España: ¡Qué país!

Rodrigo Brión Insua


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El doctor Vela durante el juicio


Hace años, concretamente en la década de los 80, se hizo enormemente popular en Estados Unidos un humorista llamado Yakov Smirnoff. En plena Guerra Fría, este cómico soviético emigrado al bloque occidental utilizó el humor para ilustrar las diferencias entre Estados Unidos y la URSS. Su espectáculo Estados Unidos: ¡Qué país! se volvió enormemente famoso y sus bromas aún son parte del acervo popular estadounidense. Bromas que en el show trataban de hacer una radiografía de la sociedad yankee y la comunista. El ejemplo más clásico del estilo de Smirnoff es la de: “En Estados Unidos tú ves la tele; en la Rusia Soviética la tele te ve a ti”.


En España, hoy por hoy, los adalides de la comedia son los integrantes del programa ‘La Vida Moderna’. En su concepto de lo que denominan ‘commedia’ no hay sitio para las medias tintas. Todo vale siempre que se diga en clave de humor. En cierto modo, su obra también ha calado en la sociedad, y no es inusual oír por la calle la muletilla de “¡Padre! ¡Lo de *lo que sea*!” seguido de un “Le dice la hija al padre”.


Transgresores y casi por derecho propio voz de los millennials, Ignatius, Quequé y Broncano defienden que el humor no conoce límites y que solo los tiempos deciden qué es aceptable en la comedia y qué no lo es. Por eso, lo que era gracioso hace cinco años, es posible que hoy por hoy sea visto como algo de mal gusto. Esto es extremadamente peligroso si nos ponemos a pensar en el contexto de las Redes Sociales, donde parece que todo vale y lo que se escribe queda grabado en piedra. Y el peligro aumenta si tenemos en cuenta que a día de hoy muchos procesos de selección de las empresas rastrean los perfiles de sus candidatos en la redes para saber qué escriben, qué siguen o qué dejan de seguir, y a partir de ahí determinar la validez del sujeto sometido al escrutinio de los censores.


Todo lo publicado en las redes deja un rastro imperecedero y que puede perseguir a una persona durante años, aunque esa persona haya cambiado su forma de pensar y en el momento de la publicación fuese muy ignorante de que lo que ponía podía herir sensibilidades. Tristemente, los tweets no prescriben, aunque afortunadamente la forma de pensar de las personas cambie. Lo que si prescriben son los delitos, como el del doctor Vela, absuelto de los delitos de robo de bebés a pesar de que su participación en la red de tráfico de recién nacidos está constatada. Los 85 años del acusado han pesado más que sus delitos, y la justicia madrileña ha dejado sin castigo al hombre que separó a Inés Madrigal de su familia biológica, la única de los más de dos mil denunciantes que ha logrado sentar en el banquillo al doctor Vela.


Vela está en la calle por unos delitos cometidos entre los años 60 y 80, los años en los que Smirnoff estaba de moda. Mientras, muchos twiteros esperan su sentencia por sus ofensas en la red. Ofensas que, a diferencia del tema de robar bebés, no prescriben, por mucho que la sociedad haya cambiado de un año para otro, de un mes para otro o de un día para otro. “¡Señoría! ¡Lo de los bebés robados! – Le dice Inés Madrigal y todas las madres que perdieron sus hijos e hijas a manos del doctor Vela a la justicia española”. Una broma pesada que ni ahora ni nunca tendrá gracia. 

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