Galicia: un país que se deshoja

Manoel Barbeitos
Economista

No resulta exagerado el pensar que de no cambiar las cosas, de seguir por el camino que vamos, Galicia como país dejará poco a poco de existir para dar paso a una entidad social más difusa y  despersonalizada. Menos comunidad y núcleos aislados.


Por esta razón la defensa de Galicia como debería figurar como eje central de la lucha política, como motor del activismo político. Claro que esta conciencia no debiera hacernos olvidar los demás problemas que nos afectan sino ayudarnos a llegar a su raíz y tener así una visión más acomodada de los mismos y de las relaciones que hay entre ellos. Por caso, la defensa de Galicia como país debería ayudarnos a tener una mayor y amplia sensibilidad con la desigualdad y la pobreza en esta tierra. Sobre sus causas y vínculos con otros problemas.


El desafío para la clase política gallega y, en general, para todo el activismo político, debería ser cómo articular la lucha por mejorar las condiciones de vida y existencia de la mayoría de los/as gallegos/as con otras reivindicaciones de carácter más general que tengan la defensa del país como hilo conductor. La defensa de una Galicia democrática, socialmente avanzada y medioambientalmente sostenible.


Así, y por caso, la lucha por el empleo en A Mariña lucense no debería separarse de la lucha por la defensa del medioambiente y contra el cambio climático. No deberían separarse porque están juntas. Una de las imágenes más espectaculares que nos dejó la cuarentena fue la de los cambios en la atmósfera que pusieron en evidencia el enorme impacto que la contaminación industrial y urbana tiene sobre la atmósfera por los crecientes niveles de carbono. Un impacto que en Galicia también fue muy visible. Por esta razón y delante de una convocatoria electoral como la de 12 de julio los/as gallegos/a deberíamos preguntarnos qué respuesta tienen las organizaciones políticas frente a este problema cada vez más grave para el país. La concentración de gases contaminantes en la atmósfera está en niveles de récord y es conveniente saber que Galicia es la cuarta comunidad española en emisiones, duplicando el promedio español. Todos tenemos información abundante del impacto que este calentamiento de la atmósfera está teniendo sobre las capas de hielo y estas sobre el nivel del mar. Entonces no deberíamos preguntarnos: ¿está Galicia fuera de este peligro?


Aunque aparentemente no tienen relación, deberíamos tener en cuenta que las dudas sobre lo futuro de una factoría de aluminio en la costa lucense surgen al tiempo que la provincia de Lugo, la más ganadera de Galicia y posiblemente de España, de una manera silenciosa, pero no por ello menos dramático aunque con no menor impacto mediático, viene en las últimas décadas perdiendo explotaciones ganaderas ininterrumpidamente. Una pérdida que ronda el 40% en lo que va de siglo y que es deber tanto al mercado como a la incompetencia de las administraciones públicas. Una pérdida de explotaciones que, por caso, incide directamente en la pérdida intensa de población: la provincia española que más población perdió en este siglo. ¿Que esto suceda no es un síntoma de que este país se nos cae a cachos? A pesar de que en esta campaña electoral los partidos políticos han puesto el foco en la industria de A Mariña lucense, cosa totalmente comprensible, pero no debemos olvidar que en la provincia de Lugo está la gran base del que tenía que ser uno de los pilares económicos del país gallego. Pues, sinceramente. ¿Cabe pensar en un país gallego sólido sin una agroindustria potente? ¿Cabe pensar en una agroindustria potente sin la participación destacada de los ganaderos lucenses? Cumple dejar bien claro que la defensa de una agroindustria potente como pilar de la economía gallega no está discutida con la denuncia de muchas prácticas agroganaderas nocivas con el medioambiente como, por caso, está sucediendo en la comarca de la Limia. Por cierto otra comarca que se  desertiza.


Vistos los precedentes de las últimas décadas cabría, en definitiva, preguntarnos con rigor y seriedad si en este país no es posible defender el crecimiento económico y la creación de empleo, que hoy por hoy es lo que más preocupa la mayoría de los/as gallegos/as, sin castigar el medioambiente, sin condicionar el futuro del país. ¿Estamos, por caso, los gallegos condenados a maltratar el medioambiente y los recursos naturales? ¿A destruir el país? Los partidos políticos y todo el activismo no debería ignorar que, según las encuestas más fiables y aunque algunas evidencias parezcan demostrar lo contrario, los/as gallegos/as estamos entre los ciudadanos españoles más preocupados por el cuidado del medioambiente.


Desigualdad, pobreza, medioambiente, crecimiento económico, empleo… tienen en  Galicia una dimensión de país. La prueba la tenemos en cómo conforme estas variables son más negativas más se nos deshoja el país, menos país tenemos. No deberíamos perder de vista esta evidencia.

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