Dogmas del soberanismo gallego

Manoel Barbeitos
Economista

Ahora que se inicia una nueva legislatura después de que el soberanismo gallego (BNG) obtuviese un muy buen resultado en las últimas elecciones autonómicas, tal que justifica su aspiración a gobernar en un futuro bien haría aquel desprendiéndose definitivamente de algunos de sus dogmas que, carentes del más mínimo rigor científico y faltos de evidencias empíricas, le restan mucha credibilidad delante de un amplio electorado que simpatizando con el soberanismo no puede aceptar este tipo de relatos. Electorado sin cuyo apoyo el soberanismo gallego no podrá llegar a liderar un gobierno en Galicia.


Uno de estos dogmas, seguramente el más utilizado y que aparece siempre la hora de tratar de explicar el por qué de muchos de los problemas que afectan a Galicia, es aquel que se esconde tras la cantinela "la culpa es de Madrid". Un argumento con el que intentan tapar muchas de las limitaciones de su ideario soberanista. Un argumento que da votos pero que también perjudica enormemente su estrategia política pues choca constantemente con la realidad empírica.


Recién tuvimos varias evidencias de los costes políticos de este dogmatismo. Que, por caso, a los gallegos nos ataca una pandemia (COVID.2) de origen y dimensión desconocidos, como le está sucediendo prácticamente a todo el planeta: la culpa es de Madrid. ¿Por qué? Porque "si el gobierno español hubiese en su día cerrado a capital del estado", donde se estaban produciendo el mayor número de contagios, la pandemia no se habría extendido por toda España y, por tanto, no habría llegado a Galicia. Argumento que se acompañó de las consabidas críticas al carácter centralista del gobierno español reflejado en este caso en la creación de un mando único. Como se puede ver estamos delante de argumentos de nulo rigor científico que, como sucede siempre, finalizan chocando con la realidad y las evidencias empíricas. Por una parte y con relación a crítica de un mando único durante la cuarentena cabe subrayar que una vez que se levantó esta (se volvió la normalidad) y las comunidades autonómicas tomaron la dirección  de la lucha contra la pandemia en su territorio se dispararon los contagios consiguiendo cifras récord y poniendo así en evidencia que, como subrayan los mayores expertos, la descentralización de la gestión de la pandemia dificultó enormemente una respuesta unitaria (he ahí el lamentable espectáculo competitivo en la compra de materiales como guantes,  mascarillas,  respiradores...). En relación a que si se hubiese cerrado Madrid se tendría evitando la propagación de los contagios simplemente decir  que esa tesis, como demuestran las evidencias, por su frivolidad no merece que se le preste atención. No estamos en la Edad Media cuando la gran peste negra.


Lamentablemente esta línea argumental parece minimizar la decisiva relevancia que en la expansión de la pandemia en Galicia tiene el hecho de que la actual Xunta de Galicia (PP) esté desmantelando los servicios y las infraestructuras de la sanidad pública y de la atención a los mayores, con reducciones muy importantes de profesionales, servicios y materiales. Todo  eso cuando las evidencias, por caso europeas, muestran como los estados con mayor desenrollo de los servicios de bienestar, que además utilizaron un mando único central (cómo, por caso, Alemania) son los que están mostrando una mayor capacidad de respuesta frente pandemia como así confirman sus bajas tasas de mortalidad.


Esta auténtica obsesión por focalizar en Madrid el origen de la mayoría de los problemas que afectan a Galicia lleva a que, si por caso, la dirección de ALCOA, a pesar de los excelentes resultados obtenidos en la Bolsa, decide cerrar la factoría, o cuando menos una sección de la misma, la culpa sea de nuevo de Madrid. ¿Por  qué? Porque "Madrid nos está robando la electricidad que debería servir para reducir los costes energéticos y así hacer rentable esta factoría". ¿Que ALCOA sea una multinacional más interesada en las ganancias financieras que en la producción y que los fondos buitre estén especulando con la compra/venta de la factoría lucense? Ese no es el problema.


Si todos los males que afectan a Galicia tienen su causa y origen en Madrid también resulta lógico pensar que la mayoría de las decisiones que se toman allá son perjudiciales para Galicia. Así, por caso, si el gobierno español, junto con otros del sur de Europa logra, luego de una muy dura batalla política con los estados europeos del norte, un acuerdo que muchos consideran histórico (NGE) dado que supone el mayor gasto público aprobado por la UEM en su historia y en el que España e Italia aparecen como los estados europeos que más se beneficiarán del mismo. Para los profetas de este tipo de soberanismo tal acuerdo castiga a Galicia ya que, contra toda evidencia, la periferia queda derrotada en la cumbre europea quien prepara el camino a nuevos recortes sociales en la Galicia (sic).


En este  dogmático discurso incluso se acude a argumentos  provincianos de una enorme pobreza intelectual. Así, para este sector del soberanismo, Madrid aparece hoy como una copia de aquella antigua Roma que nos había descrito  Livio en la que todo se podía comprar y vender (votos, cargos, elecciones, sentencias....), donde la corrupción y el fraude reinaban a solaz. Este sector del soberanismo olvida que Madrid es, hoy por hoy, una villa de grandes contrastes (por caso, ser quien de tener a alguien como Díaz  Ayuso de presidenta de la Comunidad Autónoma pero también a Manuela  Carmena de alcaldesa de la villa). Que si es el domicilio fiscal de la oligarquía financiera e inmobiliaria, de los grandes monopolios también es la residencia de muchos/as trabajadores/as que lo están pasando muy mal ya que Madrid no escapa la lucha de clases: 12,6% de tasa de paro y un 15% de su población en riesgo de pobreza (datos anteriores a la explosión de la pandemia). Por otra parte rechina este espíritu crítico en relación a Madrid frente al clamoroso silencio sobre determinadas prácticas, también corruptas (Cataluña) cuando no terroristas (País Vasco), de organizaciones soberanistas periféricas.


Un dogma soberanista que, no obstante, vale para todas las situaciones y coyunturas. ¿Que A. Núñez Feijóo al frente del Partido Popular (PP) repite, por cuarta vez, una victoria por mayoría absoluta? La culpa es de Madrid. ¿Por  qué? Porque los partidos españolistas (PSOE, UP) no defienden los intereses de Galicia si no los de Madrid e impiden una mayor victoria de las fuerzas soberanistas que quedan solas frente las fuerzas españolistas y... frente al mundo.


No debería extrañar que las derechas gallegas (PP) se apropiasen de este  dogma para así desviar sus responsabilidades en la gobernación. En este marco podemos llegar a observar en Galicia el inédito espectáculo de unas derechas intentando mostrarse más soberanistas que las propias izquierdas. Una posición que, eso sí, les permite renovar las mayorías absolutas a pesar de no hacer nada por el país.


Volviendo al principio, el soberanismo gallego parlamentario (BNG) si realmente quiere llegar a liderar un gobierno de cambio en Galicia ha de actualizar muchas de sus tesis soberanistas.

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