Damián Rodríguez, el diapasón del Racing que ya marca el ritmo en El Sardinero
El futbolista gallego gana minutos en Santander esperando una reválida en el Celta de Vigo.
Si algo sabe hacer Damián Rodríguez es marcar los tempos y llevar el compás de todo cuanto sucede. Por eso, cuando vio que en Vigo no podía ser el metrónomo del Celta de Giráldez, buscó en otra orquesta donde hiciese falta un director. No le dolieron prendas cuando las ofertas llegaron de Segunda División, pues el de Ponteareas solo quería ganar minutos para demostrar que puede estar al frente de una filarmónica exigente, como la del Real Racing Club, donde ha sabido tocar las piezas precisas desde su llegada.
CAER DE PIE
El futbolista gallego ha dado con el ecosistema ideal para crecer en Santander. El Racing es un equipo al que le gusta tener la pelota, dominar y proponer. Con Gustavo Puerta o Gueye haciendo de escobas, lo que buscaban en Cantabria era un futbolista que supiese leer el juego como Peio Canales para completar la medular del equipo que dirige José Alberto.
Damián ha caído de pie en El Sardinero. Desde su llegada a mediados de enero se apostó por el futbolista crecido en A Madroa. Su influencia ha ido de menos a más, con unos primeros minutos ante Real Zaragoza y Barça saliendo desde el banquillo, en su estreno en Segunda y en el duelo contra los azulgranas en Copa, hasta las cuatro titularidades consecutivas en los seis partidos que ha jugado como racinguista.
Su único borrón hasta ahora fue la derrota en Los Carmenes ante un Granada que sorprendió a los líderes, que vieron la necesidad de recomponer el esquema en el descanso, obligando a Damián a irse a las duchas antes de tiempo.
Sin embargo, ayer ante el Mirandés fue todo lo contrario. El 23 jugó su mejor partido con los cántabros, jugando casi 70 minutos y llevando el ritmo del partido. De momento no ha dado goles ni los ha anotado, pero su influjo ya se percibe cuando el gallego tiene el cuero y lo hace circular a su antojo. Todo cuanto puede ocurrir pasa antes por sus pies para luego hacerse realidad. Todavía está afinando, pero poco a poco va recuperando la armonía. El diapasón funciona y tiene en mente volver a Vigo a final de temporada, quién sabe si con un ascenso bajo el brazo.
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