Biólogos estudian la presencia al alza de orcas en las costas gallegas, pero sus interacciones "no son agresivas"

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A principios de mes varios avistamientos de ejemplares de orcas al norte de Galicia volvieron a encender las alarmas en torno a una especie criminalizada sobremanera después de los episodios registrados el pasado verano.


Las orcas, mamíferos de naturaleza curiosa pero que no representan una amenaza real para los humanos, fueron criminalizadas entonces en un momento de histeria que los expertos tratan de sofocar antes de que vuelva a reproducirse y que achacan "al desconocimiento" de la especie. 


Alfredo López, biólogo y portavoz de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA) atiende a Galiciapress para tratar de arrojar algo de luz a estos inusuales episodios e indicar a los marineros cómo deben actuar en estos casos en un momento en el que tanto los varamientos -más de 400 el pasado año- y los avistamientos inusuales como este de especie poco habituales en nuestra zona están al alza. 


Orcas

Orcas en la popa de un barco de Salvamento Marítimo | Foto: EP


No deberían estar, pero están. Así de simple y contradictoria es la explicación que tenemos de momento para un extraño fenómeno que se dio a principios de mes a orillas de Galicia, más concretamente en Fisterra: orcas cerca de la costa en marzo. La alerta que dieron marineros y pescadores a primeros de mes despertó cierta inquietud entre los trabajadores del mar, temerosos de que se repitieran los episodios de septiembre, cuando se reportaron incidentes con estos animales marinos que, por su curiosidad y tamaño, causaron daños a algunas embarcaciones.


La presencia de estos gigantes del mar despertó el interés de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA), que en cuanto tuvo conocimiento del suceso se puso a trabajar en el caso. La CEMMA es la entidad encargada del estudio poblacional de los mamíferos marinos, además de trabajar en su recuperación en caso de encontrar ejemplares heridos y de la gestión del banco de muestras de estas especies. Alfredo López, biólogo y portavoz de la coordinadora, recalca en primer lugar que estos avistamientos a estas alturas del año “no son habituales”.


“Las orcas son una especie poco frecuente en Galicia y, por lo que sabíamos hasta ahora, estacional -final de verano / otoño-. El año pasado hubo mucha presencia y durante un tiempo largo, más allá de las interacciones, y este año detectamos avistamientos desde la zona de Malpica a Fisterra y nos llamó la atención porque en principio no contábamos con su presencia por aquí”, relata López


Así, la sorpresa al ver las orcas en marzo fue mayúscula no solo para aquellos que se cruzaron con ellas, sino para los expertos. Sin embargo, llama la atención la rotundidad con la que desde el CEMMA confirman que estas orcas no son las mismas que causaron tanto revuelo en septiembre. La explicación es clara y se encuentra en su dorsal: las aletas. Cada aleta es como una huella dactilar y no hay dos iguales, lo que permite a los expertos identificar a cada uno de los cetáceos que componen los grupos y realizar “un carnet de identidad” de cada uno de los animales.


“Las que protagonizaron las interacciones en verano están ahora en Gibraltar y lo sabemos seguro porque se identificaron varios de los ejemplares que fueron observados aquí. En esta ocasión no tenemos imágenes de calidad para ver las aletas y no sabemos quienes son, pero sabemos seguro quienes no son”, lamenta López, ya sin buenas fotografías no pueden determinar si este grupo está o no en su radar.


UN TEMA QUE PREOCUPA EN EL MAR

“La gente está nerviosa y preocupada y no se les ocurría coger el teléfono para fotografiarlas, pero aún así algunos barcos si permitieron recoger imágenes para identificarlas”. Un nerviosismo que bien se puede explicar desde el alarmismo que generó lo ocurrido en 2020 y al que desde la prensa contribuimos de forma decisiva con algunos titulares demasiado llamativos y que no cayeron bien en el CEMMA, que entonces declinó dar más declaraciones hasta no cerrar la investigación. Las restricciones de navegación aplicadas sobre algunas embarcaciones por el miedo a que estas pudiesen sufrir daños tampoco contribuyeron a calmar los ánimos.



Al principio los casos fueron calificados de ataques y no nos gustó cómo se estaba tratando el tema ni teníamos la información al minuto”, critican desde la CEMMA. En ese sentido, justifican que en estos casos las investigaciones, que todavía siguen su curso, son complejas “porque hay que jugar con muchos factores”, aunque sí les permitió localizar a varios ejemplares “que se repetían en las interacciones”. Estos ejemplares “reincidentes” fueron los que protagonizaron en torno a una veintena de interacciones a finales del pasado verano según las cuentas de los expertos.


Desde la CEMMA subrayan que si bien siempre hubo orcas en la costa gallega, “donde cazan el atún acorralándolo contra la costa”, en los últimos años se ha multiplicado de manera notoria el número de avistamientos. “En el último año hubo un aumento de avistamientos, posiblemente relacionados con cambios que se están dando en el océano y en los movimientos de los atunes, algo que llevan tiempo señalando los marineros al constatar una mayor presencia de atunes en nuestras costas, lo que explicaría encontrar a sus depredadores”.



NADA DE BALLENAS ASESINAS: CURIOSAS SÍ; AGRESIVAS NO

Con todo, todavía no tienen una conclusión sobre el por qué de este comportamiento. “En ningún caso identificamos intenciones agresivas por parte de los animales ni de hacer daño a las personas. Otra cosa es que en esas interacciones, por su tamaño, puedan romper algún elemento de los barcos”, sostiene el biólogo. Por esto, las embarcaciones pesqueras no deben tener la alerta constante de esta especie, ya que no representan un riesgo mayor del que se pueda pensar.


El miedo lo produce el desconocimiento. Los marineros conocen perfectamente a los arroaces, pero con las orcas hay más desconocimiento entre los navegantes y su comportamiento puede infundir miedo, sobre todo cuando los animales se acercan mucho a los barcos. Pero no interpretamos interacciones con daño intencionado”, recuerdan.


Pese a todo, y por lo que pueda pasar, desde la CEMMA recuerdan los pasos a seguir en caso de encontrarse en el mar con uno de estos imponentes mamíferos marinos: “No acercarse a las orcas, porque en una de las últimas interacciones fue producto de que la embarcación se acercó demasiado y provocó su reacción. En la mayoría de las interacciones los navegantes no advirtieron la llegada de los animales, pero si alguien las observa hay que dejarlas tranquilas y notificarnos su presencia. Y si no las detectamos pero interactúan con nuestro barco se recomienda parar la embarcación, parar la velocidad y en la mayor parte de los casos los animales pierden interés por la embarcación y se marchan”.



CASOS EXTRAÑOS CADA VEZ MÁS COMUNES

Además del estudio de las orcas, en la CEMMA se encargan de asistir a los animales marinos varados en nuestras playas, a las que anualmente llegan en torno a 300 animales. No obstante, esta cifra se incrementó el pasado año hasta superar los 444 varamientos. “La tendencia es al aumento, como observamos desde 1990 cuando empezamos el registro. En la mayoría de casos son cetáceos varados muertos, pero aproximadamente un 10% son ejemplares vivos y nuestro objetivo es intentar que puedan regresar al mar”, comenta López.


En el caso concreto de las tortugas y los leones marinos que llegan a Galicia desorientados desde el norte de Europa en el CEMMA buscan rehabilitarlos, pero los cetáceos son “casos más complicados”, por lo que tratan de reintroducirlos directamente en el mar para que tengan la oportunidad de sobrevivir. El delfín común es la especie más habitual, pero también se dan casos extraños, como los de los lobos marinos “que aparecen todos los años, aunque en baja frecuencia” o hasta ballenas.


Por otro lado, cabe destacar que Galicia no es la única comunidad que registra avistamientos poco habituales en sus mares. El pasado verano, algunos medios afirmaban contar con evidencias del regreso de ejemplares de tiburón blanco a aguas del Mediterráneo. Con las orcas, parece que muchas especies buscan comida en otros espacios de forma más frecuente.


López sale al paso y sentencia que todavía no están comprobadas las observaciones en el Mediterráneo como para que estas se atribuyan al tiburón blanco, pero sí confirma que los cambios en el océano, ya sea por el cambio climático o la sobreexplotación de los mares, “afectan a todo”. Ocurre así con las quenllas o tintoreras, “que estamos avistando mucho en verano”, o incluso con las cada vez más frecuentes llegadas de medusas a las orillas. “Cosas que ocurrieron siempre pero en otra frecuencia y ahora vemos que se acrecientan”, concluyen desde la CEMMA.


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