Las izquierdas gallegas a la procura de un nuevo perfil

Manoel Barbeitos
Economista

En esta semana que viene de pasar, asistimos en el escenario político gallego a los que parecen ser, por parte de las izquierdas mayoritarias, movimientos a la búsqueda de nuevos perfiles con la mirada puesta tanto en las elecciones municipales de 2023 como en las autonómicas del 2024.


Aunque esas dos citas electorales quedan lejos, no deja de ser llamativa que a estas alturas esas organizaciones (BNG, PSdeG/PSOE) aún estén procurando ocupar un espacio en base a un nuevo perfil. Se entiende que las continuas derrotas frente al PPdeG conduzcan a las izquierdas a la revisión de las estrategias, pero no parecen lógicas tantas y tan relevantes cambios. Más aún cuando no está muy claro el final, pues las resistencias internas a los cambios anunciados son importantes.


A pesar del escaso tiempo transcurrido desde que la señora Pontón fijase como objetivo estratégico de su organización (BNG) la conquista de la Presidencia de la Xunta de Galicia en las elecciones autonómicas del 2024, ya se perfilan con claridad los dos caminos que se defienden desde esa organización soberanista. La vía heterodoxa, que lidera Ana Pontón, que busca "ampliarla base social" y convertir al BNG "en el partido galeguista del siglo XXI", lo que necesariamente le obliga a una modulación de las estrategias históricas y una actualización de los discursos para así atraer al electorado que se quiere ganar, pero sin que estos movimientos tengan que suponer necesariamente grandes renuncias a largo plazo. La vía ortodoxa, que defienden los dirigentes de la UPG que quieren mantener un statu quo en el que ese partido sea quien marque, a piñón fijo, la línea del BNG en el corto, medio y largo plazo.


El tiempo dirá cómo se resuelven estas diferencias, pero dos cosas deberían estar claras. Una, que lo peor que le puede pasar al BNG es que Ana Pontón tenga que seguir el camino que antes recorrieron X. Manoel Beiras y Ángel Quintana. La otra, que también sería muy negativa para el BNG, que la señora Pontón, a causa de las resistencias internas, termine renunciando a sus actuales postulados. Cualquiera de las dos vías devolvería al BNG al furgón de cola de la política gallega.


La enésima crisis cainíta del PSdG-PSOE se resolvió (?) con una contundente salida a escena del poder municipalsocialdemócrata (alcaldes y alcaldesas, presidentes y presidenta de Diputaciones). El objetivo político parece ser tanto el de confirmar en las próximas elecciones municipales del 2023 la actual representación local cuanto a caballo de la misma dar el salto a la presidencia de la Xunta (2024). Objetivo este último para el cual le falta un candidato y un programa. En relación al primero, el nuevo candidato se va a encontrar con tres grandes dificultades. Tendrá que competir con dos pesos pesados de la política gallega, como son el señor Feijoo y la señora Pontón. Tendrá que hacerlo desde fuera del Parlamento gallego, lo que le restará mucha visibilidad y protagonismo, estando además limitado por el estigma de ser el enésimo candidato del PSdeG-PSOE a la presidencia de la Xunta de Galicia. Difícil, muy difícil empeño.


En ambos casos (BNG, PSdeG/PSOE) la lejanía de las próximas contiendas electorales juega a favor de sus estrategias partidarias. Un camino, camino largo con muchos interrogantes. Entre ellos lo que dará de sí la nueva cara de Unidas Podemos, algo que aquellos no deberían despreciar porque en cualquiera de los casos les restará votos.

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