Pascual Ortuño: "Detrás del tema del Sáhara están intereses económicos"


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Pascual Ortuño en imagenes de archivo @PascualOrtuno


Pascual Ortuño, jubilado ya de su profesión de juez, con tiempo para hacer otras de las cosas que le gusta que es escribir, esta nueva situación le ha servido para cumplir un proyecto que tenía en mente: escribir un libro titulado "Aquellos días del Sáhara”, muy oportuno, por cierto.


Con un amplísimo currículo, Pascual Ortuño ha sido magistrado presidente de la sección 12ª de la Audiencia de Barcelona. Exprofesor de Resolución Alternativas de Conflictos, en la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona; Director de la Escuela Judicial española; Director General de Derecho Privado y Entidades Jurídicas de la Consejería de Justicia de la Generalitat de Catalunya; Vicepresidente de GEMME-Europa y vicepresidente de la Asociación Iberoamericana de Jueces de Familia, entre otros muchos cargos y ocupaciones. 


Desde Catalunyapress lo hemos entrevistado para hablar de su libro y de su propia experiencia en el Sáhara.


¿Por qué ahora ‘Aquellos días del Sáhara?

No es por qué ahora sino por qué entonces. Tuve la suerte, porque fue como un sorteo en una época muy difícil de España. Cuando se luchaba por la libertad y la democracia, había un espíritu muy importante de cambio y de pronto me vi trasladado al desierto del Sáhara. Sin comerlo ni beberlo, nos vimos en la guerra silenciada, porque era silenciado todo lo que pasaba allí. Entonces viví allí 18 meses muy importantes, que fue cuando el atentado de Carrero Blanco. También terminó la guerra de Vietnam, fue cuando vino Kissinger, fue la primera vez que un príncipe ejerció las funciones, sucedió la revolución de los claveles en Portugal etc. Allí, en los cuarteles, se vivió mucho la política. Fue en esa época cuando nació la Unión Militar Democrática y los soldados que estaban militando en los partidos se reprodujo también.


Sin comerlo ni beberlo me vi trasladado al desierto del Sáhara. A una guerra silenciada, porque todo lo que pasaba allí era silenciado.


Desde hace mucho tiempo, yo tenía esos recuerdos vividos de esos años de mili y antes de que se me olvidaran, para que mis hijas y nietos lo supieran antes de que se me vaya la cabeza, pensé en escribirlo. Pero hay muchas cosas escritas, hay muchos libros de historia etcétera, por eso para la juventud pensé que lo mejor era una novela. Además, esta es una novela de amor, con un tema, con suspense. Me puse manos a la obra. Coincidió con la pandemia y mi jubilación y mi editora me dijo: Almudena Grandes cuando escribe una novela se encierra, se quita incluso el teléfono y se pone a vivir con los personajes. Y eso es lo que he hecho.


¿Puede considerarse una novela histórica?

Es una novela donde hay un trasfondo histórico. Pero creo que sí. No sé si existe la categoría de novela testimonio. Evidentemente la novela histórica está referida a una historia más pasada y esta es más reciente. Tanto que me ha explotado en las manos. El día 21 es cuando salía de la imprenta, cuando llegaba a las librerías y nadie pensaba que iba a haber este giro y me ha sorprendido.


¿La decisión sobre el Sáhara del presidente Sánchez  ha contribuido, sin quererlo, a la promoción del libro?

Mucha gente piensa que lo he sobornado, pero evidentemente, bromas aparte, no ha sido así. Lo ha editado una editorial pequeña, que no hace campañas publicitarias en la prensa ni en ningún sitio. Y bueno, nos ha sorprendido a todos que la primera tirada ha sido pequeña y con este impacto del presidente Sánchez prácticamente está haciendo la segunda impresión de la novela. Se hicieron 500 ejemplares y en pocos días quedaban  poquísimos.


¿Te ha sorprendido la postura del gobierno de España con respecto al Sáhara?

No me ha sorprendido. Me quedé de alguna manera colorado, como muchos de los que estuvimos allí. Tenemos una asociación de la mili del Sáhara, que somos casi 5.000 y es menguante, porque cada año por ley de vida va menguando. Pero todos estamos con el corazón allí, no militarmente, sino porque convivimos allí. Los saharauis eran españoles, en las unidades militares eran soldados como nosotros. Más aún con el desierto. Y de la noche a la mañana hay un cambio de postura tremendo. Hoy leía un artículo de la viuda de un comandante diciendo que su marido era comandante y sus soldados eran casi todos saharauis y lloraban cuando se prohibió a los saharauis salir porque se los entregaron a Marruecos. No fue una cosa pacífica. Se patrulló de forma conjunta, soldados españoles con marroquíes, para que los polisarios no salieran de los barrios. Se tuvieron que escapar. No sucedido así, no es como se ha vendido la marcha verde. Todos los que hemos vividos los acontecimiento hemos visto que aquí estaba todo vendido y sigue vendido, pero Marruecos no se sabe si cumplió los compromisos españoles de la época. No han hecho nada porque el tema se solucionara. Si España hubiese tenido una actitud seria esto se habría solucionado hace tiempo. Ha dado pie a que El Aaiún, que tenía 40.000 habitantes, hoy tenga 200.000. La solución es más difícil, se tendrá que buscar una, porque es imposible que esta gente que ha estado machacada, pasa lo mismo con Ucrania, siga igual. Será imposible que ellos olviden los bombardeos. Aquí ha habido muchos muertos y muchas penalidades.


Si España hubiese tenido una postura seria con respecto al Sáhara, esto se habría solucionado hace tempo. La solución ahora es más difícil, pero se tendrá que buscar una.


Tú que los has vivido directamente, ¿qué crees que hay detrás?

Intereses económicos. Puramente intereses económicos. En la geopolítica, ya entonces era importante los posibles yacimientos, no solamente de fosfatos sino también de otros minerales, pero sobre todo de cara a la energías solar y la eólica. Las grandes potencias, unas apoyan a Argelia y otras a Marruecos para ver quién se lleva la mayor tajada de la explotación de esos minerales del futuro y de la pesca, porque la pesca es la mayor riqueza. Creo que pensaban que aquí los saharauis se aburrirían, se exterminarían. Lo del Tinduf es un campo de refugiados con una responsabilidad de España cada vez peor. La sociedad española ha vivido en etapas de solidaridad con el pueblo saharaui. Pero decía el delegado del frente polisario en Catalunya que Catalunya les ha ayudado tradicionalmente y ahora les han recortado las subvenciones, aunque parezca lo contrario. Muchos de ellos se han trasladado al País Vasco.


Pero ahora  se llega a los extremos de que el Tribunal Supremo ha cambiado la doctrina y aquellos que tenían carnet de identidad, habían nacido en España, porque aquello era una provincia, ahora les están negando la nacional y hay dos sentencias que están recurridas al constitucional. Mientras, se está viendo que quieren la nacionalidad, que me parece muy bien que puedan recuperarla, pero los saharauis es que eran españoles o son hijos de españoles. Es una enfrenta y en definitiva, con motivo de todo esto, yo creo que se ha hecho renacer y revivir estas injusticias y ahora mismo está en primera plana en los periódicos. Creo que esto le ha explotado a Pedro Sánchez, creo que no se esperaban la reacción dentro de la propia España.


Libros.Aquellos du00edas del Su00e1hara,1973



El protagonista de la novela, Emilio, es el que va explicando  la historia. ¿Es la historia de Pascual Ortuño? ¿Cómo era el día a día de los soldados allí?

Era muy penoso porque no es como en una guerra que ya está formada. Allí no se sabía qué hacíamos. De hecho, los soldados que íbamos allí no sabíamos nada del Sáhara. ¿Esto qué es? ¿Qué hacemos aquí? La mirada de los que estábamos allí trasladados de España era primero de asombro y luego de una falta de medios tremenda. El armamento del que disponíamos era el que nos vendieron de lo que les sobró en Corea. No teníamos duchas. Yo tenía la suerte de estar en un cuartel al lado del mar y nos aseábamos en el mar. Había un champú que se hizo muy popular que hacía espuma con el agua salada. Era muy duro el día a día, vivíamos en condiciones lamentables y estábamos muy lejos de la familia, de las novias, de las madres. Yo les dedico el libro a ellas, a las madres y novias que perdieron a alguien, porque hubo más de 300 soldados muertos. Perdieron a sus hijos, fueron heridos, terminaron en un psiquiátrico. A cambio de eso tuvimos una reacción y tenemos esa asociación de más de 5.000 que nos reunimos cada año.


El día a día de los soldados que hicimos la Mili en el Sáhara era penoso; vivíamos en condiciones lamentables. Hubo más de 300 muertos.


¿Marcó hacer la mili en el Sáhara a quienes fueron allí?

Totalmente. Fue una experiencia inolvidable. Por todo lo que conlleva, por el cambio de vida, pero sobre todo por la convivencia en los puestos del desierto. Estar quince días en unidades de once personas. No hay espacio para el descanso. En El Aaiún había como una colonia pero era como una colonia cutre, con un cabaret muy típico. La trama de la novela transcurre en ese cabaret, en el desierto, con las jaimas. Creo que el ser humano tiene capacidad de adaptarse y de sacar provecho de las circunstancias. Cuando uno habla de épocas anteriores siempre recuerda lo bueno y no recuerda el día a día, lo malo, los calendarios, las cartas.


¿Qué papel ha jugado la correspondencia cuando las nuevas tecnologías no existían?

El día del reparto del correo era digno de ponerse por escrito. Lo que suponía que te llamaran o que te llegaran cartas... Nos mandaban incluso periódicos y revistas que a veces eran censuradas. Y luego el cordón umbilical, porque allí no se escuchaban las emisoras, en ocasiones alguna emisora francesa. Por ejemplo, la revolución de los claveles, el mismo día que hubo una alarma general, creíamos que nos habían invadido porque dieron una alarma general por si aquello se contagiaba. Lo seguimos por la noche en el barracón, a escondidas, con una emisora francesa. Así nos enteramos de lo que pasaba en Lisboa. Es uno de los episodios que recuerdo y están en la novela.


¿Cuántas cartas pudo haber recibido cada soldado en esos 18 meses?

Creo que un promedio de 150 o 200 cartas. Depende. Había mucho analfabetismo y teníamos una academia para el carné de conducir, el certificado etc. Pero había gente que aprendió a leer allí pero no tenía la capacidad de escribir. Y era muy bonito. Nos pedían a los que ya nos conocían en el cuartel que escribiéramos cartas, a veces incluso cosas picantes. Las cartas bonitas que venían de las novias, con las manchas del carmín, del beso, son recuerdos inolvidables.


Hablando de la transición, ¿qué papel tuvieron del  73 al 75 los jóvenes, los intelectuales y los militares?

No se ha entendido la transición. Se ha vendido como un pacto entre Suárez y los partidos políticos con la bendición de rey. Pero no fue así. Fue el movimiento universitario, que era fortísimo. En Valencia hubo 300 procesados en un consejo de guerra militar. El cierre de facultades era continuo y en las universidades se sentía como si fuese una lucha, nos dejamos todos la barba. Estábamos haciendo una revolución. Y el movimiento obrero fue muy importante, lo mismo que el movimiento vecinal. Por eso vino la desilusión después. Se entendía perfectamente en un primero momento que era un logro que se hubiera pasado pacíficamente. Pero lo que no se entendió fue que muchas cosas se quedaran en el tintero cuando se tuvieron que hacer y estamos pagando las consecuencias desde entonces. Por lo que a mí respecta, ni el poder judicial se organizó razonablemente bien y ahora lo estamos pagando porque es un poder judicial colonizado por las cúpulas de los partidos políticos. Es un desastre para el país. Entonces era el momento de haber hecho un pacto de dignidad y ahora, muy lejos ya, muchas cosas no se comprenden. Somos una generación que mayoritariamente quedó desencantada.

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