Dos años de pandemia

Manoel Barbeitos
Economista

Una de las mayores y decisivas incógnitas con la que nos enfrentamos en este año 2022 es la de si seremos quienes de dejar atrás definitivamente la pandemia de la COVID-19 y recuperar la normalidad perdida. Una incógnita decisiva por cuanto no habrá auténtica recuperación económica sin antes haber superado la pandemia.


A día de hoy, la situación está muy lejos de caminar a esa normalidad tan deseada. Según expertos y científicos estamos en una fase ascendente de la pandemia, sin que hayamos alcanzado aún el pico de contaigos, con un intenso repunte que se refleja, por caso, en un dispararse de las incidencias con crecientes nuevos contagios y numerosos casos activos. Estamos además bajo el riesgo real de la aparición de nuevas variantes, que se sumarían a las alfa, beta, gamma, delta y ómicron detectadas en Reino Unido, Sudáfrica, Brasil, India y, de nuevo, Sudáfrica, que pusieron en evidencia lo imprevisible de las mismas.


¿Que está pasando? ¿Cómo es posible de que esto suceda cuando las vacunas, un enorme logro científico, están demostrando su efectividad? Para avanzar las respuestas empecemos reparando en que las nuevas variantes aparecieron mayoritariamente en estados con mucha población pero con un nivel de vacunación muy bajo. Así, de los cuatro anteriormente citados, en Sudáfrica la tasa de vacunación con pauta completa es del 26,5%, en la India del 44,1% y en Brasil del 67,5%. Cifras que ponen en evidencia como en los estados del Sur, los menos desarrollados pero con mayor población, el ritmo de vacunación es aún muy bajo (en España está en el 80,4%) cuando ya llevamos dos años de pandemia.


Un bajo nivel de vacunación que, por caso, pone en evidencia la enorme discriminación de la misma a nivel mundial. Una situación que viene provocada por el comportamiento de las grandes industrias farmacéuticas, que actualmente controlan monopolisticamente la producción y comercialización de las vacunas gracias a sus patentes, que le impiden a los países del Sur, como por caso sucede con la India y Sudáfrica, la fabricación de sus propias vacunas. Un dominio que se ve favorecido por las políticas públicas de los gobiernos del Norte, como por caso sucede con la Unión Europea, que protegen esas patentes que no solo le permiten a las grandes industrias farmacéuticas el control monopolístico de la producción y la distribución de las vacunas sino también la fijación de los precios.


He ahí la causa principal de que no se ponga freno a pandemia de la COVID-19: la escasez de vacunas a nivel mundial (a finales del año 2021 solo el 8,6% de la población africana contaba con la pauta completa) a causa de las razones anteriormente apuntadas. Dejar la salud en manos privadas tiene consecuencias como las que estamos viendo: que los intereses privados -máxima ganancia- primen por encima de la vida de las personas.


Un apunte más: sí, a nivel mundial, la escasez de vacunas está siendo la causa principal de la prolongación de la pandemia el diferente estado de servicios públicos de bienestar fundamentales, como, muy especialmente la atención sanitaria, también está favoreciendo que la pandemia compacte de forma muy dispar en los distintos estados y comunidades occidentales con mayores problemas en aquellos que los tienen más deficitarios. Véase por caso en qué situación de saturación y desborde se encuentran actualmente la mayoría de las atenciones primarias de España (Galicia, Madrid, Valencia...)

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