Misil pensado para bombas nucleares, Oreshnik, lanzado por Rusia contra Lviv, Ucrania (vídeo)

Advertencia del Kremlin tras el asalto a su petrólero por parte de EE.UU. y del pacto europeo para enviar tropas si hay alto el fuego. Es el mismo misil que ha desplegado recientemente en Bielorrusia y para el cual Occidente no tiene contramedidas eficaces.


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Misil Oreshnik en un desfile


La guerra en el este de Europa ha dado un giro de extrema gravedad durante las últimas horas, situando la amenaza balística a las puertas de la Unión Europea. La región de Leópolis, Lviv, situada en el extremo occidental de Ucrania y a escasos kilómetros de la frontera con Polonia, ha sido el blanco de un ataque con el misil Oreshnik, una de las armas más sofisticadas y temidas del arsenal ruso.

 

Este movimiento no solo supone un mazazo para la moral ucraniana, sino que envía una avertencia  que llega hasta el Atlántico, despertando una honda preocupación en la sociedad europea, que observa con inquietud cómo el conflicto escala cuando más dudas hay sobre el futuro de la Alianza Atlántica.


El ataque se produjo en medio de una alerta aérea que hizo vibrar los teléfonos de todo el país. Según ha confirmado Maksym Kozytskyi, máximo responsable de la Administración Militar Regional de Leópolis, el proyectil impactó directamente contra un objetivo estratégico de la infraestructura local. 

 

La precisión y la fuerza del impacto han dejado claro que la distancia respecto al frente oriental ya no garantiza seguridad alguna. Mientras los ecos de las explosiones aún resonaban en las calles de la ciudad, los canales de información confirmaban que el lanzamiento se había originado en el polígono de Kapustin Yar, un centro de pruebas situado en las profundidades del territorio asiático ruso. El misil voló a 12.000 kilómetros por hora, imparable.

 

 


La población civil de la zona describió una secuencia aterradora de estallidos que sacudieron los cimientos de los edificios. Se calcula que se escucharon más de diez detonaciones consecutivas, lo que hace sospechar a los analistas militares que el misil portaba seis ojivas múltiples, diseñadas para fragmentarse antes del impacto y causar una destrucción distribuida.

 

Este tipo de tecnología, conocida por su capacidad para saturar los sistemas de protección, ha dejado a la capital cultural de Ucrania sumida en una incertidumbre que se extiende por todas las cancillerías europeas, ante la evidencia de que las defensas occidentales actuales son insuficientes ante el misil supersónico.


Una amenaza que supera los sistemas de defensa occidentales 


La realidad técnica detrás de este suceso es especialmente sombría para las autoridades de Kyiv, que han admitido abiertamente su impotencia ante este vector de ataque. El sistema de defensa aérea del que dispone Ucrania actualmente carece de la tecnología necesaria para interceptar un misil balístico de estas características, que viaja a velocidades hipersónicas y sigue una trayectoria parabólica que lo hace casi indetectable para los radares convencionales hasta que es demasiado tarde. 

 

Esta vulnerabilidad sitúa a las ciudades occidentales del país en una posición de fragilidad extrema, eliminando cualquier sensación de refugio seguro para los desplazados internos. 


El despliegue de fuerza por parte del Kremlin no se limitó únicamente al uso del Oreshnik en la región de Leópolis. De forma simultánea, un enjambre compuesto por un centenar de drones de combate se dirigió hacia la capital, Kyiv, manteniendo a los servicios de emergencia en un estado de alerta total durante toda la madrugada. Esta táctica de ataque combinado busca no solo destruir infraestructuras clave, sino agotar los recursos de defensa y quebrar la resistencia psicológica de una población que se enfrenta a una nueva fase de la guerra mucho más tecnológica y letal.


Los expertos en inteligencia militar han advertido que el peligro no ha pasado con el primer impacto, ya que existen indicios de que Moscú podría repetir el uso del misil Oreshnik en ataques nocturnos inminentes. La posibilidad de que este armamento se convierta en una herramienta de uso recurrente plantea un escenario de escalada bélica sin precedentes. 

 

 

El temor a que estas acciones se conviertan en la norma ha provocado que los países limítrofes, especialmente Polonia, hayan reforzado la vigilancia en su espacio aéreo,.


El significado estratégico de un arma política 
Para entender la gravedad de lo ocurrido en Leópolis, es necesario analizar qué representa realmente el Oreshnik en el tablero internacional. No se trata simplemente de un proyectil de largo alcance; es un mensaje de disuasión política dirigido directamente a la OTAN. 

 

Al emplear un misil derivado de diseños intercontinentales contra una ciudad tan cercana a la frontera europea, Rusia subraya su capacidad para golpear cualquier capital del continente en cuestión de minutos, reduciendo al mínimo los tiempos de respuesta y forzando a los líderes occidentales a reconsiderar su apoyo militar a Ucrania. 


El valor estratégico del Oreshnik reside en su versatilidad, ya que es capaz de transportar tanto cargas convencionales como nucleares, lo que lo convierte en una herramienta de presión psicológica de primer orden. Al mostrar este armamento en acción, el Kremlin busca alimentar el debate en las sociedades europeas sobre los riesgos de mantener una postura de confrontación con una potencia que ostenta tal superioridad tecnológica en ciertos nichos de la balística. 


La reciente decisión de Moscú de trasladar este tipo de misiles a territorio bielorruso añade una capa de complejidad aún mayor al conflicto. Al posicionar el Oreshnik en Bielorrusia, Rusia ha puesto a casi todas las ciudades importantes de Europa dentro de su radio de acción, lo que altera el equilibrio de fuerzas que ha imperado durante décadas. Esta maniobra se interpreta como un intento de erosionar la unidad de la Alianza Atlántica, sembrando la duda entre los aliados sobre si el precio de la defensa de Ucrania podría ser una carrera armamentística que desemboque en un error de cálculo de consecuencias globales. 


Antecedentes y el debut del misil en 2024
Aunque el ataque a Leópolis (Lviv) ha causado un gran impacto mediático, no es la primera vez que Ucrania sufre el impacto de esta tecnología. El estreno operativo del Oreshnik tuvo lugar en noviembre de 2024, cuando fue lanzado contra una planta industrial en la ciudad de Dnipró. 

 

En aquella ocasión, el mundo observó con estupor cómo múltiples destellos iluminaban el cielo nocturno antes de impactar, en lo que fue descrito por los observadores internacionales como una "prueba de combate" destinada más a la exhibición que a la destrucción masiva de la ciudad. 

 

 


Aquel primer uso en Dnipró fue interpretado por muchos analistas como un aviso directo tras la autorización de algunos países occidentales para que Ucrania utilizara misiles de largo alcance dentro de suelo ruso. Sin embargo, el paso del tiempo ha demostrado que aquel evento no fue un hecho aislado, sino el inicio de una nueva estrategia militar rusa basada en la demostración de una fuerza que los sistemas Patriot o IRIS-T no pueden detener. 


Desde su debut en el año 2024, el Oreshnik se ha convertido en el protagonista de una guerra psicológica que busca desgastar la moral de Kyiv y sus aliados. La incertidumbre sobre si el próximo lanzamiento llevará una carga explosiva real, puede que nucleat, o simplemente instrumentación para pruebas mantiene a los analistas de inteligencia en un estado de tensión constante. 

 

Por su parte, los representantes de la OTAN no han emitido todavía una declaración formal sobre este último ataque, aunque el seguimiento de la situación es permanente. Lo que queda claro tras el humo de las explosiones es que la sombra del Oreshnik se proyecta ya sobre casi toda Europa.
 

 

 


 

 

 

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