"¿Qué llevó a UGT y CC.OO. a firmar 'deprisa, con nocturnidad y alevosía' el convenio del metal de Pontevedra?", se pregunta CIG

Los sindicatos UGT y CC.OO. pasaron de portar pancartas en las huelgas del sector del metal de Pontevedra a, de la noche a la mañana, pactar con la patronal un convenio por cuatro años que, si bien incorpora mejoras en el aspecto retributivo, no da respuesta a muchas otras cuestiones del colectivo. La CIG, que no apoyó el acuerdo, llamó a la movilización antes de la firma y miles de trabajadores secundaron de nuevo los paros, en castigo al trato alcanzado. Marcos Conde, secretario nacional de CIG-Industria, explica a Galiciapress los pormenores de un convenio que no consideran positivo, que abre brecha entre los sindicatos y que, incluso, podría provocar un seísmo en otras negociaciones.


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Metal cig ponte
Foto: CIG

 

El pasado martes 19 de mayo la patronal del sector del metal de Pontevedra firmó con UGT y CC.OO. un convenio muy peleado en un día que, solo cuatro días antes, iba a ser el primero de los tres días de huelga a la que los sindicatos llamaban a los miles de trabajadores del sector. Solo la CIG, que se desmarcó del acuerdo, mantuvo en pie ese día los paros, secundados por una nutrida representación del metal pontevedrés, que ahora tiene un nuevo marco al que sujetarse, con una mejor remuneración, pero con muchos otros problemas que son los mismos que venían arrastrando en una industria donde la precariedad y la peligrosidad son igual de galopantes.

 

 

FIRMA...¿CON UN PRECIO?

Desde la CIG no esconden la amargura con la que viven la situación, pues creen que la respuesta que han dado los trabajadores en la calle durante las jornadas de huelga y protestas que han tenido lugar estos meses deja claro el sentir de todo el colectivo, con el ejemplo más reciente esta misma semana, cuando miles secundaron una huelga que la CIG mantuvo en pie más como una forma de censura a CC.OO. y UGT, a los que calificaron de “vendidos”, que contra la misma patronal.

 

“Teníamos la duda de si mantener o no la huelga porque no sabíamos cuándo se iba a producir la firma del convenio”, explica Marcos Conde, secretario nacional de CIG-Industria, que considera que el hecho de que los sindicatos sellasen el convenio “a la mayor velocidad posible, con nocturnidad y alevosía” demuestra que la pretensión de las otras centrales era sofocar cuanto antes la llama de la revuelta en el sector y evitar “una contestación todavía más contundente”.

 

“Queda la duda de saber si lo hicieron con precio o no, que sería otro agravante”, reflexionan desde la CIG, donde creen probada que “la voluntad de la inmensa mayoría de los trabajadores” era mantener el pulso con los empresarios para mejorar las condiciones de un convenio que Conde tacha de insuficiente

 

Marcos Conde | Foto: CIG

 

“Los convenios tienen que ir ajustándose a la realidad de cada momento”, asume Conde, “y la realidad de este convenio era que se enfrentaba a asuntos importantes, como la situación de inestabilidad en el contexto internacional”. Ese aspecto condicionaba el diálogo que la patronal proponía, con “un convenio largo”, pactado en este caso a cuatro años vista, asunto por el cual desde la CIG enfatizaban la necesidad de mantener el IPC como referencia en la revisión salarial.

 

 

“Pero esta no es solo una cuestión de dinero, sino de conceptos”, abunda Conde, que mete el bisturí en una de las claves de la actualidad del sector, que es la cada vez más abundante eventualidad, el peso creciente de las ETT y una creciente subcontratación. El conjunto de estos factores deriva, a su juicio, “en una mayor precariedad”, marcado también por jornadas laborales donde resulta imposible conciliar y en condiciones peores para la salud de los trabajadores.

 

Este capítulo, el de la salud laboral, está estrechamente relacionado con la cruzada que la Xunta y los empresarios han abierto contra el absentismo laboral, dejando al margen que “el absentismo del que hablan no es otra cosa que de una situación derivada de la salud laboral o, más bien, de la falta de salud laboral”, especialmente en un sector donde se multiplican los riesgos laborales. 

 

“Ahí queríamos hacer mucho hincapié. Queríamos articular formas para que los contratos fijos-discontinuos estuviesen con una regulación mayor. ¿Cuánto tiempo está garantizado que un trabajador puede estar fijo-discontinuo ligado a una empresa? ¿Trabajando durante cuánto tiempo? ¿En qué períodos? ¿En qué condiciones?”, cuestiona Conde, que eleva la problemática hasta las ETT y las subcontratas, pretendiendo limitar también el número de subcontrataciones, que se han vuelto la norma en el sector: “Nos encontramos con empresas que antes tenía 30 trabajadores y ahora tiene a 30 personas que trabajan para ella pero a nombre de otra empresa”.

 

 

UN CAMBIO REPENTINO

Con el nuevo marco firmado por UGT y CC.OO. la CIG cree que cristaliza “el nuevo modelo que vamos a tener que resistir en el metal”, del que recela Conde porque cree que hubo “mucho tiempo para negociar” y que la pretensión de la patronal era dilatar de manera forzosa el proceso pactando tan solo una pequeña mejora salarial y el compromiso de negociar en 2027, oferta desechada de pleno por la CIG porque “los problemas había que empezar a negociarlos ahora”. 

 

Lo que puede sorprender es que en apenas un día se pasó de una huelga de 48 horas en la provincia de Pontevedra con los tres sindicatos figurando en las pancartas de las concentraciones a un giro radical en el que UGT, Comisiones y patronal se alineaban para firmar el acuerdo, sin un estadio intermedio en el que, al menos, avanzasen que la negociación iba por el buen camino y que modulaban su presión. 

 

 

Ese salto, “pactando dos cosas, por la espalda del sindicato mayoritario”, es lo que escama a la CIG, que pedía “temporizar” en lugar de las prisas expuestas por las tres partes firmantes. “La pregunta que no sabemos contestar es qué llevó a los sindicatos a firmar tan rápido”, insisten. Una inquietud que comparten muchos trabajadores que el martes secundaron la huelga por entender que el nuevo convenio ofrecía “mínimas mejoras” más allá de una subida salarial. 

 

“El plus del naval lo tenía todo el mundo, que no lo vengan a vender ahora, porque hay gente que tiene ya otros pluses”, ejemplifica Conde, que pedía llevar ese mismo debate a otros grupos. “¿Qué pasa? ¿Solo hay tóxicos en el naval? ¿Y un taller de soldadura que se dedica a hacer calderería? ¿No están en la misma situación?”, agrega, con más ejemplos para el debate como el del estrés térmico, que considera “el colmo de la burla”.

 

“Subrogación, subcontratación, empresas de trabajo temporal, salud laboral… Todo eso ni se miró”, lamenta Conde, que cree que el convenio, al final, se limitó a una negociación de los salarios. “Un convenio es un conjunto de cosas. Para nosotros había una serie de aspectos que eran irrenunciables, no por capricho. Se lo dijimos a la patronal y eran perfectamente sabedores. La plataforma que llevamos estaba preparada con mucha antelación, puesta en común con todas las personas trabajadoras”, reivindica.

 

"DICEN QUEN NO HAY RELEVO GENERACIONAL..."

En esa línea, cree que algunos quisieron sumarse a sus propuestas e incluso ir más allá, pero, al final “todo el mundo quiere ser izquierdoso cuando interesa, pero las realidades hay que sustentarlas con hechos, no vale solo con grandes discursos, y ahí hubo quien patinó mucho”. A renglón seguido, recuerda que la CIG fue la primera en llamar a la huelga en una convocatoria que “Comisiones y UGT nunca hicieron”, y que desde UGT, incluso, amagaron con desconvocar los paros, achacando Conde esta indecisión a la falta de entendimiento entre las secciones comarcales.

 

Metal ponte
Foto: CIG

 

“Los trabajadores nos demandan unidad sindical, pero la unidad se demuestra en la pelea, cuando miras a quién tienes al lado. En un convenio tan amplio como este se mira en la horizontalidad”, sostienen desde CIG-Industria, donde apelaban a “buscar la fuerza” y conjugar las necesidades de todos los trabajadores, desde los de las fábricas de aluminio hasta los de los talleres de coches, pasando por las construcciones de grúas, las auxiliares de la automoción o los operarios de los astilleros.

 

De lo que sí huye Conde es de la tesis de los empresarios de que en un momento en el que no falta carga de trabajo se encuentran con la falta de mano de obra. “Se les llena la boca diciendo que no hay mano de obra cuando en los últimos convenios ya advertíamos que la gente se iba porque no ofrecían condiciones dignas”, reprochan desde la CIG. 

 

 

El personal en situación de temporalidad buscaba la estabilidad que encontraba en otros sectores más allá de las condiciones salariales. “Dicen que no hay relevo generacional. Cuando les decíamos que hay que ir preparando las jubilaciones con contratos relevo para la gente que con 60 años se marchaba con incapacidades decían que no, que contratos relevos no. Preferían que la gente se fuese con las cervicales deshechas, las rodillas machacadas o sin poder levantar ni el brazo”, critican, llamando a la patronal a ser “responsable” con las decisiones que tomaron en los últimos años cuando “trataron a patadas a muchos trabajadores”.  

 

¿SALPICARÁ A OTROS ÁMBITOS?

Con las diferencias insalvables existentes estos momentos entre CIG y los otros sindicatos en este ámbito, muchos se preguntan si lo ocurrido en el metal de Pontevedra puede repercutir en la alianza que sí se mantiene en otras luchas sectoriales. El ejemplo más inmediato está en la misma provincia y en la ciudad de Vigo, donde ayer mismo marcharon los trabajadores del comercio del metal en una nueva jornada convocada por los tres sindicatos presentes en la mesa de negociación. 

 

 

El diálogo por un nuevo convenio en el sector del metal también está abierto en las provincias de A Coruña y Lugo y el temor es que lo ocurrido en Pontevedra pueda llegar a dinamitar las buenas relaciones en estas mesas donde, por ahora, todos van a una. En cualquier caso, Conde asegura que la CIG “es un sindicato muy amplio, con muchas estructuras, varias federaciones…”, pero lanza una advertencia: “La confianza la voy a tener con quien me la demuestra”. 

 

 

Así las cosas, asume que este no es el mejor de los escenarios, “por lo menos en el sector de la industria”, y que con las otras negociaciones abiertas es evidente que puede haber suspicacias, pero Conde pide que “haya capacidad de discusión, que se hable”, sin que eso signifique “ser esclavos de una mayoría ni ser obedientes”. “Dicen que la política de la CIG es la de la confrontación y que es errónea; yo pienso que la política de diálogo de mesa y mantel no es buena para el conjunto de los trabajadores”, apostilla.

 

 

En este clima, en lo que no cae la CIG es en mantener más convocatorias de huelga porque, dicen, “sería engañarnos a nosotros y al conjunto de los trabajadores”. Lo que sí van a ser, aseguran, es “estrictos en cualquier aspecto que podamos mejorar en una empresa, porque por desgracia hay muchos, desde seguridad o salud hasta el cumplimiento del convenio”, respetando que “el marco que firmaron es el que hay ahora para los próximos años”, aunque eso suponga que en ese tiempo el texto sea “el que nos marca y nos ata, y no vamos a poder darle solución a muchos asuntos durante cuatro años”.

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