Cuatreros en Galicia: cae la banda armada que robaba caballos en O Barbanza y O Salnés
Por algun motivo, además de robar animales, también mataban algunos a tiros. Muchos de los ganaderos afectados inicialmente culparon a lobos, hasta que empezaron a aparecer équidos con disparos. La carne de caballo no tiene mucha salida comercial -este es uno de los motivos de la preocupante reducción de la presencia de caballos semisalvajes en el monte- pero aún así existe un mercado negro, a veces con fines de cría, explica el biólogo Pedro Alonso.
La Guardia Civil de Boiro ha detenido a cinco hombres en el marco de la operación Besteiros, que ha permitido desarticular una banda dedicada al robo sistemático de caballos en las zonas de pasto de la sierra del Barbanza. Los detenidos residen en los municipios de Boiro, Caldas de Reis, Barro y Meis, y se les atribuye la presunta autoría de delitos de hurto, receptación y maltrato animal con resultado de lesiones graves y muerte.
La investigación arrancó a raíz de la desaparición reiterada de ganado en distintas zonas de pastoreo de la sierra. Según el atestado, el grupo actuaba de manera coordinada: sustraía los animales y los vendía posteriormente a integrantes de una asociación ganadera. Para evitar que los legítimos propietarios reconociesen a sus reses, los implicados modificaban las marcas identificativas en las orejas de los animales, realizando nuevas señales sobre las originales sin ningún tipo de supervisión veterinaria, lo que causó heridas de consideración en los equinos.
Cinco caballos muertos a tiros
El aspecto más grave de la causa es la muerte de cinco animales por disparos de arma de fuego. La Guardia Civil intervino cinco escopetas de caza que habrían sido utilizadas por uno de los implicados para abatir las reses. Las diligencias han sido remitidas al Tribunal de Instancia de Guardia de Ribeira.
La operación está relacionada con la denuncia formulada a principios de este año por el ganadero de Lousame Enrique Laranga, quien localizó el cadáver de una yegua preñada —a menos de tres semanas del parto— con un orificio de entrada y salida de bala en los montes de Cures, en Boiro.
Junto a ese animal, otras cinco yeguas de su propiedad habían desaparecido. Laranga cifró entonces en unos 60 los caballos desaparecidos en la zona entre varios propietarios, y advirtió de que la cabaña equina del Barbanza había caído a apenas el 25 % de la que existía años atrás. «Botámoslle a culpa ao lobo, pero cando atopas animais mortos por disparos, iso xa non é normal», declaró a El Correo el ganadero. En septiembre de 2023, otros nueve caballos habían sido acribillados a balazos en los montes de A Curota.
El negocio del caballo robado
El biólogo Pedro Alonso, especialista en el lobo conocedor de la problemática del robo de equinos en Galicia, explica la lógica económica que mueve a estas redes. Según Alonso, existe «un comercio ilegal espallado por varias zonas do país» que varía según las necesidades de estos cuatreros modernos, a quienes él denomina «os do coche-escoba»: individuos que aprovechan los animales que a veces parecen abandonados porque sus dueños envejecen y descuidan el seguimiento del ganado.
El biólogo explica que el destino de los equinos robados puede ser doble: la venta de carne a mercados ilegales en Italia o Francia, o el tráfico para cría con documentación falsificada y microchips reutilizados.
Concluida la operación, las reses recuperadas han sido devueltas a sus propietarios en Boiro, Porto do Son y Lousame. Los cinco detenidos quedaron en libertad tras prestar declaración ante la Guardia Civil de Boiro.
El caballo gallego, a mitad de camino de la extinción
En los últimos cincuenta años, la población de caballos salvajes en los montes de Galicia se ha reducido a la mitad. El único censo oficial data de 1973, cuando el veterinario Pedro Iglesia contabilizó 22.000 ejemplares para su tesis doctoral; hoy los investigadores de la Universidad de A Coruña estiman que quedan menos de 10.000 besteiros en el monte gallego.
El biólogo Jaime Fagúndez, que lideró la investigación presentada ante la Comisión Europea advierte de que la población actual está en riesgo de desaparición, a pesar de ser la mayor de toda Europa.
Las causas del declive son múltiples y se refuerzan mutuamente. La investigadora Laura Lagos, de la Universidad de A Coruña, documentó en su tesis doctoral que la depredación del lobo sobre los potros nacidos en el centro de la Dorsal Galega alcanza el 59 %, con estimaciones incluso superiores en la Serra do Xistral. A esa presión natural se suma un obstáculo administrativo: el decreto de la Xunta de 2012 que clasifica a los caballos como semidomésticos obliga a identificarlos con microchips cuyo coste a veces supera en ocasiones el valor de los propios potros, lo que ha encarecido y dificultado su tenencia.
A ello se añaden unas regulaciones europeas que imponen costes adicionales a la ganadería equina extensiva y la escasa rentabilidad económica del aprovechamiento tradicional, factores que juntos alejan a los propietarios del monte.
La desaparición del garrano no es solo una pérdida patrimonial. El proyecto Life GrazeLIFE demostró que las zonas de pasto de los caballos salvajes presentan una mayor diversidad de brezales, altas tasas de almacenamiento de carbono y un menor riesgo de incendios gracias al consumo de especies arbustivas como el tojo.
Un estudio publicado en la revista Conservation Letters añade que los caballos de monte actúan además como amortiguadores de los conflictos entre el lobo y los ganaderos de bovino, al constituir la principal fuente de alimento del cánido allí donde están presentes y reducir así los ataques a otro tipo de ganado.
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