​La moción de censura y la unidad de las izquierdas

Manoel Barbeitos
Economista

Irenemonteromocion


"Cuanto peor, mejor para todos. Y cuanto peor para todos, mejor. Mejor para mí él suyo. Beneficio político" (Mariano Rajoy) 


Digan lo que digan la mayoría de los partidos políticos rivales, de los medios de comunicación y opinión, de altavoces y contertulios la moción de censura presentada por Unidos Podemos y sus confluencias tal que En Marea al gobierno español que preside Mariano Rajoy -situado al frente del partido más corrupto de Europa (PP) - tuvo un indiscutible impacto tanto a nivel político como mediático y fue un claro éxito político de los partidos que la presentaron. Las razones de esto último son evidentes.


La moción de censura sirvió para situar, por primera vez, en el centro del debate político uno de los problemas más graves de la democracia española: la corrupción. Como bien confirman todas las encuestas a ciudadanía gallega, como la española en su conjunto, está muy, pero muy preocupada por la corrupción. Una corrupción que no solo tiene un enorme coste económico -80.000 millones de euros anuales: 7,2% PIB español-, sino que gangrena la democracia española, ensucia la política y lesiona el tejido social. Una corrupción que en absoluto es generalizada, sino que se centra mayoritariamente en el partido gobernante (PP), como así lo demuestra el ingente número de pleitos judiciales relacionados con los casos de corrupción en los que se encuentra envuelto. Bien es cierto que otros partidos tanto de carácter nacionalista (CiU) como español (PSOE) tienen también relevantes casos de corrupción que, no obstante, se quedan pequeños frente al enormidad del Partido Popular (PP).


He ahí el primer éxito de la moción de censura: situar la corrupción en el centro del debate político. Para a continuación señalar con toda claridad que un partido político (PP), que además gobierna en España, es el abanderado en unas políticas corruptas que, indiscutiblemente, forman parte de su estrategia. Algo que podemos evaluar como segundo éxito de la moción de censura: dejar señalado con toda evidencia que hay un partido político (PP) que lidera, la mucha distancia, la corrupción en España. Conseguido eso los promotores de la moción de censura también tuvieron otros éxitos como, por caso, obligar a todos los partidos del arco parlamentario a la 'retratarse' delante de la corrupción. Una acción que supuso que algunos partidos que se presentan como enemigos furibundos de la misma habían quedado en evidencia, como por caso Ciudadanos (Cs) por su apoyo al gobierno de Mariano Rajoy (PP). Algo que ahora había debido hacer reflexionar los dirigentes y directivos del PSOE sobre si resultaría explicable, y asumible por sus combativas bases, volver a proponer como alternativa de gobierno un pacto tripartito (Ciudadanos-PSOE-Unidos Podemos).


Como sucede con este tipo de iniciativas políticas, y mucho más cuando tienen tal impacto mediático, los diferentes partidos del arco parlamentario quedaron también retratados. En relación a aquellos que votaron 'no' la moción de censura empezando, lógicamente, por el partido del gobierno (PP) caben señalar varios detalles muy relevantes y significativos. Que estamos delante de un partido (PP) muchos de cuyos cuadros y directivos están muy lejos de ser auténticos demócratas como por caso el mismo presidente de gobierno (Mariano Rajoy) y/o el impresentable portavoz (Rafael Hernando). El tono, talante y mismo los contenidos de sus intervenciones así lo evidencian. Que ya se sabía que M. Rajoy es un mentiroso compulsivo en los Estados Unidos, por caso, ya estaría defenestrado: recuérdese el calvario de B. Clinton por mentirle al Congreso- pero ahora también se sabe, y con certeza, que es un político a quien, con todo cinismo, la corrupción no parece importarle incluso, lo que resulta peor, que la protege por practicarla consciente y regularmente. En el caso del portavoz (Rafael Hernando) simplemente que se trata de un personaje sin catadura moral ni formación educativa.


Finalmente la moción confirmó que el Partido Popular (PP) es un partido neoliberal a quien la desigualdad social y territorial, consecuencia de sus políticas, tampoco le importa sino parece considerarlas algo natural y lógico - como la corrupción estos no son problemas, son 'chismes'-. En definitiva la moción de censura puso de nuevo en evidencia que para finalizar con la corrupción y la desigualdad social y territorial resulta imprescindible sacar al Partido Popular (PP) del gobierno de las distintas administraciones públicas muy especialmente del gobierno central y los gobiernos autonómicos sin olvidar las administraciones locales.


Una tarea para la que no se puede contar con Ciudadanos (Cs). Este partido se mostró durante toda la moción como un partido simbiótico del Partido Popular (PP) con ataques al líder de Podemos (Pablo Iglesias) que en agresividad llegaron a superar al partido del gobierno (PP). Realmente en esta moción Unidos Podemos consiguió que a Ciudadanos (Cs) se le cayesen los velos de la progresía y la liberalidad para quedar totalmente desnudo y mostrarse como un partido de corte conservador, con sólidos vínculos con el IBEX 35, y talante escasamente liberal. Sin embargo, es muy posible que a partir de ahora los medios de comunicación y opinión más vinculados al IBEX 35, traten de convencernos de que el tripartito (Cs-PSOE-Unidos Podemos) es el gobierno que precisa España.


La moción puso en evidencia las contradicciones del nacionalismo conservador (PNV y JxSi), la distancia entre las declaraciones y la acción política. Los primeros (PNV) que al tiempo que no se cansan de hacer declaraciones públicas a raíz de sus diferencias con el Partido Popular (PP) por ser este un partido franquista, son quienes de apoyar los presupuestos a causa de mejoras sustanciosas en la financiación autonómica que vienen a completar la ya discriminación positiva que supone el cupo. Los segundos (JxSi) porque, agoniados por los casos de corrupción que los salpican y buscando tapar los desastres sociales, el deterioro de la calidad de vida y de bienestar de los catalanes provocados, por sus políticas fiscal y social, se embarcaron en una dinámica suicida de huída hacia delante facilitada por la cerrazón del nacionalismo español (PP y sectores del PSOE). Enarbolando la bandera independentista, y apoyándose en el lógico enfado de los ciudadanos catalanes con el gobierno central (PP), buscan tapar los desastres de sus políticas y ocultar que, en temas sociales, ambos los dos partidos (PP y JxSi) coinciden casi siempre.


El debate también dejó claro que el PSOE, cuando menos la nueva dirección, empieza a tener claro que sus posibilidades de gobernar pasan por girar la izquierda y buscar una alianza sólida y estable con Podemos, lo que no deja de ser un éxito más de la moción de censura: sin ella no sería posible ese cambio. Un cambio que el PSOE no le va a ser fácil, tanto por razones internas como externas, pero visto lo que está pasando con la socialdemocracia en Europea no le queda otro camino se quiere seguir siendo relevante.


Ni creo que sus bases acepten otra alternativa luego de la tremenda refriega que vienen de darle la vieja guardia y la una parte mayoritaria de su nomenclatura partidarias ambas de buscar alianzas a su derecha. Por otra parte el debate también puso en evidencia que, si hay auténtica voluntad política, no existen razones ni políticas ni ideológicas que impidan esa unidad que, como parece cada vez más claro, una gran mayoría social en Galicia y en España quiere y reclama. (No obstante escribo cuando el 39 Congreso del PSOE recién terminó por lo que debo esperar a tener más y mejor información para poder opinar con fundamento. Lo haré en un próximo artículo).


Una unidad que, con mucha seguridad, podría contar con el apoyo de alguna de las fuerzas nacionalistas más relevantes. Como por caso Ezquerra Republicana, Bildu y, incluso, PNV. El caso más problemático seguramente sea lo de la primera. La actual situación de calentura política en Catalunya, y la relevancia de las fuerzas centrípetas en el PSOE adoctrinadas en el nacionalismo español, no harán que sea fácil el camino a conseguir que Esquerra Republicana se sume la tal proyecto de unidad de las izquierdas. En este caso la acción de Unidos Podemos -sintomático el largo abrazo final entre Pablo Iglesias y Jordi Tardá- y muy especialmente lo de su confluencia En Comú Podem será fundamental.


Pero el camino para la ansiada unidad de las izquierdas en España ya se empezó la debrocar. Toca ahora que los distintos partidos que la deben materializar se pongan a trabajar y a caminar juntos. Una unidad de las izquierdas que, en lo que afecta a los gallegos, debe iniciar ya su marcha. Una marcha en la que se deben encontrar En Marea, PSdG-PSOE y BNG. Tampoco está fácil pero seguramente por razones algo diferentes las españolas. Razones que tienen más que ver con la situación interna de esos partidos y con viejas heridas aún no cicatrizadas que con diferencias estratégicas insalvables. Por todo ello, la posición y el protagonismo de las bases en esos partidos será fundamental. Así como el protagonismo tanto de las fuerzas sindicales como de los movimientos sociales cuya participación en este movimiento social y político es imprescindible.


En relación con los partidos políticos gallegos citados claro está que habrá que esperar a saber cómo y de qué manera el 39 Congreso federal del PSOE repercute en Galicia en su tocayo PSdG-PSOE. Hay algunas razones para el optimismo pero, desgraciadamente este partido ya dio en el pasado reciente demasiadas muestras de ser quien de hacerse el harakiri incluso en los momentos más inoportunos: sus bases no deberían permitirlo esta vez. En relación al BNG hay razones sólidas para el optimismo. 


A favor está la historia reciente (gobiernos municipales) y pasada (gobierno autonómico bipartito) que nos dice que, aún con reticencias, esta organización no renuncia por principios a proyectos estratégicos unitarios a pesar de su tendencia cainita. En contra viejas heridas aún no cicatrizadas - especialmente con En Marea- y el excesivo peso de la ortodoxia en relevantes dirigentes de esa organización. 


No obstante, de darse el encuentro entre En Marea y PSDEG-PSOE veo muy improbable que el BNG opte finalmente por quedarse fuera. Finalmente En Marea atraviesa una cierta encrucijada existencial derivada mayormente de su corta vida. Como le sucede a Podemos, En Marea se encuentra que, con apenas dos años de vida y por decisión popular, pasó a liderar, en Galicia, la oposición al Partido Popular así como a gobernar en importantes capitales -tales como Compostela, A Coruña, Ferrol-. Los hechos derivados de distintas coyunturas caminaron muy por delante de la reflexión política y orgánica en En Marea y este déficit se hace notar junto al vértigo de aquellos cuadros y dirigentes que no son quien de asumir el éxito y las responsabilidad conseguientes. 


Un vértigo que había parecido frenar la imprescindible cesión de soberanía política de los partidos que la integran a favor de En Marea como proyecto unitario. Un vértigo y una resistencia, por otra parte, perfectamente comprensibles, y puede que inevitables, dadas las diferentes sensibilidades y culturas de los partidos que anidan en En Marea. Diferencias que deben ser consideradas por sus miembros como una de las riquezas de En Marea y no como una debilidad. Así cabe esperar que en En Marea vaya imponiéndose el sentido común y que, por el bien de Galicia, confirme definitivamente que está preparada para liderar el cambio en Galicia, como viene de demostrar Unidos Podemos estar preparado para liderar el cambio en España. 


El plenario que celebrará a mediados de julio dará una muestra de si En Marea da un salto hacia delante o se pierde en debates estériles sin relevancia política pero fratricidas. Cientos de miles de gallegos/as lo están esperando. No los/las defraudemos.

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