solo de sustancias, sino de comportamientos.


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Archivo - Máquina tragaperras en una sala de juegos. Foto de archivo.
Archivo - Máquina tragaperras en una sala de juegos. Foto de archivo.

Los recientes informes de las unidades asistenciales en Galicia revelan que el alcohol y el cannabis siguen liderando las consultas, aunque el crecimiento de las apuestas online preocupa especialmente entre los jóvenes. Para quienes conviven con esta realidad, buscar ayuda para la desintoxicación y rehabilitación es un paso valiente que suele llegar tras meses de incertidumbre y negación. La intervención temprana marca la diferencia entre un bache temporal y una enfermedad crónica que erosiona todos los vínculos afectivos.

 

El primer paso para buscar ayuda para la desintoxicación y rehabilitación es comprender que el consumo problemático no siempre implica una adicción física inmediata. Un consumo es problemático cuando la persona empieza a faltar a sus responsabilidades laborales o académicas por culpa de la sustancia o el juego. 

 

En este punto, el individuo aún mantiene cierto control, pero las consecuencias negativas empiezan a ser visibles para su entorno más cercano. Por el contrario, la adicción se define por la pérdida total de libertad frente al consumo, donde el deseo es irrefrenable y el síndrome de abstinencia dicta el ritmo de vida.

 

Señales que no debemos ignorar

Las señales de alerta suelen manifestarse primero en cambios bruscos de humor y una irritabilidad constante que antes no existía. Es común observar un abandono progresivo de las amistades de toda la vida y una tendencia al aislamiento dentro del propio hogar. 

 

Además, el descuido de la higiene personal o alteraciones drásticas en los patrones de sueño y alimentación funcionan como indicadores físicos de que algo no marcha bien en el equilibrio emocional del familiar.

 

La economía doméstica suele ser otro termómetro infalible para detectar una adicción en desarrollo. La desaparición de pequeñas cantidades de dinero o la solicitud constante de préstamos para gastos imprecisos son señales claras de que la persona necesita financiar un hábito que ya no puede costear. El aumento de la ludopatía ha hecho que este signo financiero sea uno de los más recurrentes en las consultas de atención primaria y servicios sociales.

 

Actuar de forma correcta como familiar requiere, por encima de todo, mantener la calma y evitar los juicios de valor que cierren las puertas al diálogo. Es un error muy común intentar proteger al adicto asumiendo sus deudas o justificando sus mentiras ante los demás, ya que esto solo retrasa la toma de conciencia del problema. La firmeza afectiva consiste en ofrecer apoyo incondicional para el tratamiento, pero marcar límites claros respecto a los comportamientos inaceptables dentro de la convivencia diaria.

 

El papel crucial del entorno

Resulta vital evitar los sermones constantes o los interrogatorios policiales que solo generan más distancia y desconfianza. En lugar de eso, los expertos recomiendan hablar desde el sentimiento propio, explicando cómo nos afecta su conducta sin caer en el ataque personal. La clave reside en fomentar la responsabilidad individual del afectado, haciéndole ver que el cambio es posible y que cuenta con un equipo familiar dispuesto a acompañarle en el duro proceso de recuperación.

 

En nuestra comunidad, la red de atención a las adicciones es amplia y cuenta con recursos públicos y concertados de gran calidad. El primer punto de contacto debe ser siempre el médico de cabecera en el centro de salud, quien puede derivar el caso a las Unidades de Conductas Adictivas. Estas unidades cuentan con equipos multidisciplinares de psicólogos y médicos que evalúan cada situación de forma integral y gratuita, garantizando el anonimato y la profesionalidad que el paciente requiere.

 

El SERGAS (Servizo Galego de Saúde) ofrece una red de recursos públicos para el tratamiento de las adicciones integrados dentro de su cartera de servicios sanitarios especializados. Estas incluyen unidades asistenciales de drogodependencias y programas de asistencia a trastornos adictivos con un enfoque biopsicosocial, en los que participan equipos multidisciplinares de médicos, psicólogos, enfermería y trabajadores sociales para diagnóstico, terapias, rehabilitación y educación para la salud, garantizando atención voluntaria, gratuita y confidencial. El acceso normalmente se hace a través de los profesionales de atención primaria, que pueden derivar a las personas afectadas a las unidades adecuadas según sus necesidades. Además, existe un mapa de recursos asistenciales de Galicia donde se detallan los centros y servicios disponibles para estos problemas de salud.

 

Resulta vital evitar los sermones constantes o los interrogatorios que solo generan más distancia y desconfianza. En lugar de eso, los expertos recomiendan hablar desde el sentimiento propio, explicando cómo nos afecta su conducta sin caer en el ataque personal. La clave reside en fomentar la responsabilidad individual del afectado, haciéndole ver que el cambio es posible y que cuenta con un equipo familiar dispuesto a acompañarle en el duro proceso de recuperación.

 

Muchas veces, la familia necesita su propio espacio de apoyo para gestionar la culpa y el estrés que genera la convivencia con la adicción. Contar con acompañamiento profesional, tanto para la persona afectada como para quienes la rodean, permite afrontar el proceso de manera más segura y sostenible. Existen distintos recursos y equipos especializados que pueden ofrecer orientación, evaluación y seguimiento adaptados a cada situación, fomentando la responsabilidad individual y facilitando la recuperación dentro del entorno familiar.

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