Detectores de radiofrecuencia y furgones blindados: así se prepara la PAU 2026 ante filtraciones y copiones

Antes de que arranque la selectividad en Galicia a la que se enfrentarán más de 13.000 alumnos, Galiciapress plantea una serie de cuestiones a la Comisión Interuniversitaria de Galicia (CiUG), responsables de organizar la PAU 2026, para conocer cómo se preparan los exámenes que darána acceso a los grados universitarios, los desafíos a los que se enfrentan con las nuevas tecnologías o qué ocurre si descubren que en un aula se ha copiado (algo, aseguran, altamente improbable).


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Foto: EP

 

Del mito de la caverna de Platón a las obras de Federico García Lorca, de una raíz cuadrada a un climograma, de la Constitución de 1812 a la 'Olympia' de Manet. Entre estos y otros temas navegan los nerviosos pensamientos de los alumnos que, en cuestión de días, se someterán a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), que se celebrará del 2 al 4 de junio en su primera convocatoria en Galicia y que incluye algunas novedades en el protocolo establecido, como la autorización para que el profesorado de las comisiones delegadas podrá inspeccionar gafas, calculadoras, bolígrafos u otros elementos. Todo para tratar de evitar que los alumnos copien y obtengan los mejores resultados en base a sus méritos y conocimientos adquiridos durante el último curso. 
 

 

UN TRABAJO QUE EMPEZÓ EN 2025

Son 13.441 los estudiantes que concurren este año a las pruebas que se celebrarán en 36 centros de una decena de localidades de las cuatro provincias. Todo está calculado al milímetro y cronometrado con precisión para evitar las trampas que, de detectarse, recuerdan los organizadores que por "el uso de dispositivos no permitidos implica la expulsión de la PAU, al igual que también lo implica tener cualquier dispositivo electrónico dentro del aula".

 

La preparación de la PAU 2026 arrancó inmediatamente después de que se realizase la PAU 2025. La Comisión Interuniversitaria de Galicia (CiUG), responsable de las pruebas, habla de “un proceso muy complejo” que comienza con la publicación de los modelos de examen y culmina con las jornadas donde los alumnos se enfrentan a los exámenes de selectividad como los conocemos. 

 

“En la CiUG tenemos un calendario en el que está marcado el trabajo que hay que hacer exactamente cada día del año. Hay una multitud de procesos encadenados que implican que hay que ser muy cuidadoso con todo el proceso para que no haya problemas en los días de las pruebas”, insisten desde la organización, que este año introduce cambios como permitir la presentación del DNI digital para la identificación de los examinados, aunque, en la práctica, parece una medida irrealizable pues el móvil sigue prohibido. 

 

 

“Es importante recalcar que tenemos que adaptarnos a las normativas que van saliendo publicadas y una de ellas es permitir la identificación con el DNI electrónico (Real Decreto 255/2025). Pero eso no implica que continuemos prohibiendo el acceso de cualquier dispositivo electrónico a las aulas, para garantizar la igualdad de oportunidades”, detallan desde la CiUG. 

 

La tecnología es, precisamente, el gran desafío de los organizadores de estas pruebas, que se esmeran por evitar que haya filtraciones o que los alumnos puedan copiar. Por ello, antes de los exámenes, se realiza un exhaustivo control de acceso, hecho por profesores que “identifican a cada estudiante como en cualquier oposición al sector público”.

 

Foto: EP

 

“El estudiantado tiene que llevar un documento identificativo oficial (DNI, pasaporte, permiso de residencia, etc.) Además, durante las pruebas el estudiantado tiene que tener ese mismo documento identificativo encima de la mesa con la fotografía hacia arriba para su identificación en cada momento”, insisten.

 

TEST A PRUEBA DE COPIONES

No obstante, el dispositivo que se pone en marcha al arrancar las pruebas incluye medidas que para evitar que los alumnos copien por todos los métodos imaginables. Cada año dan casos de alumnos a los que pillan “intentando mejorar su calificación empleando todo tipo de dispositivos”. Para eliminar a los tramposos, la CiUG lleva ya más de un lustro empleando dispositivos de detección de radiofrecuencias no autorizadas. Aunque en mayo del año pasado se presentó en una reunión de la CRUE una propuesta para universalizar esta técnica, “solo Galicia emplea detectores de frecuencia desde el año 2019”, con el objetivo de “garantizar la igualdad de oportunidades. 

 

 

“La PAU tiene dos finalidades: por un lado, fija los requisitos mínimos necesarios para acceder a estudios universitarios; por otro, sirve para la necesaria ordenación del estudiantado en un sistema de concurrencia competitiva”, estiman. Para que esta idea cale, desde los institutos y desde la propia CiUG se hace mucha pedagogía, recalcando siempre “nota de corte es algo que determinarán ellas y ellos, con sus resultados”. De su esfuerzo dependerá su futuro y el acceso a los grados a los que sueñen con acceder.

 

“Muchas veces piensan que solo es un problema de alcanzar una determinada calificación y que si llegan a ese valor ya está, pero no es así. Si una persona copia no se beneficia a sí misma, perjudica a todo el alumnado que participa”, matizan los organizadores. De esta forma, exponen un ejemplo que pretende clarificar de la mejor forma posible esta tesis.

 

“Cuando tenemos los resultados y hacemos la ordenación para acceder a cualquier grado, convocaremos en el primer llamamiento por ejemplo a 100 estudiantes. ¿Qué pasa si una alumna se quedó en el puesto 101 y no entró, pero tu amigo entra justo en el puesto 100? Pues que esa estudiante en el puesto 101 se queda fuera de esos estudios para los que tanto se esforzó. Pero, si, además, la estudiante que está en el puesto 101 sabe que su amigo justo está en el puesto 100 y que copió mientras que ella no copió, la sensación de malestar es enorme. Por eso tenemos que hacer todo lo posible para garantizar la igualdad de oportunidades”, razonan desde la CiUG, donde ven “obvio” el empleo de los detectores de radiofrecuencias.

 

Más allá de los tradicionales pinganillos, en los últimos años han aumentado y se han sofisticado los métodos para copiar, como los smartwatches o las gafas inteligentes. En los próximos años, con el avance de la IA y las nuevas tecnologías, es posible que incluso resulte aún más difícil dar caza a los infractores. Desde las universidades gallegas transmiten tranquilidad, como si fuesen un paso por delante de estos avances y de los copiones, gracias a los “especialistas en nuevas tecnologías” con los que cuentan los centros de enseñanza universitaria y que dicen estar “a la vanguardia” y “preparados” para cualquier reto de esa índole.

 

 

VIGILANCIA EN LAS AULAS...Y EN LA RED

Por otro lado, no solo en las aulas tienen que tener mil ojos, sino también en la red. El temor a los hackeos o al robo de información, con la consiguiente filtración de los exámenes, obliga a las entidades a realizar una importante inversión en ciberseguridad. Para custodiar las pruebas y que no caigan en manos de los ciberdelincuentes, “las direcciones de los grupos de trabajo las únicas personas que tienen encomendado elaborar los exámenes de la PAU”.

 

“Remiten varios modelos de examen (completos) que tienen que preparar en ordenadores sin conexión a internet. Después numeramos las propuestas de cada materia en orden aleatorio. Posteriormente, una vez que cada propuesta de examen de cada materia está numerada, en la CiUG se hace todos los años un sorteo público para decidir qué examen es el de la convocatoria ordinaria y qué examen es el de la convocatoria extraordinaria”, relatan los organizadores, que cuentan además con un modelo de examen extra “que solo se emplearía en el caso de tener que repetir el examen, para lo que está reservada la tarde del jueves”. 

 

 

“Una vez terminado el proceso, los otros modelos quedan descartados. Todo el proceso se hace sin conexión a internet y además por personal propio”, abundan, remarcando que en otros distritos universitarios se externaliza el proceso de fotocopia, pero en Galicia han optado por “mantener todo internamente”. Al final, el día del reparto de exámenes, los documentos llegan a los lugares donde se realizan las pruebas en furgones blindados, con personal de seguridad, como si se tratase de las joyas de la corona real. 

 

Pau
Foto: EP

 

Pero, ¿y si se diese uno de los peores escenarios? Pensemos, por ejemplo, la polémica en las oposiciones a la Seguridad Social en A Coruña, donde CC.OO. denunció un posible que afectaría a miles de opositores de todo el Estado, un caso que llegó hasta la Fiscalía y que tuvo en vilo a todos los que concurrieron a esa oferta pública de empleo. Imaginemos un escenario donde, una vez se comienzan a evaluar los resultados, los examinadores sospechan que, por las respuestas dadas por algunos alumnos y el porcentaje de acierto global, se emplearon métodos para copiar que no fueron detectados durante la prueba. Es decir, que podría darse que en un aula de 30 alumnos hay 22 que sacan una nota de 10, por ejemplo, con respuestas idénticas. ¿Qué pasaría en ese supuesto? ¿Se repetiría el examen? ¿Cuál sería la consecuencia? 

 

 

Desde la CiUG son, en cierta manera, ambiguos en su respuesta, manifestando que “desde que existe la CiUG se han extremado todas las medidas de seguridad para garantizar la igualdad de oportunidades” y que, en cualquier caso, “no se contempla esta situación”. 

 

PÚBLICA VS PRIVADA

Este año, por primera vez en tres décadas, los medios de comunicación no recibiremos el listado de alumnos que superaron las pruebas de selectividad, dando pie a la tradicional entrevista con la alumna que ha sacado la nota más alta de su distrito o el estudiante que ha alcanzado la puntuación perfecta. Un cambio que se debe a la nueva normativa de protección de datos y que, no obstante, no impedirá a la prensa hacerse eco de los porcentajes de personas aptas. 

 

Desde la CiUG también tratan de desmontar la teoría, extendida históricamente por todos los institutos a lo largo y ancho del país, de que los alumnos de la privada tienen mejores notas que los de la pública. En los tiempos de este redactor existía el rumor de que los de los colegios privados “se les filtraba el examen la noche antes”. Sin embargo, desde la CiUG acuden a los fríos datos: “Los diez mejores resultados del año pasado en la fase general de la PAU, es decir, empleando únicamente la nota media de los exámenes de PAU, son de centros públicos”. 

 

“Más aún”, añaden, “fueron ocho mujeres y dos hombres. Sin embargo, de tener en cuenta las notas de sus centros educativos (60% del centro y 40% de la PAU), los resultados son diferentes con la presencia de centros privados en los puestos séptimo, octavo y décimo”.

 

 

A menos de una semana para que comiencen los exámenes, muchos alumnos apuran las últimas horas de estudio, conscientes de que se juegan mucho en unos test detrás de los que se esconden su futuro y, tal vez, el mejor y más merecido verano de descanso de sus vidas. En la CiUG quieren mandarle un mensaje de calma a todos esos chicos y chicas que sufren ‘la fiebre de las notas de corte’ y que sufren insomnio o pesadillas por sus aspiraciones, ante el temor que la PAU sea una prueba superior a ellos: “Cuando comiencen a hacer los exámenes verán exámenes normales, con preguntas normales, que tendrán respuestas normales y, por tanto, resultados normales”. 

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