Las debilidades del independentismo catalán

Manoel Barbeitos
Economista

La mayor debilidad del movimiento independentista catalán deriva de no haber calibrado en su justa medida al correlación de fuerzas debido a un, cada día mas evidente, infundado y excesivo optimismo. ¿Cómo sino explicar esa sorpresa delante de la brutal reacción del gobierno español de torno (PP) frente al inicial desafío independentista  DIU)? ¿No cabía esperar esa reacción toda vez que en aquellos tiempos eran las derechas españolas quien gobernaban? Unas derechas (PP) que iban a utilizar toda la fuerza que permite un estado europeo como el español. ¿O es qué, por caso, los lideres del independentismo buscaban esa reacción esperando así incrementar tanto su apoyo social en Cataluña como los movimientos de solidaridad en España y en Europa? Parece evidente que fuera cual fuera el cálculo político este resultó muy, muy errado.


El independentismo tenía que haber asumido que su fuerza es la que es, ni más ni menos y que además -esto para los iluminados- el “asalto al Palacio de Invierno” es historia, historia gloriosa, pero historia por lo que intentar repetirla lleva al desastre. Los repetidos resultados electorales señalan que las tres fuerzas que apoyan el procés (JxCat, ER y CUP) tienen la mayoría parlamentaria (68 de 135 diputados: una mayoría muy exigua) pero no la mayoría social o una mayoría muy precaria (47,3% de los votos electorales). 


Pensar en iniciar un proceso de independencia con esta correlación de fuerzas resulta una temeridad de muy dudosa justificación desde el punto de vista democrático. Una temeridad por qué significa que el independentismo se enfrenta con mas de la mitad del país ya que un 52,7% del electorado no apoya su estrategia.  


Pensar en iniciar un proceso de independencia con esta correlación de fuerzas resulta una temeridad de muy dudosa justificación desde el punto de vista democrático. Una temeridad por qué significa que el independentismo se enfrenta con mas de la mitad del país ya que un 52,7% del electorado no apoya su estrategia. Cerrar los ojos la esta realidad es suicida y, además, una apuesta muy arriesgada ya que puede incubar un enfrentamiento cívico muy peligroso: independentistas/no independentistas. Un enfrentamiento que se está haciendo real, incluso a nivel familiar, y de cuya responsabilidad el independentismo no puede huir. 


En esta visión optimista de la realidad entraba, por lo que se puede ver, la creencia de que el independentismo, y mucho mas sí el estado español respondía con la represión, iba a encontrar la solidaridad del resto de España y de Europa. En relación al primero malamente puedes esperar solidaridad de los demás cuando tu no la practicas. Así pudimos comprobar como, a pesar de la desmesura de la sentencia contra los líderes políticos del proceés, las muestras de solidaridad en España fueron muy cautivas, de muy escaso alcance. En relación a Europa peor aún. Recién tuvimos una nueva prueba cuando el Parlamento Europeo le impidió la entrada a Puydemont. Ni uno so gobierno europeo, mucho menos las instituciones comunitarias, los apoya. Así …. quo vadis?


No se cuestiona la honradez y la honestidad de muchos de los dirigentes independentistas pero sí resulta muy evidente a falta de lideres políticos de auténtica talla. Políticos con visión de estado y comprensión de la realidad, de la auténtica realidad y no de la soñada. Políticos que, por caso, tengan muy claro que la actual lucha por la independencia no tiene nada que ver con la pasada lucha antifranquista


En este relato sobre las debilidades del independentismo catalán no se puede obviar una realidad indiscutible. Que carece de auténticos líderes a altura del reto político. No se cuestiona la honradez y la honestidad de muchos de los dirigentes independentistas pero sí resulta muy evidente a falta de lideres políticos de auténtica talla. Políticos con visión de estado y comprensión de la realidad, de la auténtica realidad y no de la soñada. Políticos que, por caso, tengan muy claro que la actual lucha por la independencia no tiene nada que ver con la pasada lucha antifranquista. Que no se puede convertir lo que había debido ser una lucha social en una lucha entre independentisas y no independentistas. Políticos que tengan claro lo que puede suponer un enfrentamiento frontal y directo con un estado europeo. Que entiendan que la lucha por la independencia requiere de unas amplísimas mayorías política y social (nunca inferior al 75%) y que esa independencia con la que sueñan so será posible sí el estado del que se quieren separar asume esa demanda y acepta la posibilidad de una separación política.


Otras de las debilidades, que quedaron claramente de manifiesto a semana del 14 a 20 de octubre , es la incapacidad para controlar los actos violentos (¿o, por caso, forman parte de la “lucha por la independencia”?). Las imágenes que las televisiones y los medios de comunicación, muchos de ellos con indisimulada fruición, extendieron por todo el mundo sobre los actos violentos de los autodenominados CDR (Comités para la defensa de la república) hicieron mucho, mucho daño a imagen del independentismo. Y pudo ser peor. 


Jóvenes  quemando contenedores, estropeando patrimonio público, dejando tras de ellos un destrozo urbano no ayudan las causas democráticas. Barcelona y Cataluña no son así. Pero unos descerebrados (por cierto, ¿quién los dirige?, ¿quiñen los financia?) vienen de manchar injustamente una imagen de gente mayoritariamente demócrata y cívica. ¿Cómo es posible que lideres independentistas relevantes no habían condenado inmediatamente, con rotundidad y sin equívocos tales actos?


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Finalmente el independentismo ya no es quien de evitar que salgan la luz las lógicas diferencias entre organizaciones políticas tan distantes como, por caso, ERC y JxCat. Solo la ceguera tanto del PSOE como, muy especialmente, del PP y Cs puede evitar que esas diferencias finalicen en ruptura. Por lo de ahora las fuerzas centrípetas de la unidad frente al enemigo común son mas fuertes que las fuerzas centrífugas. Pero, ¿por cuánto tiempo?


También les había resultado mas difícil cada día que pase, y conforme la crisis que se avecina se haga mas y evidente, conseguir que el furor independentista siga tapando la grave crisis económica y social en la que Cataluña está embarcada muy especialmente por las políticas públicas que se aplican desde la Generalitat.

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