Viajeros ruegan ajustar "media hora" los horarios y más trenes con el precios de los combustibles disparados

Estudiantes, funcionarios, abogados, sanitarios... De muy diversos ámbitos y de todos los rincones, pero todos con la misma cruz: el tren. Los usuarios de los servicios Avant, Alvia, Regional y Media Distancia de Renfe en Galicia sufren la reducción de frecuencias y la modificación de horarios que aplica la compañía y que trastoca el día a día de miles de pasajeros. Galiciapress recoge las denuncias de varios afectados y entrevista a Iria Méndez, representante de la 'Plataforma de usuarios do ferrocarril de media distancia', un organismo constituido por los habituales de este servicio, hartos de que sus denuncias caigan siempre en saco roto.


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Estudiantes, funcionarios, abogados, sanitarios... De muy diversos ámbitos y de todos los rincones, pero todos con la misma cruz: el tren. Los usuarios de los servicios Avant, Alvia, Regional y Media Distancia de Renfe en Galicia sufren la reducción de frecuencias y la modificación de horarios que aplica la compañía y que trastoca el día a día de miles de pasajeros.


Galiciapress recoge las denuncias de varios afectados y entrevista a Iria Méndez, representante de la 'Plataforma de usuarios do ferrocarril de media distancia', un organismo constituido por los habituales de este servicio, hartos de que sus denuncias caigan siempre en saco roto.


La organización relcama a Renfe que ajuste los horarios de salida y llegada de sus trenes a las franjas de entrada en los centros de estudio y las jornadas laborales tradicionales, así como recuperar servicios suprimidos y reformular el sistema de abonos. El perjuicio económico que supone para los viajeros, en un momento en el que los precios de los combustibles están disparados, obliga a la compañía a atender cuanto antes estas demandas, que resapaldan sindicatos, fuerzas políticas y administraciones públicas. 


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Foro Ave Madrid-Ourense en el que participó Iria Méndez (dcha), de la plataforma de uusuarios | Foto: @ave_galicia


Marta llega a Catoira, como cada domingo, a esperar al tren que la deje en A Coruña, donde estudia. Usa esa línea casi todos los fines de semana, y casi todos los fines de semana se encuentra con el mismo problema: decenas de estudiantes que, como ella, usan el transporte público para ir a la ciudad herculina. No hay muchas frecuencias, asique para la mayoría solo existe esa opción. Marta entra y paga su billete, como el resto, pero no quedan asientos. Le toca ir de pie junto a su maleta la hora y cuarto -con suerte será solo hora y cuarto- que la separa de su destino. En Santiago subirán y bajarán más pasajeros, el tráfico por el vagón es intenso e incómodo. Nada puede hacer, como los demás usuarios, salvo resignarse y esperar que, la semana que viene, le toque ventanilla, y no pasillo en su más absoluta literalidad.


Cada semana hay más gente como Marta. O como Ana, que narra experiencias similares y critica que ni siquiera se hagan descuentos en el precio si vas de pie. O como Alberto, que a sus 27 años “ya no es joven a ojos de Renfe”, porque el carnet joven, cumplidos los 26, ya no es válido para conseguir descuentos en el transporte ferroviario. O como Bianca, que lamenta que cada domingo que coge el tren a Vigo éste nunca sale a su hora y las colas de pasajeros son “tremendas”. “Y si hace mal tiempo, todavía peor”, critica.


Otros usuarios denuncian a Renfe más seguridad en sus estaciones, apartadas y poco iluminadas como la de Padrón, o directamente “olvidadas”, como tachan algunos usuarios a la mencionada de Catoira, donde ni siquiera se puede comprar un billete físico.  


EL TREN ¿SOLUCIÓN A LA CRISIS DE LOS COMBUSTIBLES?

El tren se erige en estos momentos de crisis como la única vía para desplazarse para muchas familias. Ir en coche de la capital gallega a A Coruña, por ejemplo, sale hoy por encima de los 17 euros. Cerca de una hora por la AP-9 -la ruta más rápida cuando los embotellamientos de primera hora no alargan todavía más el trayecto-, en un coche que consume diesel -pongamos 1,859€ el litro- y pagando los 7,20 euros de peaje, las cuentas les salen a muchos en rojo, por lo que el transporte público supone en estos momentos una gran diferencia para el bolsillo.


Para estar en A Coruña a las 8 de la mañana, hora a la que empiezan muchas clases y turnos laborales, un compostelano debe presentarse en la estación a las 6:37, porque si coge el siguiente, el de las 7:42, no llegará a la ciudad herculina hasta las 8:13, muy tarde para fichar o llegar antes que el profe. Cuando llega a las 8:13, claro, porque Renfe vende “una puntualidad del 80%”, que según las organizaciones no se cumple porque los retrasos, ya sean por el natural intercambio de pasajeros como por averías, son una constante.


Además, el sistema de la firma para computar los retrasos es bastante cuestionable, ya que computan el tiempo de llegado según el paso del tren por las balizas, no desde la apertura de las puertas, lo que hace que muchos pasajeros pierdan el derecho a la compensación.



Los usuarios denuncian también que los precios son los mismos sin importar si en el mismo trayecto hay cuatro paradas o siete. Los retrasos, lógicamente, no serán los mismos si el tren tiene que detenerse siete veces. Paradas que, a veces, solo existen para el viaje de ida, sin opción a regresar al punto de partida a la vuelta, dando así un servicio solo “en apariencia”.


ESPERANDO POR LA VIEJA NORMALIDAD

Pero, tras la pandemia, la oferta de Renfe se ha visto reducida significativamente, mientras que el número de pasajeros sigue siendo el mismo con previsión de que aumente. El sindicato CGT cifró, a primeros de mes, en 180 los trenes suprimidos que todavía no han sido repuestos desde el inicio de la crisis sanitaria. Renfe dijo esta semana que ya habían recuperado “el 90% de la oferta previa a la pandemia”.


El pasado 7 de marzo se reactivó la frecuencia entre Santiago y Vigo-Guixar: salida a las 06:57 desde Vigo-Guixar y llegada las 08:27 a Santiago y, desde esta estación, a las 15:00 con llegada a las 16:44 a la ciudad olívica. Otros, como el tren hotel a Madrid, han sido una víctima más de la Covid-19. Tampoco hay trenes de proximidad entre Pontevedra y Vigo o media distancia Vilagarcía-Santiago. En noviembre Renfe indicó a los sindicatos de maquinistas que recuperaría los “servicios prepandemia” a mediados de 2022. En el tercer mes del año todavía queda mucho trabajo por hacer.


UN SERVICIO PÚBLICO DEFICIENTE

Iria Méndez es una de tantas usuarias que tiene que hacer malabares para poder ir a trabajar. De Vigo a A Coruña, todos los días, en el primer tren que la deje antes de las 9 de la mañana en la ciudad herculina para no llegar a tarde al trabajo. Pero los horarios de Renfe son una zancadilla constante que la han forzado a asumir “una reducción de jornada y sueldo, además de tener que afrontar el coste del abono -que los usuarios del eje atlántico solo tienen 30 días para gastar sin opción de traspasarlo al mes siguiente-”, además de peleas constantes en su trabajo “para lograr una mayor flexibilidad”. Iria es madre, sus hijos tienen el colegio en Vigo, su pareja el trabajo en la ciudad olívica. Mudarse no es una opción; el tren la única alternativa.


Méndez es la voz de la ‘Plataforma de Usuarios do Ferrocarril de Media Distancia’. La plataforma nació de forma “espontanea”, como relata Méndez, al ver siempre las mismas caras y compartir las mismas frustraciones día a día en los vagones del tren de ida y de vuelta y en las interminables colas de acceso, de usuarios con las mismas jornadas sometidos a los horarios leoninos de la Renfe. “En noviembre del año pasado nos constituimos como plataforma después de que se colmase nuestra paciencia. Con la pandemia desaparecieron horarios, trenes, aplicaron  horarios que no se adaptan a las jornadas laborales…”, comenta Méndez.





De esas conversaciones informales nació un texto de consenso, y de ahí pasaron a recoger firmas de afectados para reclamar cambios a Renfe para las conexiones de A Coruña con Santiago, Vigo y Ourense. En total cerca de 700 rubricas con la colaboración de la organización ‘Perder o tren’. “Es prioritario que el Ministerio de Transportes, que es el que tiene el contrato con Renfe, pueda atender la obligación de servicio público que tienen, que deben abarcar el territorio en condiciones de accesibilidad y con una calidad mínima. Renfe, como operador monopolista, no lo está atendiendo”, denuncia la plataforma, que abandonó las “denuncias individuales" para ejercer presión de grupo.


“EL ENCUENTRO FUE HORROROSO”

Con ese aval, la plataforma logró reunirse con Renfe, gracias también a la intermediación de la Delegación de Gobierno. El mes pasado tuvo lugar el encuentro en el que reclamaban a la entidad público empresarial una revisión de las frecuencias. Los usuarios salieron del encuentro como entraron: con las manos vacías y sin que Renfe muestre voluntad para mejorar el servicio y disponer de trenes en horarios más adecuados a la jornada laboral.


Con la pandemia las jornadas variaron y ahora muchos completan sus turnos con teletrabajo por las tardes, a costa de tener que entrar antes a su puesto. “A Santiago está llegando a las 07:50 horas. Aunque la gente tenga flexibilidad para entrar no llegan a sus puestos a su hora si después dependen del transporte urbano. Tenemos que compartir taxi con los que nos cruzamos siempre para poder llegar”, sostiene, al tiempo que comenta que, para perder el menor tiempo posible, siempre tiene que buscar “el vagón que se pare más cerca de la salida”. Cada segundo cuenta.



Pero tener que vivir con el corazón en la mano y con los pulmones en la boca parece no importar a la compañía. “Fue horroroso”, resume Méndez el encuentro. “No tengo ni una sola palabra respetuosa para definir la actitud de Renfe en esa reunión. Parece que nos están perdonando la vida, que les estorbamos”, afirma. La compañía no da por buenas las firmas recogidas y se ampara en realizar su propia encuesta, sin adelantar ni los plazos ni los métodos de dicha consulta.

“Es una política de desgaste. Los horarios no son útiles para nuestros propósitos, pero los trenes tienen que existir, aunque no sean rentables, porque son un servicio de obligación pública. Pero en los datos de 2020 Galicia era una de las comunidades que mueve más usuarios. El tráfico entre Santiago y A Coruña es millonario. Los números y la demanda están ahí. No tienen excusa. La actitud de Renfe como operador es lamentable. Desidia, no tienen plazos para contestar… Te llaman para contestar al email de la reunión, y con toda la cara y te dicen que es ‘mejor la llamada que ponerlo por escrito’. Es inadmisible”.


El tren seguirá partiendo de la estación a las 15:10 en lugar de a las 15:30, como ruegan los afectados en las reclamaciones a las que ha tenido acceso Galiciapress. Un plazo de 20 minutos que en muchos casos supone la diferencia entre salir de clase o del trabajo y llegar a la estación en lugar de tener que esperar varias horas a que pase el siguiente transporte. Así, gente como Iria tiene que ingeniárselas para salir antes. “No puedo salir a las 17h y llegar a casa a las tantas. Tengo obligaciones. Me sale más barato reducir mi salario que contratar a alguien que cuide de mis hijos”.


“A veces algunos trenes se quedan sin hueco e igual tienes que esperar dos horas hasta el siguiente”, denuncia otra usuaria, al tiempo que advierte que el siguiente tren “tal vez sea lento, y tarde dos horas y pico en llegar”. “Desde A Coruña no hay servicio entre las 15 y las 17 horas. A las 15 horas todavía hay gente trabajando, incluso personas como yo con jornadas intensivas. Esperar dos horas más nos impide conciliar”, reitera Méndez. En total, a veces los usuarios se enfrentan a un retraso de más de 4 horas entre la hora de salida y la hora de llegada a casa.


Al tiempo, el precio de los billetes también crece, lo que ha dado pie a una investigación, ya que la tarifa aumenta pero no la velocidad que dicen ofertar y en la que apoyan esa subida. “¿Cómo justifican ese incremento si no realizan el servicio en las velocidades comprometidas? Otro incumplimiento más”, cuestionan desde el colectivo de usuarios.


UNA BATALLA QUE SE LIBRA EN CONSUMO, EN EL CONGRESO, EN LA DELEGACIÓN DE GOBIERNO…

Tampoco los toques de atención del Defensor del Pueblo ni de la Unión de Consumidores de Galicia, que pone el acento, además de en los horarios, en la comunicación con Ferrol y Lugo, han hecho que Renfe se replantee su programa.


De hecho, las modificaciones que se han llevado a cabo son para mejorar el servicio a los viajeros a Madrid, no así a los gallegos que utilizan a diario este servicio. “Aparece el AVE y lo que hacen es fastidiar a los habituales”, reprocha Méndez, convertida desde hace unos meses en toda una experta en tarifas y en el mapa ferroviario gallego: “Si me lo llegan a decir el año pasado…pero cuanto más leo y más investigo más consciente soy de la tomadura de pelo que es”.



También los sindicatos -la plataforma mantiene el dialogo con CC.OO. y CGT- reclaman a Renfe que retoque los horarios, así como fuerzas políticas como el BNG, que llevó el caso a al Parlamento autonómico con un Proposición no de Ley -registrada el pasado enero y que logró el apoyo unánime de la Cámara este jueves-, y hasta el Congreso de los Diputados. “Es imprescindible ampliar frecuencias, adecuar horarios y bajar los precios", reclamó el diputado nacionalista Néstor Rego.


La plataforma ha trasladado sus problemas también al PPdeG y al PSdeG, así como a la Delegación de Gobierno, donde percibieron “un cambio” desde la llegada del nuevo delegado de gobierno, José Miñones. En ese sentido, Méndez celebra el trato recibido y el interés mostrado por las formaciones políticas y las administraciones públicas, aunque esto no ha supuesto un cambio de momento, como tampoco las malas relaciones entre la Xunta y el Ministerio de Transportes parecen favorecer el entendimiento.


Patricia Otero e Iria

Reunión de Iria Méndez con Patricia Otero, del PSdeG | Foto: @ave_galicia


Es curioso porque las alcaldías de A Coruña, Vigo, Santiago, Vilagarcía…todas son socialistas. Y todas están interesadas en mejorar el servicio”, puntualizan desde la plataforma, que ha mantenido encuentros con los gobiernos municipales, preocupados porque estos usuarios sigan “dinamizando” las economías de sus ciudades. Esta semana la plataformase reunió con los delegados de la dirección de transporte en Galicia, a los que trasladaron todas sus quejas, como reformular los abonos a un sistema parecido al que ya existe en la iniciativa ‘xCuenca’ y la necesidad de ajustar los horarios tomando como referencia las franjas de entrada en los centros de estudio y los centros de trabajo. El compromiso es una solución "al final del verano".


LUGO, LA GRAN OLVIDADA

Esto ocurre con el eje Ourense-Santiago-A Coruña, también en los trenes que salen y entran de Vigo. Pero, ¿y Lugo? “No sé qué es el tren”, ironiza Paloma. Llegar en tren a la cuarta ciudad de Galicia es imposible desde la capital. No hay una línea ferroviaria que conecte las dos urbes. Es la gran cuenta pendiente del transporte en la comunidad. “El bus o buscarte la vida en Blablacar, no queda otra”, reprocha Lucía. “No estamos en la situación tan precaria de Lugo o Ferrol, la infraestructura y los medios existen. De los problemas que tiene Renfe encima de la mesa, el del eje atlántico tiene un coste muy relativo donde solo es cuestión de ajustar”, reitera Méndez.


Organizaciones como el Eixo Atlántico denuncian que se hayan centrado tantos esfuerzos en la llegada del AVE a Galicia -que celebran- cuando se han desatendido durante años otros ejes igual de necesarios. “Las necesidades son muchas y lo que se hace es convencer a las entidades públicas de que es preciso actuar mediante análisis de rentabilidad, y en este caso sin hablar de beneficios económicos y ateniéndonos solo a beneficios sociales, es difícil encajar los números para realizar este tipo de actuaciones que siempre son caras”, comentaba en su día el catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos de la Universidade de A Coruña, Miguel Rodríguez Bugarínen una entrevista para este medio sobre el informe que aborda cómo modernizar el ferrocarril gallego. A veces, no es tanto una cuestión de modernizar, sino de escuchar a lo clientes: “Media hora. No pedimos más. Nos cambiaría la vida”.


Viajeros en la estación de tren de Santiago en una foto de archivo /EP

Viajeros en la estación de tren de Santiago en una foto de archivo /EP 

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