Vídeos | El fútbol juvenil gallego hace historia al clasificarse Celta de Vigo y Deportivo de A Coruña para la fase final de la Copa
El fútbol base de Galicia vibra con el histórico doblete de sus canteras más importantes: el Celta de Vigo y el Deportivo de La Coruña se han clasificado para la fase final de la Copa del Rey de fútbol juvenil, donde solo acceden cuatro equipos de toda España. Ambos clubes superaron duros cuartos de final ante rivales potentes, demostrando la madurez de sus estructuras formativas en A Madroa y Abegondo. La fase final se disputará entre el 11 y el 15 de marzo, con los vigueses enfrentándose al Betis y los coruñeses al Barcelona.
El Deportivo tuvo que viajar hasta las Islas Canarias para medirse al Tenerife, en un duelo marcado por la tensión competitiva y la necesidad de adaptarse a un escenario exigente como el Heliodoro Rodríguez López. Los de Miguel Figueira, que ya el año pasado tocaron el cielo alcanzando las semifinales de la Copa de Campeones, han vuelto a demostrar que son un grupo granítico, capaz de madurar los partidos hasta encontrar su momento, alejados de los focos pero efectivos en el césped.
El planteamiento de los blanquiazules en Tenerife fue una lección de pragmatismo y lectura de juego. El técnico deportivista agitó el árbol táctico introduciendo a Lucas Regueiro en el costado izquierdo, buscando tener más control y posesión para desactivar el ímpetu inicial de los locales. Sin embargo, el fútbol no entiende de planes teóricos y los coruñeses tuvieron que soportar un inicio fulgurante de los chicharreros, que salieron a morder espoleados por jugar en el estadio del primer equipo. Fue vital la figura del guardameta Anxo, que tuvo que intervenir nada más comenzar y ver cómo un disparo rival rozaba el larguero, manteniendo al equipo con vida cuando más apretaba la tormenta local.
Poco a poco, el Dépor fue templando los nervios y haciéndose dueño de la situación, imponiendo su ritmo y generando peligro real. La conexión entre Xabi Campos y los atacantes comenzó a funcionar, con internadas por banda que hacían recular a la defensa tinerfeña y avisos serios, incluido un remate al palo de Lucas Castro que bien pudo cambiar el guion antes del descanso. El equipo coruñés no se desesperó ante la falta de gol, mostrando una madurez impropia de la edad juvenil, entendiendo que su oportunidad llegaría si mantenían el orden y la intensidad defensiva que les caracteriza.
El premio a la insistencia llegó en el minuto 70, en ese tramo decisivo donde se definen las eliminatorias coperas. Una cabalgada de Guille por la derecha permitió conectar con Lucas Regueiro, quien no perdonó ante el meta Sosa para poner el 0-1 definitivo que vale un pase a la gloria. El tramo final fue un ejercicio de supervivencia, especialmente tras la rigurosa expulsión de Guille por doble amarilla en el descuento, pero el bloque de Abegondo supo cerrar filas y proteger un resultado que confirma a la cantera deportivista como una de las más fiables del panorama nacional, capaz de repetir presencia en fases finales de manera consecutiva.
Épica celeste bajo la lluvia de Vigo
Si el Deportivo tiró de oficio a domicilio, el Celta apeló a la épica y al fútbol total en su feudo. Las instalaciones de A Madroa, repletas de aficionados pese al temporal de viento y lluvia, fueron testigo de una remontada de las que crean afición ante un Athletic Club que llegaba como líder intratable. El ambiente en Vigo respiraba esa mística de las grandes tardes, donde la comunión entre la grada y los chavales se convierte en el jugador número doce, necesario para tumbar a un rival que históricamente compite cada balón como si fuera el último.
El encuentro comenzó con un susto mayúsculo para los intereses celestes, que vieron cómo la presión asfixiante de los vascos surtía efecto. Un error en la salida de balón propició el tanto de Navarte para el Athletic, un golpe que podría haber noqueado a cualquier otro equipo, pero no a este Celta de Alberto Suárez. Lejos de venirse abajo, el cuadro olívico reaccionó con una personalidad arrolladora, apropiándose del esférico y comenzando a ganar todos los duelos individuales, demostrando que en Galicia también se sabe jugar con intensidad y garra cuando el partido se pone cuesta arriba.
La reacción viguesa tuvo nombres propios y un fútbol de altos quilates. La figura de Kibet emergió para liderar la ofensiva, anotando el empate tras una gran jugada colectiva y un recorte de calidad dentro del área que levantó a los espectadores de sus asientos. El gol de la igualada cambió la inercia del choque y, tras el paso por vestuarios, solo hubo un color sobre el terreno de juego. El Celta borró del mapa al Athletic en la segunda mitad, imponiendo un ritmo vertiginoso que los bilbaínos fueron incapaces de seguir, desbordados por la ambición de unos jóvenes que querían la victoria a toda costa.
El tanto de la victoria celeste fue la culminación de ese dominio absoluto tras el descanso. Davila apareció en el punto de penalti para rematar una asistencia de oro, sentenciando una remontada justa y celebrada con euforia. El Celta no solo ganó, sino que convenció, eliminando a una de las canteras más potentes de Europa tras haber dejado atrás previamente al Villarreal y al Atlético de Madrid. El camino de los de Vigo hacia la Final Four ha sido una carrera de obstáculos superada con un fútbol vistoso y valiente, que honra la tradición de buen trato al balón que siempre ha caracterizado a A Madroa.
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