¿Otro pacto del capó?

Manuel Fernando González Iglesias

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23-F: Miembros de la Guardia Civil salen del Congreso por las ventanas


A los que nos tocó vivir el 23-F, uno de los iconos que marcó el devenir de aquella "asonada" fue el llamado pacto del capó, un papel que se firmaba de prisa y corriendo que eximía fundamentalmente a "las bases" de aquella intentona golpista. Un papel al que no se le dio demasiada importancia mediática, pero del que todos nos enteramos y que marcó, querámoslo admitir o no" el devenir de los acontecimientos venideros y sobre todo la reforma integral del ejército español que comparado con el actual no tiene nada que ver.


En el Golpe del Procés nada, aparentemente nada, se parece a lo que fue la entrada del Teniente Coronel Tejero en el Congreso de los diputados. Y sin embargo, los primeros acontecimientos que vamos viendo, comienzan a hacernos vislumbrar cosas muy parecidas. Naturalmente, aquí solo hay, desde el 1 de Octubre, civiles y el trabajo de campo, se presume que se hace por detrás.


Muchas personas, como reconocía Miquel Iceta han intervenido intensamente con el vano intento de que Puigdemont convocara elecciones, no sé a cambio de que, y el ya cesado President se negó a hacerlo presionado por "Dios sabe quién", que ya se sabrá, pero cuando estaba todo cerrado, y el resultado ha sido que es Rajoy el que las ha convocado quedando como un demócrata de toda la vida, precisamente en la misma fecha. ¿Casualidad o acuerdo secreto?


Se cesa al gobierno, hecho que es consecuencia de la aplicación del 155, con lo cual, éste adquiere la condición de probable detenido y queda ante sus seguidores como ejecutivo patriota "pata negra", se deja irse de rositas legales a sus señorías diputados, a los que se les permite incluso sacar una urna para camuflar su culpabilidad manifiesta votando en secreto, vamos, como se dejó salir a los guardias civiles por las ventanas del Congreso el día de autos alejándolos en autobús del lugar de los hechos.


A Trapero se le cesa de madrugada para no hacer sangre y salvar su honor, y a su Jefe inmediato se le permite incluso irse "pacíficamente" con carta de despedida incluida cuando lo previsto por la CUP es que la Guardia Civil le desalojara de su despacho una z concluida la aplicación del 155. Todo, como ven muy pacifico y civilizado. O sea, muy catalán, o si lo prefieren muy independentista. Por supuesto Puigdemont no salió al balcón de la Generalitat, ni se arrió ninguna bandera como pedían sus seguidores concentrados en la Plaça de Sant Jaume. Y en la fiesta de los independentistas la Policía Nacional se quedó en "sus yates". ¿No les suena todo esto a acuerdo bajo mano?


El domingo, por supuesto, habrá una gran manifestación de los constitucionalistas, como ya la hubo tras el golpe del 23-F. Y estoy completamente seguro, que como pasó con los militares de alta graduación el 23-F los tribunales juzgaran a los políticos o gobernantes que han llevado a buen término este Golpe del procés hasta el final. Eso sí, espero que con la misma delicadeza que se trató a Milans del Bosch o al General Armada y sus patriotas amigos, amnistía incluida, una vez se haya tranquilizado todo el mundo.


Ignoro el papel que le reservan a la CUP, que son los que realmente tomaron ayer los primeros planos de las instantáneas del Parlament. Pero me puedo llegar a imaginar el escenario que les han adjudicado los "cerebros grises" que ha diseñado esta escenificación final de este golpe del 27-O. Mucho me temo que la solución va a pasar por el periscopio policial de su moderación o no en las revueltas callejeras que puedan producirse. Las ostias siempre se las llevan, los ingenuos o los tontos.


Si la historia imaginaria que les cuento, no es cierta, porque todo se rompe y nada es lo que parece, seguramente perderemos todos, especialmente los ciudadanos de a pie. Pero si lo es o la realidad se asemeja a este cuento, a lo mejor, hasta tendremos una reforma constitucional en condiciones en unos pocos meses, donde cada una de las partes, sepa las líneas rojas que no deben saltarse, y el Estado, o sea, España, redefina su futuro en base una descentralización justa en la que, como en el 78, todos nos sentamos "razonablemente" incómodos, por lo menos en los próximos cuarenta años.


Nosotros, como les escribía hace poco, con ocasión del aniversario de Tarradellas, a intentar que en Catalunya nos reconciliemos de nuevo y volvamos a sentirnos una sociedad feliz y próspera, que no es poco.


Artículo publicado previamente en Catalunyapress.es

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