El salto de la gripe aviar a vacas por vez primera en Europa enciende las alarmas en Galicia
Parece cuestión de tiempo que el virus acabe afectando a los europeos, pues sigue descontrolado entre las aves silvestres en los últimos años ya ha saltado a visones , gatos y, ahora por vez primera en Europa, vacas. En teoría, la leche no es un riesgo, si está esterelizada, claro.
La confirmación oficial del primer caso de gripe aviar en ganado vacuno en suelo europeo ha enciendido las alarmas de los sistemas de sanidad pública y supone un riesgo potencial especialmente grave para Galicia, dada la dependencia del rural gallego respecto al sector lácteo.
El Ministerio de Agricultura de los Países Bajos ha notificado la detección de anticuerpos contra el virus H5N1 en una vaca lechera de una granja en Frisia, una región que comparte con nuestra comunidad no solo la vocación ganadera, sino también profundos lazos comerciales en el sector vacuna.
Aunque las autoridades neerlandesas han confirmado que el bóvido ya ha superado la infección y que no existe virus activo en la leche, el hecho marca un punto de inflexión inquietante: el patógeno ha cruzado el Atlántico -en los últimos años hubo importantes brotes entre la cabaña ganadera de Estados Unidos- y la barrera de las especies en Europa. Para la industria láctea gallega, que produce el 40% de la leche de España, este precedente supone una amenaza que obliga a extremar la vigilancia como nunca antes.
La noticia saltó tras una investigación epidemiológica digna de una novela de suspense . La muerte en Nochebuena de un gato en una granja de vacas neerlandesa, que dio positivo en gripe aviar, llevó a los inspectores a rastrear el origen del contagio hasta el ganado bovino.
Los análisis serológicos confirmaron lo que muchos expertos temían desde los brotes estadounidenses de 2024: una vaca había desarrollado anticuerpos tras haber estado expuesta al virus. Esto implica que la vaca se infectó, aunque sobreviese.
De hecho, la vaca había presentado síntomas respiratorios e inflamación de las ubres en diciembre, un cuadro clínico que entonces no se relacionó con la gripe aviar pero que ahora confirma la circulación silenciosa del patógeno. Aunque los análisis de PCR posteriores realizados en enero de 2026 han dado negativo a la presencia de virus activo en el tanque de leche y en el resto del rebaño, la evidencia de que el contacto existió es irrefutable. Están pedientes, además, nuevos análisis a algunas vacas por no ser concluyentes sus PCR.
Este hallazgo en los Países Bajos no es una anécdota para la ganadería galelga, sino un aviso. Holanda no es solo un socio comercial, es el espejo en el que se mira gran parte de la modernización del campo gallego y uno de los principales orígenes de las importaciones de animales vivos.
El flujo constante de camiones que transportan novillas desde el norte de Europa hacia las explotaciones de Lugo y A Coruña podría convertirse, sin los controles adecuados, en una autopista para la entrada de laa enfermedad. La interconexión del mercado europeo hace que un estornudo en una granja de Frisia pueda acabar provocando una gripe aviar en una cooperativa del Deza.
La preocupación de la comunidad científica y de las autoridades sanitarias no radica tanto en la mortalidad del virus en las vacas, que parece baja, sino en su capacidad de adaptación. El virus de la gripe aviar es un maestro del disfraz genético y su salto desde las aves silvestres a los mamíferos es el escenario que los virólogos llevan años intentando prevenir.
Cuando un virus diseñado para infectar aves logra replicarse en una vaca, incrementa el riesgo de que el patógeno sufra mutaciones que faciliten su transmisión entre mamíferos y, en el peor de los escenarios, adquiera la capacidad de infectar a humanos de manera eficiente.
Aunque el riesgo actual para la población general sigue siendo muy bajo, cada nuevo huésped que el virus conquista es un paso más en una escalera evolutiva que nadie quiere que termine de subir. Hay que tener en cuenta que en Galicia ya logró saltar de aves silvestres a visones criados en una granja de Carral.
El caso holandés replica el patrón observado en Estados Unidos, donde el virus se detectó en la leche de vacas infectadas, aunque con una diferencia fundamental que aporta cierto alivio: en Europa, de momento, no se ha hallado virus activo excretándose en la leche comercializable. Sin embargo, la vía de transmisión sigue siendo un quebradero de cabeza. Las aves migratorias, que utilizan tanto los humedales holandeses como las rías y lagunas gallegas en sus rutas, actúan como vectores incontrolables que esparcen el virus a través de sus heces en pastos y fuentes de agua. La bioseguridad en las explotaciones intensivas y extensivas se convierte así en la única barrera efectiva para evitar que el contacto entre la fauna silvestre y el ganado doméstico desencadene un brote local.
El concepto de "Una Sola Salud" (One Health), que integra la salud humana, animal y ambiental, cobra aquí todo su sentido. Si las vacas actúan como un vaso mezclador para el virus, podrían surgir variantes más agresivas. Por ello, el foco no está solo en proteger la economía de las granjas, sino en blindar la salud pública a través de la detección temprana en los animales, evitando que los trabajadores de las explotaciones se conviertan en los pacientes cero de una nueva pandemia.
Para Galicia, donde el sector lácteo es un motor económico que vertebra el medio rural y fija población, la llegada de la gripe aviar a las vacas sería una catástrofe . Hablamos de una comunidad que alberga más de 6.000 explotaciones y que ha hecho un esfuerzo titánico en las últimas décadas para profesionalizarse y aumentar su competitividad. Un brote no solo implicaría el sacrificio de animales y el bloqueo de las granjas afectadas, sino que podría cerrar los mercados a los productos lácteos gallegos.
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sigue de cerca los informes de la EFSA y ha reforzado los protocolos de vigilancia en las explotaciones, especialmente en aquellas situadas en zonas de especial riesgo por el paso de aves migratorias. Juan José Badiola, referente nacional en enfermedades transmisibles, ya avisó hace un año de que, aunque el problema parecía lejano en Estados Unidos, era imperativo estar preparados. Sus palabras resuenan hoy con fuerza profética.
Pese a la gravedad de la situación, es fundamental enviar un mensaje de tranquilidad al consumidor: la seguridad alimentaria no está , en principio,comprometida. Los procesos industriales UHT a los que se somete la leche antes de llegar al supermercado son una barrera infranqueable para el virus. La pasteurización, ese tratamiento térmico estándar en la industria láctea europea, inactiva eficazmente el virus de la gripe aviar, garantizando que beber leche o comer yogures sigue siendo totalmente seguro. El riesgo de contagio por consumo de productos lácteos tratados es inexistente.
El peligro real reside en la manipulación de animales enfermos o el consumo de leche cruda sin tratar, una práctica que las autoridades sanitarias desaconsejan ahora con más vehemencia que nunca. La pasteurización es nuestra mejor aliada en esta batalla.
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¿Debemos preocuparnos ante el riesgo de pandemia?
La pregunta que surge inevitablemente en la calle cada vez que se habla de gripe aviar es si este virus tiene capacidad para afectar a las personas con la misma virulencia que a los animales. La respuesta de la comunidad científica es un mensaje de calma vigilante pues, a día de hoy, el riesgo de transmisión al público general se considera bajo.
El contagio en humanos es un evento raro que requiere casi siempre un contacto estrecho, prolongado y sin protección con animales infectados o con sus fluidos corporales, motivo por el cual el foco de protección se centra en los trabajadores de las granjas y los veterinarios. Sin embargo, la insistencia de organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) en monitorizar cada caso no es caprichosa, sino que responde a la memoria histórica de lo que sucede cuando un virus gripal logra derribar la barrera de las especies.
El temor de fondo no es la situación actual, sino la potencial evolución del virus. La cepa H5N1 ha demostrado a lo largo de las últimas dos décadas una capacidad letal considerable en los pocos casos en los que ha saltado a humanos, con tasas de mortalidad que superan el 50% en los diagnósticos confirmados, aunque su capacidad de transmisión de persona a persona es, por fortuna, prácticamente nula en este momento.
Los virólogos recuerdan con cautela los episodios del pasado, como la mal llamada gripe española de 1918 o la gripe A de 2009, que tuvieron origen en virus que saltaron de aves o cerdos a los humanos tras sufrir mutaciones genéticas. Por ello, cada infección en un mamífero, sea un visón, un gato o ahora una vaca, se vigila con lupa. Especialmente porque la principal hipótesis del nacimiento del coronavirus sigue siendo el salto desde especies de murciélagos a humanos.
La geografía gallega juega un papel determinante debido a su posición estratégica en el corredor migratorio del Atlántico Oriental. Nuestra comunidad es una parada técnica obligatoria y zona de invernada para millones de aves que viajan desde el norte de Europa hacia África, convirtiendo a humedales como el complejo de Corrubedo, la ría de Ortigueira o la laguna de A Frouxeira en puntos calientes de vigilancia epidemiológica. En los últimos años, Galicia ya ha sido testigo de la llegada del virus a través de la fauna salvaje, con episodios recordados de mortandad en colonias de aves marinas como los alcatraces o las gaviotas, que actúan como centinelas naturales advirtiendo de la circulación del patógeno mucho antes de que este se acerque a una granja.
Entre las medidas vigentes está la prohibición de criar aves de corral al aire libre en los municipios considerados de riesgo, evitando así que gallinas y patos domésticos compartan comedero o bebedero con aves de paso que podrían estar infectadas.
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