"No tiene sentido formar un número excesivo de médicos que no va a encontrar acomodo laboral"

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  • "Cada año ya estamos teniendo mil y pico médicos que no encuentran acomodo en la formación como especialista. Dices: ‘bueno, pero lo van a encontrar al año siguiente’. Pero es que el año siguiente van a salir ya 8.000"
  • "El colapso de urgencias nunca significa una merma en la calidad asistencial pero sí una molestia para los enfermos" 
  • "La medicina está creando una enorme discriminación entre los seres humanos: los que tenemos acceso a la medicina y los que no tienen acceso a la salud" 



Julian alvarez decano medicina evaneira

Julián Álvarez en su despacho | Imagen: Eva Neira Carballo


El sistema sanitario es una de las grandes preocupaciones de la ciudadanía, y una de las máximas que escuchamos a menudo es la que falta personal médico. Galiciapress ha querido saber qué hay de cierto en esa afirmación, buscando en el origen de muchas profesionales: la universidad. El decano de la facultad de medicina, Julián Álvarez, nos habla de cómo es la carrera de medicina hoy en día, desde la parte formativa competencia de el Ministerio de Educación, el grado, a la que depende del Ministerio de Sanidad, la especialización. Repasamos con el decano la relación del número de plazas con el número de personas graduadas, las relaciones de la universidad con el Sergas, la falta de profesorado, el estado del Hospital Clínico y las expectativas y previsiones sobre la sanidad de mañana. 



¿Qué valoración hace de los presupuestos de la universidad, concretamente de los de la facultad de medicina?


Yo creo que es muy simple valorar los presupuestos. Los presupuestos han aumentado, la situación económica es lo que es. Con el equipo rectoral actual está habiendo un esfuerzo para algunos problemas estructurales y puntuales que tiene la facultad, intentar solucionarlos, y la sensación que tengo yo con el nuevo equipo, que ya la tenía con el anterior, es que vamos todos en el mismo barco y, efectivamente, hay un cierto desahogo económico y hay algunas posibilidades. Hay problemas estructurales en algunos edificios que, evidentemente, no se pueden arreglar desde las facultades, y a lo mejor tampoco se pueden arreglar desde el propio rectorado, pero estoy seguro que con la colaboración de los agentes, el rector va a encontrar solución, como no puede ser de otra forma. Tengo cierta tranquilidad porque tenemos un poquito más de presupuesto.


¿Considera que la carrera de medicina es atractiva para el alumnado?


Excepcionalmente atractiva. Es la más atractiva. Cuando dicen que el punto de corte de otro grado es más alto que el de medicina, comparan un grado que tiene, por ejemplo, cien alumnos, con nuestro grado que tiene trescientos sesenta. El cien de medicina creo que está siempre más alto que el cien de otro grado. Pero no me preocupa que sea 0.1 por encima o por debajo. Es una carrera como todas, excepcionalmente vocacional, y tenemos unos estudiantes magníficos. Es una carrera socialmente con muchísimo prestigio y además con un enorme componente social de curar la enfermedad. Yo creo que es una carrera muy atractiva para los jóvenes, y para nosotros eso es la mejor noticia que nos podrían dar. Que jóvenes con esas notas espectaculares, con tanta ilusión, con tanto trabajo, lleguen todos los años a esta facultad y a las demás facultades. Es lo más agradable de ser profesor sin ninguna duda.


Medicina también es conocida como una de las carreras más duras. ¿Cómo valora la carga de trabajo que tiene el alumnado?


Yo no creo que sea de las más complejas o de las que más años cueste acabar el grado. Hay carreras que tienen más dificultad. Es una carrera extensa, muy dinámica, tiene poco que ver lo que aprendían los egresados de ahora con los de hace 20 años. Es una carrera muy dinámica, compleja, y lo más importante no es lo que les enseñamos o lo que ellos aprenden. Lo fundamental es que aprendan a seguir aprendiendo toda su vida. Ese es el único mensaje que le podríamos dar, porque es una carrera absolutamente dinámica, y el antibiótico que debes utilizar hoy para tratar una osteomielitis posiblemente no es el que debas utilizar dentro de diez meses. Efectivamente en nuestra facultad hay cursos duros, que posiblemente integran un exceso de horas lectivas y estamos trabajando por cambiar el programa. Aunque sea un cambio menor es un tema arduo. Pero hay algunos cursos que tienen una dificultad excesiva, en concreto tercero.


El año pasado cuando fue elegido decano quería negociar un plan de ámbito gallego para potenciar medicina, con mayor implicación de Sergas para aumentar la plantilla de personal. ¿Cómo van esas negociaciones?


En ello estamos. Ya hemos firmado el primer convenio, hay doce profesores P6 que en 2020 o 2021 se van a convertir en contratados doctores o en profesores titulares. Para nosotros es exactamente igual porque las competencias docentes son las mismas, aunque no es profesor numerario el contratado doctor, pero no hay ningún problema. Desde el punto de vista de la facultad de medicina bienvenidos sean los profesores numerarios o los contratados doctores, porque además son profesores magníficos que nos ayudan y hacen magníficamente su trabajo y los necesitamos imperiosamente.


También están financiando plazas de profesores asociados en ciencias de la salud. Las relaciones con el Sergas son excelentes, no es cierto que la facultad de medicina sea una academia del Sergas ni muchísimo menos, pero nosotros formamos dos graduados: unos son médicos, que el noventa y muchos por ciento van a acabar en el sistema nacional de salud. Me da lo mismo que sea en el gallego, en el asturiano, en el inglés o en el portugués. Van a acabar en el sistema nacional de salud de algún país o de alguna comunidad, y nosotros tendremos médicos que se han formado en Inglaterra, o en Alemania, o en Noruega o en Dinamarca o en Malta. Estamos jugando en Europa y eso hay que reconocerlo. Lo razonable es que si nosotros formamos médicos y los dejamos a la puerta del MIR, que ya es una competencia del Ministerio de Sanidad, el Sergas esté interesado en ver qué médicos formamos.


La falta de profesorado es común en muchas carreras. ¿Cómo es en el caso concreto de medicina?


Ha sido dramático. El problema del profesorado es más que perder horas docentes. Formar un profesor [clínico] de la carrera de medicina son seis años de la carrera, cuatro de especialista, veinte años de adjunto. Yo antes me vine a Santiago de jefe de servicio y profesor asociado, empecé a publicar, profesor titular, catedrático… Si en aquellos años que yo pude empezar mi carrera docente por el motivo que fuera no hubieran convocado esa plaza, yo no hubiera podido desarrollar mi carrera docente y se habría perdido un profesor. Pero no porque en cinco años no hubieran salido plazas, sino porque esa generación se pierde. Eso es una pérdida que tiene un valor tan grande, es tan… me cuesta encontrar las palabras. No podemos perder una generación de profesores, porque son irremplazables. Por supuesto que todos los seres humanos son irremplazables, pero ¿te imaginas que perdiésemos una generación de escritores? Que nos hubiéramos quedado sin la generación del 27. ¿O que hubiéramos perdido los impresionistas? Ya sé que no somos tan populares como los impresionistas, pero perder una generación de profesores es cortar bruscamente un discurrir armónico. Es una carrera larga, y la mejor época profesional posiblemente de un profesor universitario va a venir después de los 45 años. Pero se ha empezado a formar a los 20, luego son 25 años de formación. Si esa formación, por el motivo que sea, no se puede comenzar has perdido 25 años, porque eso ya no lo vas a recuperar. Cuando se corta bruscamente el acceso a eso has perdido una generación, y eso es irremplazable.


¿Qué le espera al alumnado al acabar la carrera?


En este momento empezamos a volver a romper el equilibrio. No tiene mucho sentido formar a personas muy difíciles de reconvertir por su formación en un número excesivo que no va a encontrar acomodo laboral en el sistema. A lo mejor es más fácil que encuentre acomodo un abogado, porque las salidas son múltiples. En medicina tenemos el Sistema Nacional de Salud y la práctica privada, pero para entrar en la práctica privada tienes que ser especialista. En este momento el grado de medicina no es profesionalizante, es la especialidad. Luego necesitas una especialidad, y en este momento en España se convocan unas 6.000 y pico plazas de especialista –no hagas mucho caso de las cifras que son bastante dinámicas-, y están saliendo unos 7.500 médicos. Cada año ya estamos teniendo mil y pico médicos que no encuentran acomodo en la formación como especialista. Dices: ‘bueno, pero lo van a encontrar al año siguiente'. Pero es que el año siguiente van a salir ya 8.000.


Es verdad que hay especialidades que son deficitarias. Posiblemente medicina de familia, pediatría sobre todo en la asistencia primaria, radiología, anestesia… pero hay otras que el Consejo Nacional de Especialidades Sanitarias dice que se disminuya en número de médicos en formación porque no se necesitan más especialistas, y los que se están formando no pueden trabajar en su especialidad.


El equilibrio no puede ser exacto ni puede ser matemáticamente exacto, no podemos formar 6.500 porque hay 6.500 plazas. Pero no puede haber un desequilibrio de 1.500 o de 2.000. Es tan grave que haya médicos parados, como periodistas parados, como albañiles parados, mecánicos parados o maquinistas de Renfe parados. Un profesional formado parado es una tragedia, sin ninguna duda. Una tragedia humana y una tragedia social. No vamos a decir que es peor que esté un médico parado, porque es mentira, que esté cualquier otro profesional, que todos son necesarios. Pero hay profesiones que la reconversión o encontrar una actividad laboral puede ser más sencillo. Después de doce años de formarte en medicina, o trabajas de médico o el número de médicos dedicado a otras actividades es muy bajo.


En el año 2009 había 28 o 29 facultades de medicina. En este momento somos 42. Está parada la de Alicante, que es pública y se pasó a la de Elche, pero ahora Alicante quiere una nueva facultad de medicina. Me parece que ha pedido facultades públicas Almería, Huelva y Navarra, y creo que hay cuatro o cinco más privadas. Es decir, nos vamos a las cincuenta facultades de medicina. Nos vamos a aproximar a los 10.000 médicos de formación o a los 9.000, y el sistema no parece que vaya a expandirse mucho, luego en un futuro vamos a tener un exceso de graduados en medicina de 3.000 por año. En 10 años son 30.000 médicos que no se pueden formar como especialistas.


No es verdad es que falten médicos, sí que faltan especialistas puntuales en momentos puntuales. El sistema sanitario se tiene que dar cuenta de que a lo mejor tiene que cambiar su organización. Pensar que puede tener especialistas muy bien formados para trabajar los tres meses de verano es estúpido. Ningún traumatólogo va a estar esperando nueve meses en su casa cuidando el jardín para poner prótesis de hombro julio, agosto y septiembre, porque eso no tendría ningún sentido. Pesar que las vacaciones se pueden cubrir con médicos en paro es una locura, hay que reestructurar y reorganizar el sistema.


¿Cómo se ajustan los conocimientos aprendidos en las aulas a los que realmente son utilizados después en los centros sanitarios?


Eso es un debate precioso. En un colegio inglés pone, si no hago mal la traducción, ‘No lamentes el tiempo que has pasado estudiando, porque cuando hayas olvidado lo que has aprendido, eso se llama cultura’. Muchas veces no vemos la importancia de los conocimientos y tenemos la tendencia a hacer una formación excesivamente teórica, pero si tú conoces la teoría, te han explicado lo que es una apendicitis, te la has estudiado y ves un enfermo con una apendicitis, lo has aprendido para siempre.


Nosotros no somos técnicos, somos universitarios, y todos los universitarios tienen que ser la élite intelectual del país. El mayor estándar de conocimiento tiene que estar en la universidad, porque si no seríamos técnicos. En sanidad hay muchas profesiones absolutamente respetables que las hacen técnicos con un nivel de formación muchísimo menor. Nosotros no formamos sólo médicos u odontólogos. Pretendemos formar médicos universitarios y odontólogos universitarios. De alguna forma yo lamento que tengamos tan escasa capacidad de formarnos en la reflexión, en la filosofía, en el arte. Ya sé que es un concepto que si aparezco por el Ministerio de Sanidad o de Educación con estas ideas me iban a expulsar directamente del sistema, pero pretendemos formar profesionales críticos que entiendan la situación y que sean capaces de analizarla, de criticarla y de tomar medidas. Si nos quedamos sólo en esa parte técnica estamos cometiendo un error histórico, que posiblemente no lo veamos ahora pero no vean las siguientes generaciones de enfermos.


¿Piensa que Bolonia favoreció la enseñanza práctica en la carrera de medicina?


Mi sensación es que no está cumpliendo las expectativas con las que se generó, pero es un sistema que ha costado implantarlo, ha habido muchísimo trabajo, y hay que dejarlo que se asiente, por así decirlo. Pero Bolonia, como todo, es criticable, y yo pienso que hay que tomar medidas correctoras.


Es un sistema que puede ser útil, que está siendo útil. Que el profesional salga al mercado laboral con una serie de competencias está muy bien, pero no nos podemos quedar sólo en las competencias. Pero no nos podemos quedar sólo en las competencias, tenemos que formar en todo lo demás, sobre todo en la capacidad de aprendizaje, de reflexión y de crítica.


A mí me preocupa muchísimo la poca capacidad crítica que estamos teniendo los universitarios ante la realidad profesional y de la realidad social en la que vivimos, y creo que es una tragedia.


Hablaba antes del Hospital Clínico de Santiago, que a menudo está de actualidad y es el centro de numerosas críticas como, por ejemplo, los colapsos en el servicio de urgencias. ¿Qué opina sobre el estado del hospital?


Hemos notado mucho en los últimos años algunas situaciones que pueden hacer que en algunos aspectos haya cierto deterioro. El servicio de urgencias, eso no es un problema específico del Hospital Clínico. Como jefe de servicio me siento tremendamente implicado y lamento profundamente esas molestias, porque creo que el colapso de urgencias nunca significa una merma en la calidad asistencial pero sí una molestia para los enfermos.


Creo que eso son problemas puntuales y no nos debemos obsesionar con ellos. A mí lo que realmente me gustaría es que el Hospital tuviera claro cuál es el proyecto de hospital, que la Administración tuviera claro que nosotros somos un hospital clínico, que sólo hay ocho hospitales clínicos en España. Tenemos una vocación asistencial sin ninguna duda, pero tenemos una vocación educadora, formadora e investigadora que es lo que nos diferencia. No digo que los otros hospitales gallegos no la tengan, pero nosotros la tenemos que tener en el ADN.


Los problemas del hospital comprando un robot y tres máquinas nuevas. Lo que necesitamos es tener un claro proyecto de hospital. Queremos estar en el top de los procesos asistenciales y queremos seguir formando los mejores médicos con la colaboración de todos los hospitales del Sergas, que los necesitamos y creo que ellos también nos necesitan.


A mí preocupa infinitamente más el proyecto de hospital del 2030 que el colapso de urgencias del invierno pasado. Claro que me preocupa como profesor de esta casa, médico, como jefe de servicio y como paciente, que lo soy. Yo me trato en el Hospital Clínico, me han tratado un cáncer que he tenido y lo digo sin ningún rubor. Yo soy paciente, imagínate si tengo interés en que el hospital funcione bien. Pero me preocupan mucho menos esos problemas puntuales que pueda haber en un servicio, o el cierre de camas, que si todos tenemos claro la vocación y el proyecto de hospital que debemos mantener, y eso no depende sólo del Clínico, sino también de la Administración.


Viendo el alumnado y la sanidad de hoy, ¿cómo cree que será la sanidad de mañana?


Se lo digo a mis alumnos. Me dan una envidia terrible porque van a ver una sanidad que yo casi no soy capaz e imaginármelas. Yo tengo 62 años, y empecé a trabajar con enfermos a los 23. A veces les cuento historias a mis residentes, parece que son historias de Atapuerca, y son de los años 80. Lo que van a ver va a ser increíble, además estoy convencido: medicina de precisión, procedimientos menos invasivos.


Pero tenemos una amenaza que no es ni para Santiago, ni para Galicia, ni para España ni para Europa. La medicina está creando una enorme discriminación entre los seres humanos: los que tenemos acceso a la medicina y los que no tienen acceso a la salud.


Esta discriminación es terrible, porque la medicina es eficaz. La sanidad que nos va a venir va a ser una sanidad cara. Veo la medicina con un componente social fundamental, porque permite alargar la vida y mejorar la vida de los seres humanos. Tenemos que ser capaces de extender los cuidados sanitarios a todos los seres humanos -no sé cómo porque presupuestariamente se me escapa- y tenemos que reflexionar para que esa medicina que está llamando a nuestras puertas sea sostenible. No tiene ningún interés que tuviéramos la droga de la inmortalidad si sólo se pudiera financiar a 100.000 personas en el mundo, evidentemente es una estupidez. La medicina que viene es cara, y yo no veo reflexión entre los gestores económicos –no estoy hablando de la Xunta de Galicia, porque esto trasciende a Galicia y si me apuras a España-, en ese terreno de los gurús, que deberían irnos iluminando filosóficamente y con nuevas ideas. Vamos a tener que cambiar estructuras sociales para poder mantener esa sanidad que va a ser muy cara, y no podemos tener sanidades de tres niveles o de quince niveles.


Concretando un poco en espacio y tiempo, ¿cree que a partir de ahora España tendrá una sanidad universal?


No, y no tendría ningún sentido tenerla en España si no se puede tener en el mundo. ¿Qué pasa, que vamos a ser capaces desde España de atender a siete mil millones de habitantes? ¿La va a haber en Europa? No podemos dar soluciones simples a problemas complejos, es el mayor error que podemos cometer. ¿Vamos a ser capaces cada español de atender la sanidad de 100 africanos? Eso de la sanidad universal, como la justicia universal, la felicidad universal… no tiene ningún sentido. Es un problema muchísimo más complejo. No estoy despreciando esas iniciativas ni mucho menos, y vaya por delante mi apoyo a refugiados, salvar vidas… por supuesto, pero eso no soluciona el problema. 

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