​La asesina de ualabís

Rodrigo Brión Insua

“Nadie ha muerto de esto”. Así de tajante se mostró la presidenta de la Comunidad de Madrid a la hora de hablar de la contaminación, esa a la que defendió mientras era candidata a la presidencia cuando también afirmó que los atascos formaban parte de la idiosincrasia de la capital española. Un pensamiento que está en las antípodas del raciocinio y las evidencias científicas. Porque mientras, en las verdaderas antípodas, la contaminación ha matado a una veintena de personas, arrasado 5 millones de hectáreas y acabado con la vida de casi 500 millones de animales. Y aunque tiene razón la señora Díaz Ayuso al afirmar que no ha sido la contaminación la que a punta de pistola o armada con una almohada ha privado del aire a esas personas y animales, sí ha sido la contaminación, ese elemento extraño para algunos políticos pero que bien puede explicar el cambio climático, la que ha provocado una sequía de tres años en Australia que ha derivado en una de las oleadas de incendios más devastadoras de la historia del país ualabí y que ya dura varios meses.


Pero de seguir así no hará falta irse a Camberra para comprobar de primera mano cómo el cambio climático derivado de la contaminación mata a decenas de personas. Galicia pronto será una réplica a pequeña escala del país austral. No solo porque el eucalipto va camino de ser el árbol nacional, sino porque como reflejaron los expertos seleccionados por el Parlamento de Galicia, el clima gallego pronto se parecerá más al de Grecia o Australia que al que estábamos acostumbrados, ese de cielo gris y llovizna constante. Y con ese cambio en el régimen climático vendrá un cambió en el régimen de incendios para entrar de lleno en la denominada ‘sexta generación de incendios’, siendo estos mucho más virulentos, hiperdestructivos e ingobernables para las brigadas antiincendios, que no podrán hacer otra cosa que mirar al cielo y esperar una lluvia que nunca va a llegar. Incendios de grandes dimensiones como los que han acabado con un tercio de la población de koalas y que desde octubre han arrasado en Australia el equivalente a las dimensiones de Galicia, Asturias y Cantabria juntas.


El pasado año votamos la friolera de cuatro veces (algunos incluso cinco ¡O seis! ¡O siete! Depende de si han elegido presidente en su comunidad autónoma, o en su comunidad de vecinos, o delegado de clase…) para elegir a nuestro presidente, a nuestro alcalde, a nuestro representante en Europa y a nuestro presidente de nuevo, porque de la primera vez no quedó bastante claro. También fue el año en el que unos hombrecillos verdes con nombre de diccionario -algo sospechoso para gente parca en palabras- invadieron España. Al igual que Ayuso niegan el calentamiento global e incluso su líder, Santiago Abascal, declaró que el cambio climático era una “excusa” para “restar libertades”. Si Abascal considera que la gente es libre de beber cieno verde o respirar mercurio…pues vivan las cadenas. Y mientras esto ocurre, la cumbre mundial por el clima se celebra en Madrid, la ciudad con un alcalde que obtuvo el bastón de mando con la medida estrella de suprimir ‘Madrid Central’, una experiencia aplaudida por la Unión Europea y abucheada por las élites políticas madrileñas. A la vista de estos hechos sería conveniente empezar a buscar vida inteligente en este nuestro planeta antes de lanzarnos a buscarla fuera.


Un planeta este que, recordemos, se acaba, y a este ritmo no nos quedará otra que emigrar más allá de las fronteras que marca nuestra cada vez más fina y envenenada atmosfera. Parece que nos hemos tenido que dar cuenta de este detalle porque nos lo ha dicho una niña de instituto. No ha hecho falta que viniese nadie del futuro a traernos la buena nueva junto con la lejía de moda. Solo hacía falta que una chiquilla se convirtiese en diana de los negacionistas para que el resto del globo se empezase a cuestionar si era buena idea eso de tirar los plásticos al mar, que si no existe en pleno S.XXI un método mejor. En mí por nadie pedida e innecesaria opinión, si el precio para empezar a salvar el mundo de una vez por todas es plegarnos a las exigencias de este extraño personaje quién sabe si construido por el lobby de las ecoempresas, yo pago con gusto el peaje. No me pasa lo mismo con la AP-9. Que por cierto, sigue siendo barata. Para los que la construyeron, digo.     


A la vez que lee estas líneas, en la última hora ha fallecido una persona en España por culpa de la contaminación, según las cuentas de los neumólogos, que aseguran que de los 3,8 millones de personas que fallecen al año por culpa de la contaminación –otros organismos elevan la cifra hasta los 8 millones-  10.000 de esas defunciones son en nuestro país. Hasta la OMS y el CSIC tuvieron que salir al paso para desdecir a Ayuso. Neumonías, problemas cardiovasculares, cáncer…muchos son los males y únicamente una causa: nosotros, nuestra forma de vida, nuestra ridícula idea de que todavía falta mucho para acabar con los recursos que tenemos y que podemos manipular el reloj del juicio final a nuestro antojo. Simios evolucionados por encima de nuestras posibilidades, hasta el punto de creernos con autoridad para negar a la ciencia, para obviar a la ‘boina’ de Madrid o para llamar “cuatro gotas” a una inundación. Y mientras todo esto pasa, otro ualabí muere calcinado. La cuestión es si lo ha matado la contaminación o la ignorancia. Yo tengo claro cual es más mortífera...

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