"Hacemos exámenes online de forma presencial" protestan universitarios inquietos por su salud

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Galicia entra este miércoles en el nivel máximo de restricciones que puede aplicar la Xunta. El cierre de bares o gimnasios o limitar la apertura de los establecimientos no esenciales hasta las 18 horas es la penúltima baza -queda el confinamiento domiciliario- del Gobierno para frenar una pandemia desbocada. 


El fin último, como indicó el presidente Alberto Núñez Feijóo durante su comparecencia el lunes, es limitar en la medida de lo posible tanto la movilidad como los contactos exclusivamente a la unidad de convivencia durante, al menos, tres semanas con la esperanza de cortar la cadena de contagio y aliviar así la presión asistencial.


Universidad

Las universidades gallegas mantienen los exámenes presenciales, para malestar del alumnado | Foto: EP


Las medidas, sin embargo, no llegan a todos los rincones de la sociedad, ya que si bien Feijóo instó a las empresas a apostar por el teletrabajo, muchas personas seguirán viéndose obligadas a tomar el transporte público para acudir a sus centros de empleo, como pueden ser las muchas conserveras a lo largo y ancho del país que a diario reúnen a cientos de personas en sus instalaciones. Y a estos hay que añadir los universitarios gallegos, que en plena tercera ola tienen que asumir dos difíciles retos: ayudar a doblegar la curva y aprobar los exámenes, que seguirán siendo presenciales.


Los estudiantes, muy señalados durante esta crisis sanitaria como responsables del rebrote, ahora ven con incredulidad como todo el país se para porque la situación es límite mientras ellos tienen que seguir acudiendo a sus facultades durante la época de exámenes. Ya en diciembre el estudiantado advirtió de los riesgos existentes y presionó a las universidades gallegas para que rectificasen su decisión de realizar los exámenes presenciales y optar por una evaluación telemática, opción que fue desestimada por la USC, la UVigo y la UDC, como también desestimaron el lunes la alternativa de cambiar el calendario de exámenes y realizar las pruebas que quedan de forma online hasta el 8 de febrero, momento en que reanudarán las clases, ahora sí desde sus hogares.



LA MATERIA ONLINE PERO EL EXÁMEN PRESENCIAL

Con Galicia más castigada que nunca, miles de estudiantes procedentes de distintos puntos de la comunidad y de otras regiones se ven abocados a ser evaluados de forma presencial, algo que muchos consideran evitable y que no hace más que poner en riesgo tanto a ellos como a sus familias. “Prefieren que hagamos los exámenes presenciales obviando nuestras preocupaciones, correos, situaciones personales, ya sin mencionar las familiares, porque hay gente que vive con personas de riesgo… Me parece indignante”, denuncia una alumna desde Ferrol.



Los exámenes son presenciales porque las universidades son espacios seguros, pero la decisión sobre si debían ser o no presenciales la tomaron en una reunión telemática”, ironiza un alumno de la UVigo. “Nos vendieron que las aulas son espacios seguros porque hay distancia, mascarillas, desinfección…pero cada uno viene de su casa, de su pueblo o ciudad”, esgrime una alumna de la USC, en la misma línea que otro de la UDC, que ve muy incoherente “cerrar bares y teatros” y a la vez “meter a 200 personas en un aula”.  


A renglón seguido, los tres alumnos recuerdan que los exámenes son presenciales en una época en donde predominó la semipresencialidad en las tres universidades gallegas, lo que en sí mismo resulta un contrasentido. “Tuve asignaturas con clases presenciales una semana de cada tres. ¡Una clase cada 21 días!”, critica una alumna de la USC, a la vez que muestra sus dudas sobre si volverán o no a las aulas en lo que queda de curso, aunque eso no evitará que sigan pagando alquileres y facturas. “No tiene sentido asistir a clases online todo el cuatrimestre pero cuando las cosas se ponen jodidas de verdad nos obligan a que todo sea presencial”.


AGLOMERACIONES, VENTILACIÓN, DISTANCIA MÍNIMA, PASEOS INNECESARIOS…

Antonio López, rector de la universidad compostelana, aseguraba que en este escenario se reforzará la vigilancia para evitar aglomeraciones y garantizar el cumplimiento de las medidas. Sin embargo, este mensaje, que también llegó a los alumnos, anulaba la potestad de los profesores para adaptar sus exámenes atendiendo a criterios propios. Algunos alumnos señalan que el comunicado del rector hizo a algunos docentes dar marcha atrás en su decisión de realizar algunos exámenes online una vez vistas las medidas de la Xunta, lo que trastocó incluso la organización del propio alumnado y provocó prisas entre los profesores para volver a adaptar sus pruebas.


El refuerzo, en cambio, llega tarde para las aglomeraciones. “No existe un protocolo universal antes de entrar al aula. Se dan ocasiones en las que estamos todos juntos en los pasillos y es imposible guardar la distancia”, lamenta una alumna de Sociología de la UDC. “La gente en los corredores no respeta la distancia de seguridad. Vale que los profesores no son policías, como tampoco lo son los camareros o dependientes, pero no hay nadie que diga que eso no se puede hacer y en los bares y tiendas sí lo hacen”, reprocha otra estudiante de Educación Infantil en el campus de Lugo.



Un alumno de Farmacia, en cambio, señala que en algunos exámenes los profesores sí lograron evitar las aglomeraciones: “En dos exámenes los profesores llegaron tarde y nos tocó esperar a que nos abriesen la puerta para ir a nuestro sitio. Hubo aglomeraciones durante al menos 15 minutos”.


Los matriculados en Farmacia, además, fueron doblemente castigados en esta pandemia, porque al no contar con facultad propia –algunos obtendrán el titulo sin haber pisado nunca su facultad- dependen de los espacios libres que queden en otras instalaciones. “En algunas aulas las ventanas eran muy pequeñas como para que la ventilación fuese suficiente. La ranura es casi como la de un folio”, explica un alumno.



Esta es una vivencia compartida por muchos alumnos, que si bien señalan que en los exámenes tratan renovar constantemente el aire, tener las ventanas y puertas abiertas muchas veces es insuficiente, además de que obliga a los estudiantes a necesitar mucha ropa de abrigo. “Nos tocó hacer exámenes en plena ola de frío con las ventanas abiertas”, denuncian, mientras otros alegan que hay ventilación “cuando se acuerdan los profesores”.



Por otro lado, muchos alumnos critican que, aunque se trata de reducir la movilidad y evitar los contactos, al finalizar los exámenes deben entregarse en mano al profesor, lo que obliga a muchos a recorrer el aula o pasarlos de mano en mano. “Imagínate: 150 papeles tocados por todos los alumnos”.


También añaden que si bien hay hidrogeles “todos tocamos el mismo desinfectante al entrar” y que aunque tratan de cumplir con la distancia de seguridad, en algunas aulas, por sus dimensiones y el número de alumnos convocados, es imposible guardar la distancia obligatoria ya que “no hay espacio físico para guardar la distancia”. “Una compañera se quejó de que con alguien sentado en la mesa de detrás incluso notaba el aliento en la nuca”, denuncia una alumna, que cree que se debería ser más previsor y dividir los grupos en más clases.  


“HAY EXÁMENES QUE PODRÍAN HABER SIDO ONLINE”

Cabe destacar el hecho de que, algunas materias, especialmente aquellas de carácter práctico o que necesitan de fórmulas u operaciones matemáticas, es muy difícil evaluarlas desde casa. “Te obligan a hacer fotos a ejercicios y es complicado adaptar un examen de problemas con ecuaciones al formato online”, considera un alumno. Una alumna del máster Derecho esgrime que, además, la presencialidad da la oportunidad a profesor y alumno de aclarar dudas y no estar tan atados al reloj, algo que sí ocurre en los exámenes online, donde el tiempo que fijan los test para las respuestas es demasiado escueto en muchos casos. “Además, nos evalúan simulando un proceso judicial, y la simulación del juicio tiene un gran peso. Sería imposible hacerlo online”, agrega.


Pese a todo, la mayoría coincide en que muchos exámenes presenciales, aquellos de más carga teórica, podrían realizarse online. “Nos juntan innecesariamente con personas que tienen contacto con a saber quién… Algunos trabajan en hospitales”. Otra estudiante dice que sus cinco exámenes fueron presenciales y tipo test. “Podrían haber sido online perfectamente”, razona.  


EL MIEDO “IRRACIONAL” DE LOS PROFESORES A COPIAR

El sentir general es que criterio para determinar la presencialidad no dependía tanto de los contenidos como del miedo imperante en la educación española a que los alumnos copien. “No se podían arriesgar a que copiásemos”, justifica un alumno de la universidad compostelana, que cree que hay un miedo “irracional” por parte del profesorado a que los alumnos copien. “Te lo dicen hasta los propios profesores. Algunos viven obsesionados y si se parecen dos respuestas, aunque sea mínimamente, las anulan o te suspenden directamente”, argumenta un alumno, que tacha de “innecesarias y absurdas” medidas como tener siempre la cámara del ordenador encendida.


Además, la brecha digital también se hace notar entre los docentes, que todavía no se han adaptado a las alternativas que ofrecen los campus online. Ese miedo a que los alumnos copien ha provocado situaciones berlanguianas, como la que relata una alumna de Podología en el campus de Ferrol: “Hicimos un examen todos juntos en el aula, pero cada uno con su ordenador personal. Era un examen presencial y online al mismo tiempo”.



El consenso general del alumnado es que, pese a que son conscientes de que la gestión es complicada, las universidades están suspendiendo en este apartado. “La gestión es ridícula o nula”, censura un alumno santiagués, mientras que desde A Coruña cuestionan la posibilidad de que los exámenes online puedan “devaluar” los títulos de las universidades españolas.  “Quieren quedar bien de cara a la galería y decir: ‘Mira que bien va todo que nuestro alumnado puede venir a examinarse’; no cuela”. “Que prevalezca el aprobado limpio sobre la salud dice mucho de la organización y de la gente que está ahí metida”, zanja una alumna, que no tiene tiempo para desarrollar mucho más su malestar porque tiene que preparar el examen del jueves que realizará junto a todos sus compañeros. 

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