Quo vadis Europa?

Manoel Barbeitos
Economista

De no cambiar mucho las cosas puede que el coronavirus acelere el proceso de  marxinalización de la Unión Europea dentro de la actual economía mundo capitalista. Si en sentido contrario China da un paso más de cara al liderazgo, de aquella la Unión Europea retrocede un escalón más. Las razones, como siempre, son políticas. Las políticas públicas que bajo el férreo control de la troica (Consejo Europeo, Comisión Europea y Banco Central Europeo), pero impuestas por Alemania, vienen aplicándose desde que explotase la crisis del 2008.


Una última muestra inequívoca de lo que señalo la tenemos en su reacción frente la pandemia del coronavirus. Encorsetada en unos rígidos tratados que ya mostraron su inadecuación para superar primero la crisis financiera del 2008 y luego la posterior gran recesión, la Unión Europea sigue sin dar los pasos necesarios hacia ser quien de actuar como una auténtica unión para así hacer frente con garantías tanto al reto del coronavirus como la nueva crisis que se nos viene encima y que acelera su impacto por mor de la pandemia. Claro que para que eso suceda la Unión Europa tendría que revisar muchos de los tratados firmados desde su constitución como UEM (Tratado de Maastrich, 1992). Revisión necesaria, ya que desde esa fecha la Unión Europea no hizo más que alejarse de los objetivos fijados en su constitución.


El Artículo 2 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea recoge que la comunidad tiene por misión “un desarrollo armonioso, equilibrado y sostenible de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un alto nivel de empleo y de protección social, un crecimiento sostenible y no inflacionista, un alto grado de competitividad y de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de protección y de mejora de la calidad del medioambiente, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros”.


Hay pocas dudas de que de todos estos objetivos la UEM solo puede presentar un balance positivo en el control de la inflación. Sobre el resto, la realidad europea presenta un panorama radicalmente distinto como así evidencian los propios informes internos (EUROSTAT). Una dinámica económica marcada por sucesivas crisis sistémicas, un elevado desempleo (que ahora con el coronavirus se dispara), un nivel de bienestar que esconde los mayores índices de desigualdad social y de pobreza conocidas en la historia de la UEM, un grave deterioro medio ambiental y, como motor político de este declive, un comportamiento insolidario entre los estados miembros que desnaturaliza la propia esencia de la Unión Europea son hoy la foto fija de la UEM. Bien es cierto que no hizo falta que la pandemia del  coronavirus pusiese en evidencia estos fallos de la unión pues ya se venían arrastrando desde mucho antes.


Fallos que arrancan desde la propia constitución de la comunidad europea cuando se sentaron las bases políticas de la desigualdad y la desunión. Hoy sabemos que para que  Alemania aceptase firmar el Tratado de Maastrich los estados europeos tuvieron que asumir la ortodoxia monetaria alemana: una moneda fuerte (euro) en línea con el marco y un banco central (BCE) que adoptase como propios los principios del  Bundesbank. Una bomba de relojería para una unión entre países con muy diferentes balanzas comerciales y fiscales. Una bomba de relojería que sí se puede controlar en las fases expansivas de la economía explota en las fases recesivas disparando las deudas públicas de los estados con déficits comerciales y fiscales. Estados que para compensar esos déficits y no teniendo soberanía monetaria tienen que acudir las devaluaciones internas para equilibrar sus balanzas pero provocando recesiones económicas por debilitamiento de la demanda como sucedió recién luego de la crisis bancaria (2008).


Una apuesta por la de ortodoxia económica que tendría su continuación en nuevos tratados que firmaron en piedra deberes austericidas para todos los estados de la UEM. Así, con la aprobación de los MEDEECG y las reformas constitucionales oportunas, los estados de la UEM se comprometieron a que el control de los déficits y el pago de las deudas públicas tuviesen prioridad sobre cualquier otro objetivo macroeconómico. Unas deudas públicas para cuya financiación los gobiernos europeos deben acudir a los mercados secundarios dado que, como había quedado aprobado en el Tratado de  Maastricht, el BCE a diferencia, por caso, de la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, no puede actuar de prestamista en primera instancia. Un criterio que encarece enormemente la financiación y dispara las deudas. Unos tratados ortodoxos que debilitan la demanda interna y llevan a los estados de la UEM de recesión en recesión pues primando la política monetaria sobre la política fiscal incluso en las fases depresivas de la economía están impidiendo la recuperación económica y la creación de empleo al tiempo que disparan las desigualdades socias y los desequilibrios territoriales.


Una ortodoxia sin base científica ni empírica que, contra toda lógica económica, se mantiene incluso cuando se dan situaciones de excepcionalidad gravedad como sucede actualmente con la crisis provocada por el coronavirus. Una crisis cuya resolución demanda una política fiscal común fuertemente expansiva frente a la cual la respuesta de las autoridades europeas poniendo el foco exclusivo en la política monetaria deja de nuevo en evidencia que la actual UEM no se apoya en la solidaridad entre sus miembros sino en el “sálvese quien pueda” ... pero primero Alemania.


Por este camino no debería sorprender que las voces europeas que cuestionan las supuestas ventajas de la pertenencia a la UEM sean cada vez más numerosas y potentes. Cada vez son más los ciudadanos europeos que desechan de esta Europa insolidaria que incumple sus principios fundacionales.

1 Comentarios

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Éso es lo que le gustaría a usted,verdad Manuel? Que Europa acabe sometida al oscurantismo político y económico de la ideología opaca comunista china. Pero éso no lo verán sus ojos,Manolito....Así que dediquese a cosas más productivas como mirar a las nubes y contarlas. Lo otro es buscar maraña,y en estos momentos gente así no interesa. Se le nota demasiado el plumero....más que economista,usted es comunista,a secas...

escrito por Eldemoniodetasmania 16/may/20    15:16

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